La borrasca Filomena ha dejado España sumida en el caos absoluto. Con un montón de comunidades autónomas desbordadas por el temporal, la nieve se ha adueñado de todo: aceras, carreteras, edificios, terrazas… Nuestras vidas se han paralizado ya que lo único que podemos hacer es quedarnos en casa y esperar a que pasen los quitanieves o, lo que hicimos muchos, matar el tiempo haciendo muñecos de nieve y revolcándonos en el preciado oro blanco que caía del cielo.

Pues bien, no todo han sido memes en las redes sociales, ya que gracias a varios usuarios de Twitter nos hemos dado cuenta de que las calles y las carreteras podrían tener otra disposición si tomamos en cuenta las necesidades de los peatones y de los vehículos.

[¿Es Madrid? Obviamente no, pero parecido – Crédito: Unplash]

Con todo el pavimento nevado, con un reluciente blanco que ciega y maravilla a cualquiera, nos damos cuenta de cuál es el espacio que de verdad usan los coches cuando transitan, ya que éstos son los únicos sitios que no tienen nieve, mientras que el resto de la calle permanece blanca.

Atendiendo exclusivamente a esta situación, lo que cualquier ciudadano ve es que las carreteras son demasiado grandes para lo que realmente demandan los coches, por lo que estaríamos dando demasiado espacio a los vehículos en detrimento de los peatones (que somos muchos más).

https://twitter.com/dloisga/status/1347564546555260928?s=19

En simulaciones y trazando líneas, el usuario Mobility Behaviour decidió grabar su calle y empezar a asignar los espacios que podrían recuperar los ciudadanos para dejar las carreteras con el mínimo espacio posible para que el tránsito de vehículos siguieses funcionando.

Como veis, de esta forma la nieve enseña al peatón la cantidad de espacio que ha perdido frente al vehículo durante los años y cuanto de la vía pública le pertenece. Y, enfrascados hacia una movilidad sostenible y verde, nos enseña hacia donde hay que mirar.

[Calles llenas de nieve, colapso total en las ciudades – Crédito: Unplash]

La cuestión es que no todo lo que reluce es oro, ya que los cálculos de este usuario de los muchos que se han subido no tienen en cuenta cosas como: ángulos de giro amplios para autobuses o vehículos de emergencias o número de carriles reales para generar grandes atascos en cuanto haya tráfico normal.

Entonces, ¿qué sacamos de esto? Que no debemos creernos todo lo que vemos como una verdad absoluta, sino que si bien la nieve nos puede enseñar mucho sobre peatonalización, la realidad no nos deja aplicar los conocimientos ahí adquiridos. No hasta que decidamos que las ciudades son para los peatones y que la sostenibilidad tiene que llegar con una drástica reducción de coches en las grandes urbes. Eso sí, una vez que lo consigamos entonces tendremos que condecorar a la nieve por el capote.