Ya lo dice el dicho: “comemos por los ojos”. 

En general, a todos nos gusta comer. Disfrutamos de probar platos, recetas y restaurantes nuevos, descubriendo nuevos sabores y alimentos de otros lugares y culturas. 

Nuestra relación con la comida nunca ha sido tan especial como hasta ahora. Tenemos a nuestro alcance prácticamente cualquier cosa que se nos antoje en cuestión de minutos. Si antes ya era fácil bajar al supermercado a por tu chocolatina favorita, ahora Glovo o UberEats te lo trae a casa sin que te muevas del sofá. Comemos por necesidad, pero también por aburrimiento, ansiedad, placer… 

Comida digital ¿qué es?

No existe una definición concreta para ella pero ni tampoco es la solución para adelgazar. 

Para algunas personas, se trata de compartir imágenes de comida en redes sociales para representar una cultura, un método de elaboración y presentación. 

Existen diferentes tipos de representación, desde fotos o vídeos hasta máscaras en realidad aumentada creadas por artistas para, literalmente, convertir nuestros rostros en nuestro plato favorito. Sí, suena un tanto absurdo, pero entra en Instagram o Snapchat y alucina con la cantidad de usuarios que suben vídeos y fotos con platos de comida en la cara. ¿Por qué? No tengo la respuesta. 

 Es más, ya es posible pedir comida a domicilio usando realidad aumentada. La compañía AR Kabaq se ha asociado con Snapchat para ofrecer a sus usuarios la opción de crear tu propia pizza de Domino’s en AR y pedirla online, ofreciendo la posibilidad de ver el aspecto de tu comida antes de que llegue a tu mesa. Porque todos sabemos que las hamburguesas de Mc Donald’s son idénticas a las de las imágenes de sus anuncios, ¿verdad?

Uno de los aspectos a destacar de este tipo de comida, la digital, es que nos permite jugar con la comida sin desperdiciarla, crear situaciones satíricas o surrealistas y experimentar nuevas sensaciones que, con comida de verdad, no podríamos. 

¿Cómo afecta a nuestros cerebros la comida digital?

Ver comida da hambre. Eso es un hecho y tiene una explicación muy sencilla. Físicamente, ver imágenes de comida produce un aumento de grelina, conocida como la hormona del hambre, que se encarga de preparar nuestro cuerpo para comer. Por ello, es una buena opción el uso de la AR para probar nuevas formas de disfrutar de la comida y cómo estas afectan a nuestros cerebros sin desperdiciarla. Con ella se puede experimentar nuevas texturas, estructuras, etc. 

Project Nourished; un viaje gastronómico en VR

Desde 2016 se está usando la VR para explorar alimentos digitales.

La cocina se ha convertido en un espectáculo que va más allá del mero hecho de alimentarse. Vamos a restaurantes no solo a comer bien, si no a vivir una experiencia única, por ello cada vez son más elaboradas, complejas y prima casi tanto la creatividad como el sabor y, en muchas ocasiones, se entrelazan la realidad con la ficción.

Sublimotion (Hard Rock Ibiza)

Project Nourished se define a sí mismo como “una experiencia gastronómica de realidad virtual”. Su trabajo consiste en replicar alimentos existentes y crear nuevos tipos de experiencias alimentarias. ¿Su objetivo? Permitir a las personas con intolerancias, alergias y otros problemas comer lo que quieran sin tener que preocuparse por nada.  

Algunos científicos han hasta replicado gustos como el dulce, salado, agrio y amargo a través de un “interfaz de sabor digital” que aplica estimulación eléctrica y térmica en la lengua. 

En general, las marcas tienen como objetivo vender experiencias, más allá de producto y la AR permite interactuar con la audiencia de una forma más sencilla y accesible que con la VR (ya que con solo un Smartphone es posible visualizar máscaras de AR), para crear conexiones emocionales con la audiencia agregando, por ejemplo, sonidos y música a la experiencia para acompañar y aumentar la intensidad del disfrute.

¿Pueden estas experiencias digitales cambiar nuestra forma de consumir alimentos reales?

Está claro que, a parte de comérnosla también nos gusta mucho ver imágenes y vídeos de comida. 

Si entramos en Instagram, Snapchat, Facebook o Pinterest uno de los temas más recurrentes son las imágenes de alimentos, vídeos de recetas, etc. Solo con poner el Hashtag de #FoodPorn en Instagram encontramos más de 218 millones de imágenes.

Según distintos estudios en los que se ha analizado cómo cambia la conducta alimentaria en usuarios expuestos a imágenes en RRSS, se ha llegado a la conclusión de que toda esta exposición a la comida influye en los hábitos alimenticios de quienes la observan al otro lado de la pantalla.

Según la investigación más reciente, desarrollada por la Escuela de Ciencias de la Vida y la Salud de la Universidad de Aston (Birmingham), se llegó a la conclusión de que el consumo de fruta y verdura aumenta si las personas a las que siguen la consumen habitualmente y, con el consumo de comida basura pasa igual. 

Científicos de la Universidad de Tokio, aseguran que la cantidad de alimentos que consumimos puede verse afectada por el tamaño aparente de nuestras porciones.¿Acaso no sientes que muchas veces comes más de lo que necesitas? 

El auge del consumo de aguacate, kale, batidos verdes, semillas de chía u otros superalimentos está estrechamente relacionado con el comparto de estos (y otros) alimentos por instagramers en rrss, responsables de ponerlos de moda y que sus ventas aumenten considerablemente.

Así que según este estudio, este efecto va más allá de modas y afecta al estilo de alimentación. Ya en 2018, un estudio vio la relación entre un alto consumo extra de calorías en niños después de ver a sus youtubers favoritos comiendo alimentos poco saludables, aumentando la ingesta inmediata de comida basura, pero no se encontró una relación tan estrecha sobre la efectividad del consumo de alimentos sanos. Es más fácil (y rápido) acceder a una hamburguesa o a una bolsa de patatas fritas que a un guiso de legumbres o un pescado al horno. Es más fácil y más satisfactorio (al menos para algunas personas).

Otra investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh, identificó una tendencia más delicada: los usuarios que pasaban más tiempo en rrss confesaban tener problemas con su imagen corporal y hábitos alimenticios. Información que coincide con otros estudios en los que se indica que mirar imágenes y vídeos de comida puede provocar respuestas psicológicas dañinas

Ahora el trabajo está en diseñar estrategias para ayudar a mejorar estos hábitos. 

Nos relacionamos de formas complejas con la comida y, el surgimiento de la comida en AR y VR podría ayudar a mejorar o empeorar este comportamiento. 

Es cuestión de tiempo que estas tecnologías se combinen con alimentos digitales para crear sensaciones y experiencias completamente nuevas. Veremos qué pasa entonces.