Me gusta escribirte estas cartas, Steve. Hay un sentimiento extraño de proximidad cuando realmente nunca nos conocimos y que, no te negaré, me causa un cierto nerviosismo a la hora de pensar en los temas de los que hablar. También pesa un poco la responsabilidad. En las dos primeras he intentado centrarme en cuestiones fuera de toda subjetividad, me daba miedo empezar generando alguna polémica absurda y no es mi intención. Creo que después de criticar el autocorrector de Siri y el desastroso diseño de los AirPods, me puedo permitir el lujo de exponerte algunas de las dudas sobre el producto que más he podido investigar durante la cuarentena: la televisión de Apple.

El 24 de agosto de 2011, el mismo día que renunciaste como Consejero Delegado de Apple por la enfermedad que te hizo dejarnos dos meses más tarde, llamaste por teléfono a Walt Mossberg (uno de los periodistas más importantes en el ámbito de la tecnología) para seguir hablando sobre un artículo que estaba escribiendo acerca de tu legado. Mossberg lo contó como si fuera un thriller. «Estoy escribiendo este tema. Y suena el teléfono. Y es él. Creo que quería hablar conmigo porque se sentía algo sentimental. Y también porque quería que supiera que no se iba a ir. Él iba a seguir estando involucrado. Su nota de prensa hacía alguna referencia vaga en este sentido. Pero él quería que supiera que iba a estar encima de grandes cosas estratégicas, y también que se reservaba una cosa en particular para sí mismo.» Ante esta oportunidad puesta en bandeja, Mossberg te preguntó «vale, y ¿qué es?». Le contestaste: «bueno, es la tele. Creo que he dado con la forma de hacerla, y va a ser fantástica. Quiero que vengas en unos meses y quiero enseñártela».

Siempre he tenido una relación de amor-odio con la televisión como dispositivo en el hogar. Puedo asegurar, sin la más mínima duda, que me parece el producto electrónico más horrendo de la historia, no hay lugar en el que quede bien. A veces me han entrado ganas de empotrarla en la pared y poner un panel automatizado que la muestre y la oculte a voluntad, cual millonario ruso, pero al final siempre he entrado en razón. Cojas la revista de decoración que cojas, nunca aparecen las televisiones. Los fotógrafos saben que hay que quitarlas si quieres que el reportaje sea redondo. Es tan ridícula esta obsesión por escapar de su fealdad que hace bastantes años llegué a gastarme tres sueldos en una Bang and Olufsen porque era la menos fea del mercado (y con el mejor sonido que ha tenido jamás una televisión, también he de decir).

Steve Jobs y su famosa frase «simplemente no me gusta la televisión»

Por eso recuerdo perfectamente ese momento en el que adelantabas algo de tu último secreto. Mi cerebro se volvió loco. ¿Sería posible que Apple sacara algo tan bello como el resto de sus dispositivos? Pero aquí comienza la primera de las dudas: ¿qué es la «televisión»? La palabra me recuerda un poco al término «dios», la usa todo el mundo, pero cuando preguntas en concreto a qué se refieren, cada uno te cuenta una cosa diferente. ¿Televisión como dispositivo con una pantalla al que todos siempre hemos llamado «televisión»? ¿Televisión como cajita que se conecta a tu «televisión» para ver películas y series desde Internet? ¿Televisión como servicio de contenidos propios de «televisión» que se descargan a tu «televisión» como cajita que se conecta a tu «televisión» como dispositivo con pantalla? Dicho con nombres de productos: ¿el televisor que nunca ha presentado Apple, el Apple TV o el nuevo Apple TV+? Menudo chocho.

Si como Steve Jobs dices «televisión», entiendo que hablas de una tele con todas las de la ley. El Apple TV es un producto que te da una cierta experiencia Apple pero, llevado al mundo móvil, es como comprar un pincho que se conecte al móvil de otro fabricante para tener un iPhone de garrafón. ¿Dónde está la tele de Apple? Yo entonces esperé y esperé… mi Bang & Olufsen no tenía ni TDT ni era HD Ready, imagínate un hombre, adalid de la tecnología como yo, viendo la tele en semejante pantalla del tamaño de un sello mientras la gente comenzaba a poner teles en su salón en las que se podía jugar a la pelota vasca cuando estaba apagada. ¿Existía realmente una tele tele en el laboratorio que con tanto celo protegía Jonathan Ive? Por Dios, quiero verla, envíamela en sueños. Lo único que hoy puedo disfrutar de tu legado es un pequeño mando que parece un fino lingote de oro negro y aluminio que desparece por arte de magia en cuanto lo apoyas en el sofá. Es tan sensible que si vas algo ligero de ropa en verano lo puedes llevar sin darte cuenta entre las nalgas cambiando canales cuando te levantas a por un vaso de agua.

