Fue en 1991 cuando John Romero y John Carmack fundaron id Software (In Demand Software). Ellos tenían un conocimiento y una visión del medio que iba más allá de las normas establecidas. Su ambición y su enorme talento les auguraba un futuro brillante y, viéndolo con retrospectiva, la historia ha sido justa con ellos.

De sus mentes salieron títulos como Quake, Wolfenstein y, por supuesto, DOOM. Estamos hablando de que id Software es responsable de tres las de las IPs más importantes de la historia de los FPS (first person shooter). Y nada de ello fue casualidad.

Pero no estamos aquí para dar una clase de historia de los videojuegos (aunque me parecía de justicia hacer una breve recapitulación), así que toca ponerse manos a la obra y analizar el último lanzamiento de este estudio, ya que no sólo es un gran juego sino que, además, es la continuación de una saga tan mítica que en sí debería ser un género: el de matar demonios a ritmo de heavy metal.

Cuando la Tierra se convierte en el infierno

DOOM Eternal es la continuación de DOOM (2016), y la acción pasa de desarrollarse en Marte a hacerlo en la Tierra. Pero tranquilos, que los escenarios sangrientos, brutales e infernales siguen ahí, sólo que aderezados con edificios de oficinas y carreteras.

Por supuesto seguimos interpretando a un marine sediento de venganza que, tras volver a la Tierra gracias a una fortaleza espacial, descubre que su labor como matademonios y asesino de plagas infernales es vital si la humanidad quiere sobrevivir.

La Tierra está a punto de ser consumida por los sacerdotes satánicos que usan al planeta como fuente de energía, pese a que haya un momento en el que nos quieran liar diciendo que lo hacen por nuestro bien y que mejor no nos metamos en sus asuntos. Nuestra misión es matar y no nos vamos a mover de ahí.

¿Es un buen guion? No, y no es lo que queríamos. Pero en cambio es macarra, gracioso, sarcástico y entretenido, así que hace una labor brillante de nexo entre misión y misión. Eso sí, los completistas estarán de enhorabuena porque los códices repartidos por el mapa con la historia del juego son increíblemente detallados e interesantes.

Brutalidad como mecánica, la mejor idea

DOOM Eternal es brutal, sangriento, frenético y adictivo. El juego consiste en pegar tiros y superar hordas de enemigos en escenarios más o menos acotados. Eso en la teoría. En la práctica consiste en pegar tiros… para poder desmembrar y ejecutar demonios.

A este juego no se puede jugar a lo loco y como si fuera un juego de disparos al uso (y menos si te lo pasas en los modos de mayor dificultad). Esta aventura demoníaca precisa de habilidad, precisión y gestión de recursos. Si consigues adaptarte al juego y a sus códigos, cada pantalla se convierte en un baile de la muerte.

Y lo mejor es que el juego está tan bien diseñado que los jugadores podemos ir adaptándonos a sus necesidades sin darnos cuenta. Ese enemigo precisa de un disparo, al otro lo corto por la mitad con la moto sierra, luego utilizo el gancho para volar a aquel lugar y rocío con fuego a esos dos demonios… Lo que os decía, instintivamente aprendemos qué es lo que precisa cada enemigo para matarlo de la forma más brutal y más eficiente posible (que gestionar la munición también es un arte).

Conscientes de ello, en id Software han trabajado aún más las ejecuciones, llegando a nivel de detalle casi enfermizo… y maravilloso. Jamás vi tanta violencia en un juego y se ve tan natural y tan inocua que la liberación de endorfinas al acabar la sesión de juego es real.

Puzles y exploración

Algo que me ha encantado de DOOM Eternal es que tiene fases de exploración. Es decir, momentos de calma y de tranquilidad, cosas necesarias cuando el resto del tiempo vamos a 180 pulsaciones por minuto.

El juego tiene infinidad de secretos, coleccionables, disquetes, vinilos… La verdad es que el trabajo en rellenar los escenarios con zonas ocultas y que estas tengan premio hace que la aventura pase de durar unas 20/25 horas a poder sobrepasar las 40, sin que se haga aburrido. El mapeado no es sólo más grande que el del anterior DOOM, es que además alberga más y mejores secretos.

Y, además de estos coleccionables, los cuales nos permiten bajar el pistón, también hay que destacar los puzles, rompecabezas bien pensados para hacernos sentir listos por su -no tan obvia- simpleza. Rara vez os quedaréis pillados en alguno, os lo aseguro.

¿El mejor DOOM de la saga?

Pues aquí no me voy a meter, ya que cada uno tiene su opinión y, sobre todo, en mi caso no pude jugar a los primeros títulos en su momento (por cuestiones de edad, principalmente), así que no soy testigo de lo que supusieron los primeros DOOM, si bien puedo afirmar que están considerados como verdaderas joyas y culpables de muchos de los avances que hoy vemos en la industria. Abrieron un camino que ahora es transitable gracias a ellos.

Lo que sí puedo decir es que es el mejor DOOM desde su renacer en 2016. Es brutal, es divertido, es frenético, la banda sonora es más heavy que una lluvia de hachas y, sobre todo, es redondo en todo lo que hace. Mis únicos peros vienen por el control, menos preciso en el apuntado que el anterior y que los combates con los jefes finales son más sencillos de lo que deberían, ya que al final el verdadero reto son las hordas del juego y no los bosses. Y debería ser un equilibrio entre ambos.

Si os gusta DOOM, si os gustan los tiros, si os gusta la acción o, si sencillamente os gustan los buenos juegos, DOOM Eternal hace un trabajo excelente, rozando la perfección casi treinta años después. Larga vida a id Software.