¿Qué es el transhumanismo?

El transhumanismo no va a llegar, ya está aquí.

Blog, Estilo de Vida, Tech, Trending  /   /  By Taramona

Sin necesidad de ser un loco de la historia, a poco que eches la vista atrás te darás cuenta de lo mucho que hemos cambiado como especie. Los mamíferos bípedos que una vez cazaban y recolectaban lo que encontraban a su alrededor ahora producen y crean nuevas especies vegetales y animales para alimentarse, son capaces de reproducirse a su antojo en laboratorios, han hecho insignificantes la distancias que los separan y están explorando y alterando el universo en el que viven. Esa especie eres tú, y ahora dime, ¿realmente consideras que sigues siendo humano?

 

Hace menos de 150 años no había coches en las calles, ahora estamos viendo el amanecer de los coches autónomos; hace tan solo 20 años casi nadie tenía móvil y desde aquel entonces a ahora han pasado de ser teléfonos a cerebros auxiliares; en 1969 llegamos a la luna, ahora estamos hablando de convertirnos en una especie multiplanetaria y este año ya hay varios médicos hablando de la posibilidad de editar nuestros genes y conseguir la amortalidad. Hablar de las características intrínsecas de la humanidad no da para un libro, da para una biblioteca, pero hay varias cosas que eran propias de la especie que fuimos en un principio y parecen estar desapareciendo.

 

 

Nacíamos gracias a la relación sexual entre un hombre y una mujer, nos alimentábamos de los frutos y los animales que proveía la Tierra y moríamos por cualquier motivo imaginable, el más raro de todos era el envejecimiento. Antes nos mataba un depredador, un virus o una enfermedad contagiosa que los achaques de la edad. Ahora, como dice Yuval Noah Harari, da igual lo que te intenten hacer creer los políticos, muere más gente por comer mucho que por comer poco y por suicidios que a manos de soldados, delincuentes o terroristas. Empezamos a ser expertos en el control de la guerra, la pobreza, la hambruna y nuestro entorno, y eso es algo que ningún animal (lo que empezamos siendo, al fin y al cabo) es capaz de hacer.

 

¿Pero qué tiene eso que ver con el transhumanismo? En palabras de Max More, fundador del pensamiento extropianista en su libro ‘Principios de la Extropía’ (1988), “el transhumanismo es una clase de filosofías de vida que buscan la continuación y aceleración de la evolución de la vida inteligente más allá de su forma humana actual y limitaciones humanas mediante la ciencia y la tecnología, guiada por principios y valores de promoción de la vida.” En otras palabras, el transhumanismo es una corriente de pensamiento sobre el futuro que está basada en la premisa de que la especie humana en su forma actual no representa el fin de su desarrollo sino todo lo contrario, una fase relativamente temprana. BOOM.

 

A día de hoy es normal, incluso loable, hablar mal de nuestras costumbres actuales. Estar conectados al móvil, a internet, a Skype, o sentir la necesidad de estar constantemente conectados y compartiendo cada cosa que nos sucede con todo el mundo en redes sociales es el pasatiempo general del Siglo XXI. Por una parte es necesario evaluar y desarrollar un pensamiento crítico a las novedades conductuales, pero por otro lado debemos tener cuidado de no dejarnos llevar por el miedo. Gran parte de la crítica a esta nueva corriente de comportamiento nace del miedo a lo nuevo, a lo que será de nosotros en el futuro. El miedo a dejar de ser “nosotros”, aunque ese nosotros se esté quedando obsoleto.

 

Eso es lo que piensa el transhumanismo, que el humano actual es una sombra incompleta y limitada del humano que será, el que está por llegar. Aquel no se plantea dilemas éticos basados en religión o supersticiones, busca la manera más eficiente de perpetuar la vida, sobre todo la de nuestra especie. Busca superar el yo actual para alcanzar el siguiente paso evolutivo y, una vez llegado a él, ir a por el siguiente. El transhumanismo puede verse como una extensión del humanismo, del que deriva parcialmente, compartiendo su promoción del pensamiento racional, la libertad, la tolerancia, la democracia y la preocupación por nuestros congéneres humanos.

 

 

El paso más allá se encuentra en que el transhumanismo no titubea al utilizar las herramientas tecnológicas y científicas necesarias para mejorar las aptitudes físicas, intelectuales y psicológicas humanas, sin dejar de evaluar y analizar los peligros que pueda conllevar cualquier avance tecnológico. No aboga por una fe ciega en la tecnología, pero rechaza la tecnofobia y el oscurantismo.

