Cuando en Ubisoft anunciaron que la máquina de hacer Assassin’s Creed iba a pasarse un tiempo desconectada, muchos fans y amantes de la saga lo celebraron. La fórmula estaba desgastada y los últimos títulos no habían salido demasiado bien. Y conscientes de ello, la empresa de Yves Guillemot decidió que el descanso les vendría bien a todos.

Esto, que bien podrían ser los últimos versos de una IP malograda, tan sólo fue el parón que de verdad necesitaba la saga para coger aire y fuerzas, ya que dos años después llegó una nueva entrega y un nuevo enfoque: nos íbamos a la antigüedad -nada de Renacimiento, al antiguo Egipto y a la bella Grecia- y le cambiábamos el combate gracias a su cambio hacia el RPG.

¿Salió bien? Ya os digo yo que sí, Assassin’s Creed: Origins (2017) fue el primero de este reboot y fue muy bien valorado por la crítica; y Assassin’s Creed: Odyssey (2018) fue la continuación de este viaje, con valoraciones muy positivas también. Y como no hay dos sin tres, Ubisoft nos lanza este 10 de noviembre Assassin’s Creed: Valhalla, un giro en la historia del credo que nos lleva al norte de Europa.

[Eivor en Inglaterra junto a su cuervo, con ruinas romanas a su espalda]

Tras más de 10 días con él y habiéndolo terminado con 60 horas a los mandos, me veo en la posición de analizar el primer juego de nueva generación. ¿Aguantará la presión?

Fletad el drakkar y pongamos rumbo a Inglaterra

En la historia que hoy nos ocupa nuestro o nuestra protagonista se llama Eivor, es vikingo/a (concretamente noruego/a) y pertenece a un pequeño clan, el cual ha vivido tiempos mejores. Con traiciones y venganzas comenzamos el juego, como no podía ser de otra forma, y nuestra misión irá cambiando a lo largo de la historia. No puedo deciros mucho, pero os aseguro que cogeréis mucho el barco y que la acción se sucederá entre Noruega, Inglaterra… y quien sabe qué lugar más.

Decía antes que Eivor puede ser mujer u hombre y eso es porque, como hicieron en Odyssey, podemos elegir el sexo de nuestro personaje. En mi caso lo que he hecho es dejarlo en manos del juego, ya que esta vez el propio equipo de desarrollo te da una opción que consiste en que tú no eliges, sino que es el juego quien va eligiendo por ti dependiendo del momento.

[Escena muy habitual de saqueo, mecánica imprescindible… y divertida]

Y tranquilos, la propia historia justifica esto por un tema de compenetración del ánimus que es bastante aceptable. Cero quejas al respecto, es más, creo que está bastante bien llevado. Eso sí, a mi no me ha cambiado de sexo en ningún momento durante las 60 horas de juego.

De la historia no quiero deciros más, ya que todos sabemos cómo son los Assassin’s Creed y comentar o desarrollar más los lazos que nos unen con el resto de personajes podría suponer revelar sorpresa que iréis descubriendo. Y seamos sinceros, nadie ha venido aquí a leer sobre la trama.

Una Inglaterra salvaje y llena de historia

Pese a los diferentes lugares que encontramos en Assassin’s Creed: Valhalla, casi toda la acción tiene lugar en Inglaterra, y la verdad es que ésta se ha representado con mucho cariño. Vemos Cambridge, vemos Leicester, vemos York, un montón de pueblitos y zonas reales, ruinas romanas de cuando formaron parte del orgulloso Imperio Romano, etc. Pasear por estas tierras es un gustazo precisamente por el buen trabajo de documentación que han realizado en Ubisoft.

[Se puede jugar a los dados, a beber, a rapear… este Assassin’s tiene muchos minijuegos]

Algo que consigue el juego es que nos perdamos de un punto a otro, buscando atalayas y aventuras, porque el terreno está lleno de peligros, de tesoros, de misiones sorprendentes (los Eventos de Mundo son geniales, no dejéis de hacerlos) y de altos picos que escalar.

El ir cabalgando por un camino perdido, que os aparezca un señor con una petición de lo más normal y que ésta se convierta en una misión realmente original te deja un muy buen sabor de boca (esto me recuerda a aquel encargo que el señor abad me dio de transportar unas manzanas… perdón, que me voy por las ramas).

