Si hay un lugar donde cualquier cosa puede pasar, creo que estaremos todos de acuerdo en que es Rusia. Ese enorme país, que tantos cambios ha sufrido, odiado por muchos y amado por otros tantos. El país de la antigua URSS, el país de Putin, el telón de acero y la Guerra Fría. Por unas cosas o por otras, Rusia es un lugar mágico donde todo lo que se sale de lo normal sucede, como aquella fábula en la que la limpiadora acabó siendo alcaldesa… sólo que esto ha sucedido de verdad.

Para conocer el lugar de los hechos toca viajar al pequeño pueblo de Povalikhino, situado a 300 millas de Moscú, en un lugar perdido lejos de cualquier sitio relevante. Es decir, el escenario perfecto para la historia de hoy que conocemos gracias a The New York Times.

[Rusia, ese país donde todo parece un capítulo de Black Mirror- Crédito: Unplash]

En dicho pueblo, donde las carreteras son pocas y casi todas de tierra, el alcalde Nikolai Loktev tenía un problema de cara a las elecciones: que no había candidato opositor. Es decir, sólo se presentaba él, y eso no está bien visto allí. Si no encontraba un adversario político no podrían hacer el paripé de que las elecciones habían sido justas y democráticas.

Desesperado, comenzó a preguntar a su círculo cercano -sin fortuna- a su asistente en el ayuntamiento -no hubo suerte tampoco- e incluso a un miembro del partido comunista que ya se había presentado en 2011 -se negó también-. La cosa pintaba fea… hasta que se le encendió la bombilla.

Esa -a la postre genial- idea le vino fruto de la desesperación, pero la diosa fortuna siempre guarda una carta para sorprendernos. En este caso Nikolai Loktev, sin quererlo, se convirtió en noticia y no precisamente por ganar las elecciones.

[Povalikhino, ese pueblo perdido en mitad de la nada – Crédito: Unplash]

Pero sigamos con la historia, que me voy por las ramas. Debido a la falta de contrincantes políticos, lo que se le ocurrió al alcalde fue proponerle a la limpiadora del ayuntamiento que se presentara a las elecciones. La trabajadora, de nombre Marina Udgodskaya, aceptó sin muchos problemas. Nikolai acaba de cavar su propia tumba política.

El día de las elecciones, tras el recuento (que no llevó mucho debido a los poquísimos vecinos que son), llegó la sorpresa: la candidata de paja había ganado las elecciones. La limpiadora del ayuntamiento pasaba a ser la mandamás del pueblo.

[¿La historia de hoy habría sido imposible fuera de un pequeño pueblo? – Crédito: Unplash]

Tras la sorpresa, Marina Udgodskaya decidió jurar el cargo, aceptando así el resultado y su nuevo trabajo. Ahora cobra el doble que antes (29.000 rublos, que son unos 380 dólares al mes) y tiene un puesto desde el que poder ayudar a sus vecinos.

La moraleja de la historia de la limpiadora que ganó las elecciones es que, en los lugares pequeños, donde todo el mundo se conoce, la política queda en una segundo plano, tan sólo importan las personas. Si Anne Hathaway protagonizó “Princesa por sorpresa” allá en 2001, en Hollywood podrían ir preparando su secuela “Alcaldesa por sorpresa”.