 

El transhumanismo tampoco es una etapa definitiva, es solo la antesala del posthumanismo, que imagina las diferentes humanidades posibles una vez hayamos superado ésta. El posthumanismo imagina qué y cómo seremos una vez hayamos trascendido el humano actual. Podremos completar el ciclo de organismo cyborgs. Digo completar porque a día de hoy todos lo somos un poco y algunos más que otros. Cualquier persona que utilice un móvil para apuntar números de teléfono o encontrar la dirección al restaurante en el que ha quedado está usando su teléfono como un cerebro auxiliar. La única diferencia es que es externo y no interno. Una persona que haya perdido una pierna y usa una prótesis que camina y se equilibra sola o conectada a su cerebro tiene un implante cibernético.

 

El primer caso podría ser por “capricho”, el segundo por necesidad, pero en un futuro cercano podríamos implantarnos unas pierna o unos brazos más fuertes por voluntad propia, no porque hayamos perdido los originales. Si uno puede hacerlo, muchos más querrán sumarse al carro de la ciber-mejora. Por no hablar de las pastillas. Tomamos dosis para nivelar nuestra serotonina y modificar nuestro estado de ánimo. Las drogas inteligentes y las microdosis de LSD en Silicon Valley ya son una práctica común. ¿Cuánto puede tardar en extenderse al mundo financiero y de ahí al general?

 

Otra posibilidad es la del uploading (la “carga”, “traslado” o “volcado”) que consistiría en volcar una conciencia, personalidad, recuerdos y alma, si quieres ir por ahí, de un organismo vivo a un ordenador. De esta manera tendríamos personas incorpóreas pero que siguen existiendo, creciendo, aprendiendo y sintiendo solo que sin ser susceptibles a la senectud.

 

 

Sin embargo expertos como el físico Richard Jones o el politólogo Francis Fukuyama son críticos con el transhumanismo. El primero ha escrito un libro, Against Transhumanism – The Delusion of Technological Transcendence (“Contra el Transhumanismo – El Delirio de la Transcendencia Tecnológica”) cree que detrás del movimiento hay un determinismo tecnológico fundado en creencias marxistas o incluso cristianas mientras que el segundo escribió un artículo advirtiendo de que el transhumanismo podría convertirse en el principal enemigo de la igualdad, uno de los principios que dice defender.

 

 

Si el transhumanismo se desarrolla en una sociedad anclada al capitalismo y el sistema monetario, sería difícil crecer en igualdad y, como Fukuyama dice en su artículo “Si empezamos a transformarnos en algo superior, ¿qué derechos reivindicarán esas criaturas perfeccionadas y cuáles poseerán en comparación con los que se queden atrás?” Más allá de las desigualdades económicas, las personas con más dificultades para adaptarse a la transición tecnológica o menos capaces de asimilar el cambio se quedarán atrás y, una vez más, un movimiento potencialmente democrático puede dañar al bien común por su exceso de individualismo.

 

Probablemente lo que te estés preguntando ahora es si tú verás esto en lo que te queda de vida. La respuesta es, por supuesto, lo estás haciendo ahora mismo. Puede que no llegues a ver la primera conciencia volcada pero cada vez que entras en internet, cuando interactúas con un videojuego, o pones la lavadora estás escribiendo una palabra más en la historia del transhumanismo. Cada vez que ligas por Tinder das un paso hacia la normalización de la separación de lo que fuimos para acercarnos a lo que seremos y aunque te dé miedo o te resistas, el camino está empezado y la única manera de volver atrás parece ser una hecatombe que nos devuelva a la Edad Media.

 

La otra pregunta podría ser ¿puede una corriente de pensamiento que tiene como objetivo la perpetuación de la especie llevarnos a la extinción? Claro, y el transhumanismo es consciente de ello, pero recuerda que el planeta en el que vives tiene fecha de caducidad. Según el movimiento, se trata de analizar los riesgos y reducirlos al máximo, pero no porque existan tenemos que dejar de avanzar.

 

 

Sobre el autor

Director creativo, editor de Rewisor, esposo de una chica de pelo raro y padre de Chatarra, la gata más gorda del país.
Esbirro de #EscoriaElPerro.

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