[El modo foto te permite subirte a lo más alto y disfrutar con la cámara]

Si bien Assassin’s Creed: Valhalla tiene millones de misiones preparadas para ti, creo que parte de la magia de esta entrega es perderte en el enorme y bien recreado mundo que nos rodea. El trabajo de documentación es excelente, por lo que si te apasiona o interesa la historia el mero paseo por los pueblos o por las ruinas te encantará. Eso sí, espero que dentro de no mucho le metan al juego esa parte didáctica que sí tienen las anteriores entregas ya que estoy seguro de que enriquecería la experiencia.

Jugabilidad y combate, lo de siempre

Aquí vienen mis mayores pegas a Assassin’s Creed: Valhalla, ya que esta cuestión apenas ha evolucionado a lo largo de los años y estamos en 2020, y creo que deberíamos exigir algo más.

Si bien el combate está mucho mejor trabajado que en los juegos originales -hay quien los compara con el Dark Souls por el mero hecho de tener parry y stamina– y que las peleas con los soldados en las refriegas habituales están muy bien resueltas, hay ciertos enfrentamientos que carecen de profundidad (sobre todo los jefes finales que aparecen por doquier), ya que el combate se reduce a un par de botones en el momento oportuno y poco más.

[Escena de unos los mejores combates del juego… y está nada más comenzar la aventura]

Todo se puede escalar, a todos sitios podemos llegar y casi todo es explorable (con su correspondiente premio). En eso sigue siendo exactamente igual que los anteriores. Que nadie espere un cambio o una revolución, ya que me atrevería a decir que es exactamente la misma jugabilidad que vimos en Origins y en Odyssey. Y es por eso que cuando mi personaje no sabe cruzar una ventana enorme abierta que tiene delante me cabreo, porque creo que han tenido 4 o 5 años para arreglar este tipo de fallos tan básicos.

El título es divertido de jugar, eso es indiscutible, y por fortuna los jefes finales son muchos pero breves (motivo por el cual entiendo que no se hayan esforzado demasiado en plantear combates desafiantes y bien resueltos), así que la gran mayoría del tiempo os lo estaréis pasando como enanos, pegando botes, saqueando una abadía o matando sajones. Pero os aseguro que habrá más de un momento en el que sintáis mucha rabia contenida por fallos que, de verdad, se podrían haber pulido hace muchos años.

Conclusiones sobre Assassin’s Creed: Valhalla

Pese a que querría escribir mucho más sobre el juego, no creo que este análisis sea el lugar donde daros la turra con todo lo que me ha gustado más, menos o igual, creo que ni un podcast de una hora os podría decir todo lo que pienso del juego.

Pero de lo que sí os puedo decir es que el juego mantiene la esencia, es continuista y no va a desagradar a ningún amante de la saga, ya que no se han introducido cambios suficientes para alterar el núcleo de los juegos. ¿Esto es malo?, ¿esto es bueno? No, esto es Assassin’s Creed y la gente viene por esto mismo, así que diremos que esto es necesario.

A mí, que apenas he jugado a la saga a lo largo de mi vida (pese a que el Assassin’s Creed: Black Flag sea uno de mis juegos preferidos de todos los tiempos), lo que me transmite esta entrega es curiosidad; la misma que tengo al explorar una iglesia o un monumento que nunca he visitado. Me encanta perderme, ir a ese punto desconocido el mapa, y enfrentarme por el camino a enemigos y avatares del destino.

Tiene-su-parte-ocura-con-cultos-a-la-muerte-y-religiones-oscuras
[El misticismo, la oscuridad y los ritos paganos… el juego a veces te hace pasar un mal rato]

El mundo de Assassin’s Creed: Valhalla está vivo, te lo crees, y en mi opinión el trato que hace a la cultura vikinga es bastante respetuoso y acertado si bien hay deslices, como en casi toda obra temática que va dirigida al gran público. El juego es inmenso y las misiones infinitas y si bien éste es su punto fuerte, también es el responsable que otras secciones del juego se resientan. Y digo esto porque mi opinión es que el juego es largo de más.

En conclusión, en Ubisoft tienen la velocidad de crucero puesta en su saga preferida y, de momento, no ha dado muestras de agotamiento. El juego se siente fresco y original, y el mundo que te rodea está vivo y esperando a ser explorado. Pero igual que os digo esto, el no soltar el pedal del acelerador también hace que sigamos arrastrando fallos que ya vimos hace tres años, y sería una lástima que éstos no se corrijan hasta el próximo parón, porque son detalles que una vez solucionados dejarían una experiencia global aún más redonda.

¿Que qué pienso de Assassin’s Creed: Valhalla? Que merece la pena jugarlo, pero sin prisas, que el viaje es largo y a veces amargo.