El futuro no se va a quedar esperándote

Por mucho miedo que le tengamos al progreso, éste seguirá adelante. La cuestión es si lo hará con o sin nosotros.

Blog, Estilo de Vida, WATTBA  /   /  By Taramona

Cuando se inventó el coche la idea debió parecer una locura. Una máquina con motor de explosión cargada de combustible fósil, capaz de alcanzar y superar los 100 km/h circulando entre peatones, caballos y tranvías. ¿A qué imbécil temerario  se le ocurriría algo así?

 

Lo inventó Benz y lo democratizó John Ford, un tipo lleno de matices pero de una genialidad indiscutible, que cambió para siempre la manera en la que los humanos vivimos desde entonces. El coche no fue solamente un medio de transporte más, gracias a la disrupción que creó en nuestra relación con el tiempo y el espacio se convirtió en el invento que hizo posible que seamos lo que somos ahora. Inventar el coche fue como reinventar la rueda, pero visto lo que suponía, es normal que mucha gente lo viviese como una nueva hecatombe o un Apocalipsis cercano. Es lo que estamos viviendo día a día en el Siglo XXI.

 

Primero fue la telefonía móvil, después las redes sociales, pero pronto lo serán la Inteligencia Artificial, el Hyperloop, el Internet de las Cosas, los coches autónomos y la Realidad Mixta. Todas estas novedades serán exponencialmente más disruptivas de lo que fue el coche y están a la vuelta de la esquina, pero seguimos viendo a gente que se resiste 1) a creer que son ciertas o que será así, y 2) creen que nada de esto les va a afectar en sus vidas. No pueden estar más equivocados.

 

El Hyperloop es tan radical como el coche, el avión, el tren, el barco y la máquina de vapor, todos a la vez. Con la capacidad para reducir el tiempo de viaje tanto como el avión, pero con el tiempo de espera previo equivalente al del bus o el metro, podremos viajar de Los Ángeles a San Francisco o de Madrid a Barcelona en media hora.

 

 

Significa que, potencialmente, no importará tanto la distancia entre tu lugar de residencia y tu trabajo, la universidad o el colegio de tus hijos. El tráfico de gente entre ciudades y países se mezclará tanto que los idiomas y las características propias de vivir en un lugar o en otro, las costumbres y tradiciones, dejarán de ser tan diferentes y por tanto menos representativas. Piensa ahora en dónde quedarán el nacionalismo, el patriotismo o la sensación de pertenencia.

 

La Inteligencia Artificial puede hacer muchos de estos cambios irrelevantes o no tan importantes, para empezar porque podría acabar con todos nuestros trabajos. Existen un montón de AIs operativas, algunas más sencillas, como tu asistente virtual, ya sea Siri o Alexa, o eso que hace Netflix de parar la reproducción cuando “piensa” que te has quedado perli a mitad del último de Narcos, y otras más complejas como las que escriben canciones o artículos y aunque de momento no vayan a ganar un Pulitzer o un Grammy, si podrían quitarte el trabajo. De ahí eso que escribimos aquella vez.

 

 

El coche autónomo lo hará con todos los conductores humanos, primero en las ciudades y poco después en las carreteras, pero recordemos el Hyperloop del que hablábamos antes. ¿Cuántos pilotos de avión serán necesarios cuando tengamos uno de estos parando cada 15 minutos para llevarnos de México a Los Ángeles, Trump mediante? Da igual cómo se pongan los sindicatos, los políticos, banqueros, jeques árabes que quieran defender su hegemonía petrolífera o Trump prometiendo proteger el trabajo de su electorado. El futuro avanza y o te subes al tren (también autónomo) o te quedas atrás.

 

Esto no es una actitud política o una defensa del progreso a cualquier precio, es lo que yo y muchos otros creemos que sucederá, y puedo equivocarme pero no parece que vaya a ser así. No solo porque hay motivos económicos sino porque también los hay de seguridad, eficiencia, comunicación y entretenimiento. ¿Quién preferiría retroceder a los horarios rígidos de la televisión, que te obligaba a sentarte a una hora determinada para ver la serie o película de turno, una vez ha conocido Netflix, Yomvi o HBO? Los mismos que preferirán una pantalla plana y un mando cuando puedan jugar al Call of Duty inmersos en el campo de batalla, corriendo “de verdad” sobre una plataforma de gaming, con un mando en forma de escopeta y gesticulando para tirar granadas contras jugadores que están haciendo lo mismo por todo el mundo en ese momento.

 

Pero no todo será un camino de rosas. El IoT, o Internet de las Cosas, nos conectará con todo y todos en todo momento y al principio habrá todo tipo de problemas. No solo los de ciber-seguridad o de pérdida de privacidad sino conductuales. ¿Qué será de nosotros cuando no seamos necesarios para ninguna de esas tareas domésticas que, por muy tediosas que pudieran ser, nos definen como humanos modernos? No hará falta hacer la compra, decidir qué comer y qué no, cuando salir de casa a coger el taxi o ponerle una cucharada o dos de azúcar al café. Serán nuestros datos los que tomarán las decisiones por nosotros y quienes enviarán las ordenes a nuestros dispositivos, coche, nevera, supermercado, taxi y despertador, todos ellos incluidos.

 

 

Nosotros solo tendremos que encargarnos de vivir pero, ¿qué será eso entonces? Tendremos que descubrirlo por nosotros mismos y será una aventura de la que no saldremos siendo los mismos pero tendremos que salir, ¿no? Y nuestro deber es no salir siendo “irrelevantes”, como teme Elon Musk que acabemos si se desarrolla una verdadera Inteligencia Artificial General, en caso de que eso sea posible. Tampoco debemos extinguirnos, como él, Stephen Hawkings y Wozniak entre otros, vaticinan que podría suceder. Habrá qué ver cómo nos relacionamos los unos con los otros y con los nuevos habitantes que crearemos, sean éstos animales nuevos o robots diseñados para realizar nuestras tareas, matar o amarnos.

 

Pero tampoco sería la primera vez que el progreso nos pone en peligro. Cada paso adelante supone un peligro de tropiezo, y ese tropiezo nos puede partir un tobillo o rompernos el cuello, pero el miedo nunca deberá ser el motor de nuestra especie. Cuando eso sucede llega la oscuridad. Llega la Edad Media, el oscurantismo, el separatismo, el nacionalismo, los genocidios y el fanatismo. El fruto del miedo es el retraso, porque el miedo piensa que para dar un paso hacia adelante hay que dar diez para atrás. El miedo cree en usar métodos antiguos para problemas nuevos y nunca fabricaremos un acelerador de partículas con los planos de montaje de una cruz.

 

Pero el futuro camina solo, como la evolución. El futuro es de los valientes y por mucho que haya quien lo quiera frenar, lo único que esta persona podrá conseguir son dos cosas: quedarse atrás o frenarnos a todos, y ése no es el camino. Por eso yo digo que avancemos juntos.

 
Sobre el autor

Director creativo, editor de Rewisor, esposo de una chica de pelo raro y padre de Chatarra, la gata más gorda del país.
Esbirro de #EscoriaElPerro.

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