Hace siete años Naughty Dog nos traía The Last of Us. Este juego, exclusivo entonces de PlayStation 3, presentaba la historia de dos personajes que, en mitad de la ruina y la desesperación, se convertían en una familia. Para muchos este título presentó la cumbre de la generación y otros tantos lo catapultaron al olimpo de los videojuegos.

Y como a mí me gusta ser sincero, sobre todo de primeras, tengo que confesar que soy de esas personas que no vieron en The Last of Us un juego perfecto. El título era tosco, el gameplay fallaba más de lo deseado y la IA era tan errática que te sacaba de la inmersión cada pocos minutos. Eso sí, a nivel visual era espectacular y la brillantez con la que estaban escritos Joel y Ellie era para quitarse el sombrero. La relación entre los dos protagonistas era tan creíble y potente que le pasamos que la historia fuera de un cliché a otro. Pero el juego cumplía, sin revolucionar en nada, e impactaba. Y, precisamente, esa relación en ese mundo tan cruel fue lo que consiguió atrapar a millones de jugadores. Recordamos con mucho cariño aquel juego que, a efectos prácticos, no era nada que no hubiésemos visto, pero que enamoró.

Vale, os concedo que alguna pedrada en la cabeza me merezco, pero ya sabéis lo que pienso, cosa que creo que era necesaria para afrontar el texto de hoy, un texto que tiene como misión analizar un juego que es el candidato al GOTY del año, que tiene a millones de personas en vilo y que es la gran despedida de Sony a su PlayStation 4. Sí, hablamos de The Last of Us Parte 2 y en esta casa nos lo hemos acabado y rejugado. ¡Vamos allá!

Vuelta a la carretera

Cormac McCarthy escribió en 2006 una novela llamada The Road (a muchos os sonará porque Viggo Mortensen protagonizaba su adaptación a la gran pantalla), y a mí me impactó. La leí siendo un adolescente y las escenas que McCarthy creaba en mi cabeza eran crueles y poderosas. ¿Cómo podía el ser humano llegar a esos extremos en un mundo postapocalíptico? Aún me persiguen los gritos de aquel recién nacido.

Pues bien, con The Last of Us Parte 2 he vuelto a ser ese adolescente que se estremecía al leer aquel libro. Y lo digo porque esta segunda parte es dura, muy dura. Con Ellie como gran protagonista, el juego nos lleva de nuevo a Jackson, ese pueblo donde parece que podemos encontrar la felicidad y restaurar un pedazo de ese mundo que el virus nos arrebató. Pero, como siempre, todo es un espejismo.

Debido a una serie de circunstancias que no revelaremos porque no somos fans de los spoilers, nuestra Ellie, ya lejos de la pubertad -el juego ocurre cuatro años más tarde de los sucesos del primer juego- se tiene que apretar el cinturón, escoger el abrigo con cuidado y amartillar el revolver porque la venganza no es un plato que se sirve caliente, pero que aún así hay que cazar.

Y sí, por supuesto, la carretera vuelve a estar llena de infectados, chasqueadores y del peor enemigo del juego: los seres humanos. Destilan crueldad en un mundo que parece decirnos que nuestra hora ya pasó. En el primer juego no llegué a notarlo, pero en The Last of Us Parte 2 mi impresión es que incluso Ellie ha perdido la poca humanidad que le quedaba. No hay sitio para la redención… o al menos no se divisa.

Siete años nunca sentaron tan bien

Si estáis aquí es porque el primer título seguramente os encantó, pese a todos sus fallos jugables. Pues bien, en este tiempo la gente de Naughty Dog parece haber dado con la clave, porque con el mando en las manos la jugabilidad de The Last of Us Parte 2 es increíblemente mejor.

El sigilo funciona y está bien planteado, los combates son desafiantes y la forma de resolverlos variada, la inteligencia artificial hace un trabajo ejemplar -tanto nuestros compañeros como los enemigos- y los escenarios están creados con una delicadeza y un cuidado que consiguen que el mundo se convierta en algo real.

Lo mejor que tiene The Last of Us Parte 2 es su gameplay. No quieres que el juego termine porque cada combate es divertido y estas deseando que venga otro. Las enormes opciones que se nos plantean, unidas a unos enemigos realmente atentos e inteligentes se acaban juntado en un cóctel explosivo que es el entorno, donde hay mil lugares donde tender emboscadas o esconderte mientras registran la zona porque han encontrado un cadáver.

Todo lo que hacía mal el primer título en este segundo no es que se haya arreglado, es que han alcanzado un nivel pocas veces visto.

