Hace bastantes años, cuando todavía estaba en Bachillerato, mi profesor de Filosofía nos contó una anécdota personal: por interés académico quería ver un documental de Leni Riefenstahl, una de las cineastas más controvertidas de la historia. La obra de la alemana es esencialmente, y a pesar de su innovación, propaganda Nazi.

Para comprar la película, mi profesor tuvo que ir a una tienda en la que no había estado nunca, un local gestionado por aparentemente neonazis. Acceder a la ideología extremista era prácticamente un acto de clandestinidad.

Según escribo este texto he buscado el nombre de Leni Riefenstahl en Amazon y puedo acceder a todas sus obras con solo un click, a las suyas y las de muchísimas más personas, que sin tener el interés histórico de Reifenstahl, publican actualmente obras que se catalogarían también como apología fascista.La tecnología nos ha conectado y ha derribado las barreras del conocimiento. Puedo formarme en una universidad de la Ivy League desde mi habitación, pero desde el mismo sitio puedo compartir un discurso de odio de gran alcance sin que tenga consecuencias. El extremismo ha encontrado su refugio en Internet.

El resurgir de la extrema derecha

Durante los últimos años la ultraderecha ha crecido y ha ido conquistando la presidencia de distintos países, el primer ejemplo que se nos viene a la mente es el de Donald Trump, pero también nos tocó de cerca cuando en 2015 la crisis migratoria polarizó la opinión pública Europea.

El Primer Ministro de Hungría, Viktor Orban, demostró con su negativa a acoger a refugiados sirios que en la Unión Europea hay muchas más voces de las que se percibían que se encuentran en un espectro ideológico de extrema derecha.

[Un policía con una pintada detrás que reza “no fronteras” – Crédito: Unplash]

Pero, aun así, mientras en Europa crecía el extremismo, España seguía sin darle voz. Hasta ahora.

Desde la llegada de VOX a las instituciones, pero sobre todo durante los meses de pandemia, la extrema derecha ha logrado dar máxima difusión a sus consignas: tema central de los grupos de Whatsapp, Trendig Topic cada día, programas online con más viralidad que algunas emisiones de televisión en prime time… Los “influencer” de la extrema derecha han llegado para quedarse.

Cómo viralizar la ideología

El ejemplo claro es “Estado de alarma”, un programa de YouTube creado durante el confinamiento destinado a atacar al Gobierno recurriendo al discurso de la ultraderecha y, en muchas ocasiones, utilizando bulos.

El canal tiene 265.000 suscriptores y vídeos, como el de su entrevista en exclusiva con el líder de VOX, Santiago Abascal, alcanzan casi el medio millón de reproducciones. Todo esto lo logran simulando una emisión televisiva financiada por la empresa Fack News Consulting, creada y dirigida por el periodista Javier Negre.

Fake News formas de detectar mentiras

Hasta hace menos de un mes, el paladín de la ultraderecha en los medios de comunicación trabajaba en el periódico El Mundo, del que fue despedido a raíz de su actividad fuera del medio.

Acompañado por otras estrellas mediáticas afines al discurso de VOX, como Alvise Pérez, Jano García o Spiriman, ha consolidado una estrategia de comunicación adaptada a la era digital y orientada a un público muy definido.

La segregación ideológica de audiencias

Las críticas, las ridiculizaciones de sus métodos o las verificaciones de los bulos vertidos desde su plataforma son totalmente indiferentes, porque provienen de un lugar contrario a lo que ellos defienden.

Tener detractores en la izquierda o en la prensa mainstream solo afila su discurso contra la presunta manipulación mediática por parte del Gobierno, el “no quieren que lo sepas” es la respuesta inmediata que justifica cualquiera de sus argumentos.

Es más, su estrategia en redes está profundamente segmentada para enviar sus mensajes a una audiencia definida. Twitter, por ejemplo, se divide en comunidades que se retroalimentan. Así lo demuestra el análisis que hizo Victoriano Izquierdo, de graphext, sobre la difusión del bulo del palo de golf.

[Crédito: Victoriano Izquierdo / Graphext]

A mediados de mayo, la ultraderecha convocó una serie de protestas en las calles de Madrid que reclamaban el fin del confinamiento. A partir de una serie de tweets se viralizó una imagen en las que muchos creyeron ver a un manifestante destrozando mobiliario urbano con un palo de golf (yo incluida creía haberlo visto), pero resultó ser un bulo difundido por las cuentas de Twitter de la izquierda.

Las cuentas de derechas de la red social tardaron más en reaccionar a esta información, pues su flujo de comunicación con el origen de la mentira es reducido. El timeline de Twitter no es la vida real, sino una depuración personal de la información que se mueve en la red. Esta división es la que aprovechan las distintas ideologías para definir sus audiencias en redes, sea desde la izquierda o desde la derecha.

Sin embargo, la ultraderecha parece llevar la delantera en esto de la comunicación digital: han descifrado el código del discurso online siguiendo las mismas tácticas que usan los influencers para promover su contenido en internet.

