Ocho de las diez ciudades más videovigiladas del mundo se encuentran en China. Tan solo Londres y Atlanta entran dentro de este ranking en el que, el gigante asiático, se gana a pulso el formar parte de un extracto de 1984 de Orwell o de Un mundo feliz de Huxley.

Las autoridades del país siempre alegan que este tipo de regulaciones tienen como fin proteger a sus ciudadanos, pero no deja de ser una protección a precio de oro: el precio de la libertad individual y del derecho a la privacidad.

Esta misma semana, concretamente el 1 de diciembre, China aprobaba una ley que obliga a los principales operadores de telecomunicaciones a escanear las caras de todos los usuarios que den de alta nuevos servicios de telefonía móvil. El gobierno del país dice, que el objetivo de esta nueva regulación es combatir el fraude y evitar que un usuario pueda utilizar la identidad de otro para conseguir una línea de teléfono y cometer con ella actividades delictivas.

A los ciudadanos chinos (obviamente) no parece gustarles nada de esto, pues la primera gran encuesta de opinión pública realizada en el país, refleja la creciente preocupación de quienes habitan en la segunda economía más grande del mundo sobre la manera en que el gobierno trata sus datos personales. En la encuesta participaron 6.152 ciudadanos chinos y tuvo lugar entre octubre y noviembre.

En rasgos generales, la encuesta señala que el 74% de los encuestados prefieren que se utilicen métodos de identificación tradicionales en lugar de reconocimiento facial. Y es que este sistema de reconocimiento biométrico o los sistemas de reconocimiento basados en inteligencia artificial, no solo se está aplicando en el asunto de las operadoras, sino en muchos otros campos.

De acuerdo con un reporte de Associated Press (AP), las autoridades chinas han empezado a utilizar un software que reconoce la forma de caminar de las personas. Este software es capaz de identificar a la gente por la forma de su cuerpo y la manera que tienen de andar, sistema que ya se estaría usando para vigilar y monitorizar masas en las calles de Beijing y Shanghái.

De acuerdo con AP, esta tecnología es capaz de reconocer a una persona concreta hasta a 50 metros de distancia, incluso si su cara está tapada o le está dando la espalda a la cámara (básicamente donde no llega el reconocimiento facial). Este software estaría desarrollado por la empresa tecnológica china Watrix y por el momento (tiempo al tiempo), no es capaz de reconocer a las personas en tiempo real.

A la caza de fugitivos

Si paseas por Chongqing, la ciudad con más densidad de población de China, será prácticamente imposible que una cámara no analice tu rostro. El motivo es que la ciudad ha formado parte de un proyecto piloto llamado Xue Liang (ojos atentos), cuyo fin es combatir el crimen usando el reconocimiento facial para clasificar a las personas, valorarlas y determinar “su fiabilidad”, es decir, analizar si tienen cara de buena persona o de delincuente. Todo muy ético.

Según las autoridades, este sistema sirve para que los delincuentes que ya están fichados puedan ser detenidos incluso “antes de que lleguen a cometer nuevos delitos”. Otro dato que asusta un poco: según el Ministerio de Seguridad Pública del país, China tendrá 626 millones de cámaras de videovigilancia activas el próximo año.

Tanto haces, tanto vales

Pero China no solo quiere mantener a raya a los delincuentes; el gigante asiático también anhela controlar la situación financiera de sus ciudadanos. A comienzos de este año salió a la luz la noticia de que el gobierno chino había puesto en fase de prueba una aplicación integrada dentro de la popular plataforma social, WeChat, con la que puedes saber si una persona que está cerca de ti se encuentra en la lista de morosos del país.

Un portavoz del gobierno dijo que el objetivo es el de “hacer cumplir las deudas y crear un ambiente económico y social aceptable”.  

El desarrollo de esta aplicación, forma parte del sistema de crédito social de China, que lleva casi dos años en vigor y con el que el gobierno puntúa financieramente a sus casi 1.400 millones de ciudadanos. Además y no menos importante, permite usar el escarnio público contra aquellos que acumulen cualquier tipo de deuda o no sean ciudadanos ejemplares ya que los datos son completamente públicos.

ASÍ SE MIDE EL VALOR COMO CIUDADANO CHINO

Para puntuar a los ciudadanos el sistema tiene en cuenta tanto sus acciones como sus opiniones (especialmente políticas y más aún en relación con el gobierno) y con base a ello, se les puede conceder o denegar créditos, pueden optar a un tipo u otro de trabajo e incluso, se les concede plaza a sus hijos en colegios con mejor o peor reputación. Creo ni en una de las peores pesadillas de Orwell habría aparecido un sistema tan deshumanizante (por usar un eufemismo).

De acuerdo con Maya Wang, responsable de las investigaciones sobre China en la ONG Human Rights Watch, lo que está ocurriendo en el país es sin duda una carrera a la baja en temas de privacidad. “Estos sistemas se están desarrollando e implementando sin la protección a la privacidad frente a la vigilancia estatal. Es posible que no haya antecedentes históricos de una vigilancia masiva tan profunda, amplia e invasiva como la que el gobierno chino está ejerciendo sobre sus ciudadanos”,  explicaba Wang en unas declaraciones recientes a The Guardian.

La ambición de China por el control ciudadano, ¿seguirá creciendo a medida que avanzan las tecnologías? De ser así, es posible que ahora mismo solo estamos ante la punta del iceberg. « Big Brother is watching you » .