La exploración es uno de sus pilares

El escenario, eso que muchos pedimos y lo que consiguió que Dark Souls nos volara la cabeza. El entorno en el que se desarrolla la aventura no tiene que ser tan sólo bonito, esa es una parte que incluso me atrevería a decir que es la menos importante, el entorno tiene que estar bien pensado y ser un elemento fundamental en el juego. Y en The Last of Us Parte 2 la ciudad de Seattle -lugar donde se desarrolla casi toda la acción- es impactante.

Pese a que el juego sigue siendo pasillero, las estancias son ahora realmente grandes y la exploración es clave para mejorar las habilidades del personaje, enterarnos bien de la historia y equiparnos con el mejor armamento.

Encontrar las combinaciones de cajas fuertes (aunque acaba siendo una mecánica demasiado repetitiva a mitad de juego cuando llevas abiertas 30), descubrir las llaves de un local que te da acceso a una localización que no habías visto, o coger de las manos de un cadaver una carta con sus últimas voluntades. El juego se empeña en que el mundo que tenemos en pantalla se note y sienta creíble, y lo consigue.

Un detalle que me ha fascinado es lo bien diseñado que está, ya que un jugador que quiera explorar y que se quiera recorrer todo el mapa va a poder hacerlo, y en ningún momento se siente artificial. Seattle existe y esa ventana de aquel local se puede romper para que puedas echar un vistazo a su almacén.

Las animaciones, esa puerta al futuro

Algo que hace que los juegos consigan engañarnos y hacernos creer que son algo más que videojuegos son las animaciones. Que un personaje se mueva como una persona es la mejor forma de hacernos creer que es una persona. Nos voló la cabeza Arthur Morgan, en Ubisoft siempre han sabido hacerlo muy bien en sus Assassin’s Creed y ahora en Naughty Dog han hilado muy fino.

Ellie y los demás personajes se mueven de una forma muy creíble. Las animaciones son abundantes, para cada gesto, y la forma de esquivar o de clavarle la navaja a un enemigo va cambiando dependiendo de la posición en la que estemos nosotros y el ‘malo’.

Podremos-ser-felices-en-The-Last-of-Us-Parte-2-analisis-del-juego

No revoluciona nada, pero lo hace muy bien casi todo el tiempo, y eso ayuda a la inmersión. Hay hachazos que a mí me han dolido, y eso es gracias a que todo se hace más creíble… y a su vez, más crudo.

Hay una escena en la que dos personajes se están batiendo a muerte donde lo único que quería era soltar el mando, no podía/quería seguir golpeando porque sentía esos golpes en mis propios nudillos.

La historia y su duración, sus mayores problemas

Neil Druckmann -director de la saga- ha vuelto a demostrar que sabe escribir personajes como nadie, pero que los guiones le superan. Si el primero era una consecución de clichés que funcionaban, en este segundo juego vuelve a caer en los mismos fallos, pero con peor resultado.

El juego sufre un gran cambio en la trama -justificado- que acaba destrozando la buena experiencia que hasta ese momento estaba dejando. Literalmente el título es de sobresaliente hasta que pega un volantazo que le hace descarrilar cuando el 10 asomaba al final de la carretera.

La excesiva duración del juego (entre 25/30 horas) hace que el mensaje se vaya diluyendo, que las motivaciones se vayan perdiendo y que los golpes de efecto comiencen a no hacer mella.

The Last of Us Parte 2 es mejor videojuego que el original, ya os lo digo. Todo lo que hacía regular el 1, esta segunda parte lo supera con creces, pero los golpes al riñón que te daba la obra original aquí se concentran al principio y esos recuerdos se nos han olvidado para cuando salen los títulos de crédito.

Con The Last of Us Parte 2 os vais a divertir a los mandos mucho más que con el primero, pero cuando miréis atrás dentro de siete u ocho años solo os acordaréis de la primera parte y de ese final que a todos nos marcó.

Naughty Dog tenía un trabajo titánico: hacer una secuela de un juego idolatrado y que no pedía necesariamente una continuación. Entiendo que esa presión los hizo ser muy ambiciosos, y esto los ha llevado a hacer un juego genial en casi todos los aspectos pero que acaba alejándose de la obra maestra que todos queríamos.

Me dejo muchas cosas en el tintero, cosas que en una semana podréis leer (actualizaré el análisis) y que no he podido traer debido a que las cláusulas de confidencialidad son realmente estrictas por parte de Sony. Por eso os digo, esto es un adelanto, las impresiones no van a variar, las que habéis leído son las finales, pero hay cosas que querría retomar con más tiempo y libertad.

Si estáis interesados en jugar a The Last of Us Parte 2 os recordamos que sale a la venta el 19 de junio en exclusiva para PlayStation 4.