Ser youtuber en los tiempos de la ultraderecha

Esto ya se venía haciendo desde hace tiempo en Estados Unidos. Un estudio de la organización sin ánimo de lucro Data & Society reveló en 2018 los elementos que definen la narrativa de la ultraderecha en YouTube.

Los influencers políticos, a los que el estudio define como AIN (Alternative Influence Network) se caracterizan por presentarse como un medio de comunicación alternativo al ya establecido. Además, transmiten credibilidad generando una sensación de autenticidad e identificándose con los socialmente desvalidos, los que se oponen a lo “políticamente correcto”.

[Escena clásica del Vlog más profesional – Crédito: Unpash]

Para conseguir esto recurren a formatos que se oponen a la técnica tradicional televisiva como los vlogs. Este tipo de vídeos que muchas veces se genera desde el mismo dormitorio del emisor convierte la narración en algo tremendamente personal.

“Al adoptar las prácticas de géneros como el vlogging, los influencers políticos pueden cultivar un sentido de transparencia del que a menudo carecen los principales medios de comunicación”, plantea el estudio que analizó los canales de aproximadamente 65 influencers americanos.

Además, los AIN enfatizan la importancia de su comunidad por medio de la participación a través de comentarios o con vídeos en directo, sin dejar de colaborar con otras celebridades de su misma línea ideológica.

El modelo de la alt-right estadounidense

La estrategia comunicativa de la alt-right americana no se limita a las redes sociales, sino que alcanza la propia comunicación política de VOX. El año pasado Steve Bannon, el ex asesor de Trump que dirigió la campaña que le llevó a la presidencia del país, se reunió con distintos representantes de la ultraderecha europea en un intento de unificarlos en The Movement, su actividad lobista para encumbrar el nacionalismo en el continente.

A pesar del poco apoyo que ha recibido el proyecto de Bannon (por varias razones que van desde su ilegalidad hasta la contrariedad de unificar los nacionalismos), el asesor se ha ligado desde el principio a VOX y augura un gran futuro al partido.

Incluso Infowars la web de desinformación del conspiracionista Alex Jones, se ha sumado al discurso nacionalista de VOX y a los ataques vertidos contra los migrantes en España de sus adeptos, llegando a ensalzar la figura de Abascal cuando se refirió al Partido Popular como la “derechita cobarde”.

Las páginas de Facebook vinculadas a la figura de Jones y de Milo Yiannopuolos (otra de las figura más mediáticas de la ultraderecha estadounidense) fueron vetadas por Facebook hace un año de cara a las elecciones que se celebran este noviembre. La red social clasificó su contenido como “peligroso” y señaló que habían prohibido las organizaciones que promueven la violencia o el odio.

Desde la ultraderecha española y “Estado de alarma” ya denunciaron en abril la presunta censura que ejerce Facebook contra ellos por su relación con verificadores de información externos certificados por la IFCN, a los que han querido relacionar con el Gobierno por sacar a luz los distintos bulos que han esparcido desde sus plataformas.

¿Qué es censura?

En 1996 John Perry Barlow presentaba en Davos la “Declaración de independencia del Ciberespacio”. El texto habla sobre la incapacidad de los Gobiernos para ejercer su soberanía en la red: “No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.”

A pesar de que muchos gobiernos han demostrado ya su capacidad de limitar el acceso a Internet, la mayoría de los países occidentales limitan sus regulaciones a cuestiones como la protección de datos, mientras que las intervenciones de más calibre (como podría ser la del famoso Artículo 13) se reciben con un gran rechazo por parte de la ciudadanía. Es por eso que la principal carga regulatoria en internet recae en los propietarios de redes sociales.

Pero los Mark Zuckerberg de este mundo se encuentran con un dilema cuando intentan regular sus plataformas: el eterno debate entre la libertad de expresión frente al control de la red.

Mark Zuckerberg y la desinformacion

“Deberíamos permitir la mayor expresión posible a menos que cause un riesgo inminente de daños o peligros específicos enunciados en políticas claras”, esta es la idea a la que se aferra el CEO de Facebook, mientras que desde otras plataformas comienza a censurar comentarios del mismísimo presidente de Estados Unidos.

Como en España todo es diferente, este debate llegaba al lugar más inesperado de la mano de los utras españoles. A partir de la presencia de Javier Negre y Alfonso Merlos en Telecinco, el presentador de “Sálvame” Jorge Javier Vázquez se encaraba a una de sus tertulianas y se oponía a “blanquear el fascismo”.

La respuesta de Gema López retomaba el discurso de Zuckerberg: “No puedes censurar que una persona libre, si vamos aquí con la bandera de la libertad, exponga expresamente sus ideas, aunque sean contrarias a las tuyas”.Sin haber conseguido zanjar esta discusión solo hay una cosa clara y es que, desde la propaganda del nazismo hasta las polémicas de la extrema derecha en los programas del corazón, el acceso a cualquier discurso ideológico es imparable.