Si con tener los montes y los océanos hasta arriba de plásticos no fuera suficiente, ahora los científicos se han puesto manos a la obra con la difícil tarea de descubrir cuanto de este material tenemos acumulado en nuestros órganos. ¿Comer plástico? Sí, lo estamos haciendo de forma involuntaria.

Que los plásticos forman parte indivisible de nuestra vida es algo obvio -y si no mirad que incluso la fruta del supermercado viene envuelta en plástico-, pero lo normal era pensar que una vez que los tiramos al contenedor amarillo nos librábamos de ellos. Pero, como todo en la vida, esto que es lo lógico no es precisamente lo que sucede, ya que este versátil material nos acompaña en nuestro día a día más de lo que creíamos.

[El plástico, ese indeseado que tenemos en todos sitios – Crédito: Unplash]

Y decimos esto porque tenemos plástico hasta en los órganos, o así lo llevan observando científicos desde hace años. La pregunta que se plantean ahora es si se puede saber la cantidad de plástico que tenemos en el cuerpo y si esto afectan a nuestra salud y de qué forma.

Cuando decimos que tenemos plástico dentro de nuestro cuerpo nos referimos, por supuesto, a nanoplásticos -menos de 0,001 mm-, lo que permite que se infiltren en nuestro organismo y a que a simple vista no podamos verlos.

Hasta ahora habían sido descubiertos en las heces humanas, en la orina, en tejido muscular e, incluso, en los pulmones, por lo que los científicos se empezaron a preguntar si era posible que no sólo estuvieran de paso por nuestro cuerpo sino que acabasen formando parte de nosotros.

[Un ratón bebiendo de un café en envase de plástico – Crédito: Unplash]

Para despejar la incógnita, Charles Rolsky y Varun Kelkar, investigadores bajo la dirección de Rolf Haden, director del Centro de Ingeniería de la Salud Ambiental en el Instituto de Biodiseño de la Universidad del Estado de Arizona, han decidido que la mejor forma de conocer la cantidad de plástico que acumulamos es pinchar muestras de hígados, riñones, pulmones y bazos humanos por el motivo de que estos son los órganos que se encargan de filtrar los materiales no deseados, por lo que si tenemos plásticos lo que nos dice la ciencia es que estarán ahí.

A través de un modelo de actuación, los investigadores analizan las muestras que vienen al laboratorio con información detallada sobre la dieta, el estilo de vida y la exposición ocupacional de los donantes -por ejemplo, si alguien trabajara en una planta textil con poliéster o nailon-, ya que esto podría ayudar a los científicos a entender cómo entran los microplásticos en nuestros cuerpos.

“Dada la enorme cantidad de plástico que usamos diariamente, la contaminación plástica dentro de nuestros cuerpos no es una gran sorpresa, aunque las implicaciones toxicológicas son todavía inciertas”, dice Holden al medio Fast Company justificando su estudio. “Esta contaminación no está desapareciendo; todo lo contrario, sigue creciendo. Por lo tanto nos corresponde averiguar a dónde viajan estos polímeros contaminantes y cómo afectan a nuestra salud. La contaminación plástica no es ‘sólo’ una cuestión medioambiental. Es algo personal”.

[El plástico en nuestras costas y en el océano – Crédito: Unplash]

Comer plástico parece no ser una opción, sino una imposición debido a los tiempos que corren debido a su utilización en todo. Si los océanos los tenemos llenos de plásticos y los peces acaban comiendo plástico, es difícil que estos restos no acaben llegando a nosotros, ¿no?

La duda ahora es saber cuanto afectan estos a nuestro organismo y si a la larga pueden ser un peligro para la salud pública. Cuando muramos… ¿nos tirarán al contenedor amarillo?