“He estado en cuidados paliativos durante 34 años. Se palían los fracasos, se palían los problemas, no se pueden curar las causas. No se puede curar el dolor”, afirmaba rotundamente el 12 de agosto el francés Alain Cocq desde la cama en la que lleva postrado dos años en su domicilio de Dijon. Inmediatamente después, Alain, afectado por una enfermedad incurable, anunciaba no solo que había tomado la decisión de poner fin a su sufrimiento, sino también que lo haría de forma pública –retransmitiéndolo a través de Facebook– y en directo para reclamar el derecho a una muerte digna en Francia.

Aunque la eutanasia y el suicidio asistido son ilegales en el país vecino, Alain, de 57 años, solicitó la prescripción de un barbitúrico para acabar con su vida, una petición infructuosa que llegó al más alto nivel. El pasado jueves el propio presidente francés Emmanuel Macron le respondió a través de una carta en la que le explicaba que su caso no estaba por encima de la ley. Y es que la legislación francesa solo contempla la sedación profunda y continuada como ayuda a la muerte y solo la autoriza para enfermos terminales, lo cual ni era el caso de Alain ni era lo que él pedía.

En cualquier caso, la negativa no sorprendió a Alain, que tenía claro cuál era el otro camino: “Si no tengo el acuerdo [la prescripción], el 4 de septiembre a 00:00 pararé todos los tratamientos, todos los cuidados, toda la alimentación, toda la hidratación. Y se retransmitirá en directo. Los franceses deben entender que esta es la agonía prevista por la ley”. Y así fue, Alain dejó de luchar por su vida para hacerlo por un cambio no solo normativo, sino social. Pero lo que era una batalla por el derecho a una muerte digna en pocas horas se convirtió también en una batalla por la libertad de expresión.

El sábado el propio Alain denunció en redes sociales que Facebook le había bloqueado el streaming hasta el 8 de septiembre e invitó a sus más de 22.000 seguidores a quejarse ante las autoridades. Él mismo había reconocido previamente que era mejor evitar que menores de 16 años vieran la retransmisión de su muerte, aun cuando el vídeo no contendría imágenes violentas. “No va a haber ninguna imagen basura, esto no es para mirones. […] Cuando me tengan que hacer algún cuidado, se girará la cámara. […] Serán imágenes duras, pero conformes a mi pudor personal. Solo se verá cómo me apago”, declaró en una entrevista a El País apenas seis horas antes de dejarse morir.

Las condiciones de uso de Facebook permiten la publicación de fotos o vídeos de personas que hayan sufrido eutanasia o un suicidio asistido. Sin embargo, el problema está en que ante la legislación francesa el caso de Alain no entra dentro de ninguno de los dos supuestos anteriores, sino que es considerado un suicidio y, desde Facebook –como el resto de redes sociales– son tajantes en el bloqueo de tentativas de suicidio.

Resulta paradójico que un acto como el de Alain, que no pretende hacer daño a nadie sino remover conciencias –y en el que a efectos prácticos el protagonista no está haciendo nada literalmente–, se vea frustrado tan rápidamente cuando en otras ocasiones –como en la masacre de Nueva Zelanda de 2019– Facebook ha sido criticado precisamente por la lentitud de su reacción.

De todos modos, la red social estadounidense tampoco tenía ninguna otra alternativa. Emitir la muerte de Alain hubiese supuesto un escándalo aún mayor, más al tratarse de una retransmisión que se preveía que durase días. Dejar de alimentarse como acto para reivindicar una muerte digna no es comparable a cortarse las venas o pegarse un tiro en directo, pero la línea es muy fina y Facebook no puede correr con el riesgo.

La cuenta atrás de Alain Cocq dejándose morir ya ha comenzado. En redes sociales, decenas de usuarios están mostrando su apoyo a Alain –y con ello a un cambio normativo– con la etiqueta #JeSoutiensAlainCocq. Puede que el día 8 sea demasiado tarde para él y que su último objetivo no se vea cumplido, pero al menos de momento ya ha conseguido reavivar el debate sobre la eutanasia y el suicidio asistido en Francia y su caso ha traspasado fronteras.