Llevo tiempo con la idea de participar de alguna manera en Rewisor. «Pablo, por favor, tú eres el paradigma de Apple boy (más que apóstol casi mártir de la compañía de Cupertino) … ¿por qué no escribes algo para Rewisor?» me dicen. Me las prometía muy felices pensando que igual les interesarían algunas reflexiones sobre el cosmos (un tema excepcional para una situación de confinamiento también excepcional) o quizá un poco de física cuántica (otro tema que podría dar mucho juego para la sección de ciencia, creo que se habla poco de física cuántica en la calle y cuando se utiliza en la ficción, como en series tipo DEVS de HBO, no veo más que tonterías sin fundamento). Pero no ha habido suerte. Han pensado que la mejor de mis propuestas era la de poner a parir a Apple, con cariño.

Todos los que amamos la tecnología, bueno, todos los que amamos en general, sabemos que amar sin odiar no es amar de verdad. Y muchas veces, cuando la gente se acerca creyendo que eres un gurú de la tecnología de andar por casa para decirte «no entiendo cómo te puede gustar, yo no la soporto», callas pensando que es mejor no abrir la boca. Es como cuando alguien critica a un amigo o familiar y prefieres no entrar al trapo.

Vale. ¿Quién mejor que un usuario que se compra todos los dispositivos de la manzana para hablar de las cosas que están mal hechas por la compañía que lo hace todo bien? El enfoque de partida no puede ser más tentador. La semana pasada me reclamaban ya el artículo y les devolví la patata caliente (o la manzana caliente) advirtiéndoles que yo había pensado, no en un artículo, sino en una serie de artículos a modo de carta a Steve Jobs. «¿Tantas cosas malas tienes que decir de Apple?» debieron pensar. Bueno, si nos ponemos a analizar, los ingenieros somos bastante metódicos y, querido Steve que estás en los cielos, lo que quiero es que vuestros productos sean mejores cada día, así que no hay maldad en ello.

«No te pases de las 800 palabras», dijeron; llevo 358 y no he empezado. Como es la primera carta, pues esta larga introducción está justificada. Para elegir el primer tema debía ser sobre algo que todo el mundo que usa un dispositivo Apple estuviera de acuerdo conmigo, algo cero subjetivo. Podrás pensar, querido Steve, que me ha costado elegir el tema… pero te equivocas. Creo que todos los que lean esta carta estarán de acuerdo conmigo en que hay algo que va mal, muy mal. Algo que te hace maldecir para tus adentros varias decenas de veces al día: ¿Cómo puede ser tan tocapelotas el autocorrector de texto?

Ya sea escribiendo un email, un WhatsApp o una nota, estoy seguro de que cada uno puede tener una palabra maldita, pero pocos términos más irritantes que «Antea» como propuesta corregida de la palabra «antes». ¿Qué coño es Antea? Busqué en Google y encontré «antigua ciudad griega de Mesenia». ¿De verdad que cada vez que escribo «antes», la sugerencia que se sustituye automáticamente es el nombre de una antigua ciudad griega? Esto me lleva a hablar del proceso de aprendizaje de su inteligencia artificial, hoy toda ella bajo el nombre «Siri», el producto que Apple define como «asistente inteligente que te ayuda a hacerlo todo más rápido en tus dispositivos Apple, incluso antes de que se lo pidas». Lástima que no hayan terminado la frase con «incluso Antea de que se lo pidas».

Creado en 2007, por Dag Kittlaus, Adam Cheyer y Tom Gruber, junto a Norman Winarsky de SRI Venture Group, fue comprado por Apple por 200 millones de dólares para incluirse por primera vez en 2011 en el dispositivo iPhone (el modelo 4S). Desde entonces, acompaña a todos los dispositivos de Apple ofreciendo un servicio de reconocimiento de voz y texto que se sirve desde la nube.

El principal problema que ha tenido Apple con su asistente virtual y que le ha llevado a perder la batalla (no sé si la guerra o estarán a tiempo de corregir el rumbo) es su defensa a ultranza de la privacidad de lo que los usuarios le dicen, y que ha impedido que los archivos audio y texto suban a la nube y sean estudiados para acelerar el aprendizaje automático de su inteligencia artificial con la ayuda inestimable de la mente humana. Una parte importante del equipo original de Siri abandonó Apple por este motivo, creían que Alexa de Amazon, Google Assistant de Alphabet o Cortana de Microsoft, con menos remilgos a la hora de tratar con confidencialidad los datos de sus usuarios, iban a ganar la batalla. No se equivocaban.

Me compro todo lo de Apple porque soy un fan boy, cartas a Apple problemas con el teclado

Algunos cambios, en cuanto a escuchas humanas, ha incorporado Apple a su proceso de mejora de Siri (no exentas de polémica) pero creo que, más allá de dejar al sistema aprender de forma autónoma (no sé cuántas veces he podido escribir yo sobre esa desconocida ciudad griega de la antigüedad para que se haya incorporado a mi diccionario de términos por delante de «antes»), el sistema de Apple no dispone de ningún interfaz para que el usuario pueda hacerla «desaprender» los términos equivocados.

Bueno, existe una manera de hacer olvidar al sistema todo lo aprendido (Ajustes> General> Restablecer> Restablecer diccionario del teclado), pero eso sería algo así como lavar totalmente el cerebro de tu amante porque no te gusta que deje la pasta de dientes abierta. Querido Steve, por favor, dile a Tim Cook que incorpore esta sugerencia en una próxima actualización. Mi amigo ANTONIO (todo con mayúsculas) o mi compañera de trabajo Lila (en lugar de Lola) tendrán que esperar para dejar de sufrir la forma en la que Siri decide como debo tratarles.

Por cierto, durante el brainstorming que hice con mi equipo sobre el contenido de este primer artículo (no fuera a ser yo un sufridor solitario), Lila soltó, sin levantar la vista del plato mientras comíamos un menú del día…«bueno, mi Android siempre me cambia Mastercard por masturbar». Esa noche dormí a pierna suelta.