Después de tres meses de confinamiento los distintos pronósticos sobre nuestra economía pintan mal. El ruido que hay alrededor de las noticias relacionadas con la economía en nuestro país nos confunde y muchas veces no sabemos qué pensar. ¿Por qué decimos que los pronósticos son malos? ¿Qué supone para los españoles que ocurra lo que dicen que va a ocurrir? Para entenderlo de una forma muy sencilla voy a usar dos ejemplos que a todos nos resultarán familiares. A final de año distintas instituciones de reconocido prestigio elaboran predicciones sobre cuál será el crecimiento de la economía mundial, de nuestro país y otros muchos.

Vamos a comparar las predicciones que realizaron en noviembre y recientemente dos instituciones, una nacional y otra internacional, sobre España. Por un lado vamos a coger las previsiones del Banco de España (Bde) y por otro lado las de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El Banco de España en Noviembre de 2019 preveía que en el año 2020 el PIB crecería un 1,7%mientras que en el último informe emitido distingue tres escenarios donde el PIB cae un 9%, un 11,6% o un 15,1%: 

Por su parte, la OCDE en noviembre presentaba una previsión similar a la del BdE estimando que el PIB crecería un 2%. La semana pasada este organismo presentó sus predicciones para el 2020 revisadas y las perspectivas son duras. Hemos pasado de una previsión de crecimiento del 2% a una caída del 11,5%.

Pero, un segundo, ¿Qué es el PIB? ¿Por qué España va a acusar tanto el golpe? ¿Es la COVID-19 y su impacto capaz de generar un cambio tan brusco en las previsiones de estas dos instituciones? Y lo más importante de todo ¿Cómo va a funcionar la economía en la nueva normalidad? Tratemos de ir por partes, aunque a muchos les gusta decir que nuestra economía se va al garete por culpa del gobierno, la realidad es mucho más compleja. 

Empecemos por el PIB. Una forma sencilla de entenderlo es tratar de visualizar un quesito del trivial. Cada quesito representa un sector productivo y tradicionalmente se distinguen tres: agricultura, industria y servicios. Eso que nos explicaban en el colegio como sector primario, secundario y terciario. Pues bien, resulta que esos sectores se subdividen en otras categorías y aquí es cuando se habla de construcción o turismo y por eso nos resulta confuso entender que el turismo afecte al PIB. La suma de todo lo que producen cada uno de esos sectores es el PIB. En España, el año pasado, la economía española produjo 1.244.757€ millones de euros. ¿Cómo se reparte todo ese dinero en los sectores que hemos mencionado antes? El siguiente gráfico permite visualizarlo de forma muy clara:

[Fuente INE – Informe España en Cifras]

El peso que tiene en nuestra economía el tercer sector es descomunal. Pero, ¿Qué es lo que hay dentro del sector servicios? Básicamente encontramos: Comercio; actividades financieras; educación, sanidad y otros servicios personales, como peluquerías; hostelería y todo lo relacionado con el turismo; las actividades que giran en torno a la cultura, el deporte, o los espectáculos (si pensáis en Messi y Hazard os resultará muy fácil visualizarlo); el transporte o las tecnologías de información entre otros. 

Pensemos que durante tres meses el 66% por ciento de nuestra economía, salvo los servicios sanitarios, ha estado completamente parada o casi sin funcionar. De manera que no es que nuestros políticos lo estén haciendo mejor o peor, la realidad es que la COVID-19 ha calado nuestra economía y la ha dejado helada. A los coches modernos esto no les pasa, pero recuerdo muy bien como se arrancaba el Seat 127 de mi madre cuando hacía mucho frío y el coche se había calado de repente: Empujando. Ojalá la economía española fuera un 127 y se pudiera arrancar en segunda y empujando. 

Sin embargo, las situaciones que acabo de describir tienen una cosa en común, vamos a tener que empujar, y mucho más que los amables ciudadanos que cuando veían a mi madre en un apuro intentando arrancar el coche nos ayudaban poniéndose detrás del coche y corriendo hasta llegar a una cuesta abajo. Al comienzo de la pandemia se hacía referencia a la crisis de 2008. Unas pocas semanas después se hacía referencia al crack de 1929. Finalmente, se acabó haciendo referencia a la II Guerra Mundial. Lo cierto es que no hemos vivido nada similar en la historia de la humanidad a lo que vamos a vivir en los próximos años porque nunca antes la economía había estado tan interrelacionada como hasta ahora. 

En lo que se refiere a España, nunca antes el sector de los servicios había tenido el peso que tiene a día de hoy y si pensamos en que abrir la fronteras va a ser la solución a nuestros males lo cierto es que la llevamos clara. En el corto plazo aferrarse a que millones de turistas (83,7 el año pasado) crucen nuestras fronteras después de lo que hemos vivido es como pretender que nuestros políticos dejen de mentirnos.

La realidad es que en el corto plazo no hay mucho que se pueda hacer salvo estimular el consumo interno mediante una bajada de impuestos a, por ejemplo, bares y restaurantes (como ha hecho Alemania) y esperar que las rentas que no se han gastado debido al confinamiento se empleen para reactivar un sector que genera, según el IEE, casi el 80% del empleo de nuestro país. El problema radica en que lo más probable es que esas rentas se destinen a cubrir gastos corrientes y necesidades básicas puesto que el desempleo en nuestro país va a aumentar de forma considerable de aquí a final de año (entre un 18,1% y 23,6% de acuerdo con las predicciones del BdE).

En el medio plazo, siempre y cuando no se produzca una segunda oleada, las previsiones de las instituciones que recogíamos al principio prevén una recuperación progresiva, son las famosas Vs, Us y Ls que se oyen en las noticias. Pero, ¿quién dice que será así? Al parecer, se parte de la base de que nuestra economía funcionará de la misma forma que antes de la COVID-19. No obstante, cabe esperar que se produzcan numerosos cambios, desde la implementación del teletrabajo, a las medidas de distanciamiento social. En 2008, tras la crisis de Lehman Brothers, los expertos auguraban una recuperación en 2010, después dijeron que en 2012 y en realidad ésta no se produjo hasta 2014. El desencadenante de la recuperación tuvo que ver con una polémica reforma laboral que ahora se quiere derogar.

Junto a ello, la recuperación económica de los países de donde provienen los millones de turistas que permiten que el motor de nuestra economía esté bien engrasado. ¿Tendremos que esperar a una nueva reforma laboral y a la recuperación de los países de nuestro entorno para que vuelva a crecer nuestra economía?

Contaros cómo va a funcionar la economía en la nueva normalidad resultaría osado por mi parte. Lo que tengo claro es que para que funcione bien es preciso entender que detrás de todos los números que leemos en los periódicos y que vemos en la televisión no hay políticos ni tertulianos. Que no son los gobiernos los que crean riqueza o empleos. Detrás de esos números lo que hay son pequeñas, medianas y grandes empresas que, en una economía de mercado como la nuestra, son las verdaderas generadoras de empleo, riqueza y de que nuestra economía crezca. La nueva normalidad se presenta como una oportunidad inmejorable para replantearnos cómo se reparte el peso en ese tercer sector tan indispensable para nuestro país.