El Apple TV con su fino e hipersensitivo mando a distancia

Mucho se ha dicho sobre la industria de la televisión, hoy dominada en la parte del hardware sobre todo por LG (y su OLED que ofrece «negros profundos», evocador término que hace palpitar a una persona a la que quiero mucho y que no me deja decir su nombre) y otros fabricantes que utilizan su tecnología como Sony, Loewe o Panasonic. Parece claro que Apple no ha querido entrar en una guerra de navajeros pandilleros que bajan el precio de su producto al 50% cada año duplicando sus prestaciones. Hoy parece imposible que Apple quiera entrar ahí, pero yo la echo en falta, Steve. Sería volver a demostrar que la compañía no tiene miedo a ser la mejor en todo. Con respecto al diseño, la reina del sector del lujo Bang and Olufsen ofrece en su último modelo una coreografía de movimientos con el despliegue de sus bafles al encenderse que se echa en falta alguna sardana que la acompañe.

Bang & Olufsen Beovision Harmony (sin Sardana) 

La sorpresa ha llegado recientemente con la puesta en marcha de Apple TV+, el servicio de streaming de TV con contenidos propios de la compañía de Cupertino. La guerra que se libra en este sector ya no era callejera, estaban naciendo los nuevos gigantes del entretenimiento doméstico y Apple se quedaba atrás. Netflix (compañía de la que muchos desconocen que comenzó distribuyendo películas en DVD por correo postal en 1997), HBO (canal de cable y satélite por subscripción bautizado como Home Box Office en 1972) y Disney (el ratón que se ha hecho tiranosaurio tras devorar a Pixar, Marvel, Star Wars, Fox y que acaba de presentar su plataforma que todo lo tiene Disney+) han iniciado la mayor guerra que se recuerda en el sector audiovisual.

Apple ha movido ficha, Steve. Aunque es la primera vez que tu compañía se mete en el jardín de contar historias, tú ya lo hiciste una vez, y te salió como todo lo que hacías. Cuando te despidieron de Apple en el 86, creaste Pixar, la perfección de la animación digital al servicio de historias maravillosas para todos. Creo que los personajes de Toy Story son un ejemplo todavía para todos nosotros. Es una lástima que fuera Disney y no Apple la que finalmente se quedara con Pixar, viendo cómo han ido los derroteros.

¿Estás contento con la propuesta de contenidos con la que Apple TV+ se estrenó? Conociendo tu forma de ver las cosas y viendo que tu legado se está respetando bastante a rajatabla (algunas cosas han cambiado, como el tamaño de los iPhone pero hoy el mundo es otro), me interesé mucho por el tipo de contenidos que se aprobaron para ser los primeros «Apple Original». Por mucho que hablemos de la tecnología en estas cartas, tú y yo sabemos que las historias son más importantes que los hechos. ¿De qué nos habla Apple TV+?

El Mandaloriano y baby Yoda, Disney+

Puedo imaginar tu opinión sobre el fastfood de Netflix (en producción nacional la carne fresca de Elite o los absurdos diálogos de La Casa de Papel simbolizan perfectamente al «BigMac» de la cadena, salvamos algunas joyas como The Crown, Ozark, Unorthodox o Fauda, también la fácil pero resultona Stranger Things) o la apuesta por producciones de calidad aunque nazcan a cuenta gotas en HBO (Juego de Tronos, Big Little Lies, Chernóbil, Succession, Heridas Abiertas o la reciente La innegable verdad). Disney ha jugado fuerte con todo su catálogo de películas propias y de las diferentes marcas que posee (Star Wars, Marvel, Pixar), ya les conoces bien. Aunque ha presentado poco contenido nuevo todavía, la nueva serie The Mandalorian (de la saga Star Wars en la que encontramos los comienzos de Yoda como Jedi) apunta a un futuro muy prometedor.

The Morning Show, Apple TV+

Apple TV+ enseñó en noviembre sus primeras 5 cartas de la baraja. De la que más me ha gustado a la que menos, siendo completamente subjetivo (no quiero entrar en debates), aquí está la lista: The Morning Show (una historia sobre el acoso sexual a la mujer en el mundo de los medios de comunicación, con un enfoque en el filo de la navaja que juega a la perfección en este tema tan polémico), Dickinson (la vida de la poetisa Emily Dickinson es un alegato en defensa de la mujer y de esa mujer, y de la libertad y de la igualdad, llevada a un lenguaje bastante contemporáneo), Para Toda la Humanidad (una distopía en la que los rusos pisan la luna por delante de los americanos, donde se analiza la influencia que tiene el ser el primero en el desarrollo tecnológico sobre la motivación de todo un país), Reina de Elefantes (un largometraje sobre la matriarca de una manada, en la que apreciar la belleza y fragilidad del planeta en que vivimos) y See (un futuro oscuro en el que los hombres han perdido la capacidad de ver y se vuelve casi a tiempos de la prehistoria, donde los diferentes son perseguidos por peligrosos para la sociedad).

Jason Momoa tapado hasta el cuello en See. Apple TV+

Aunque algunas agradables sorpresas han surgido después (como Defender a Jacob con Chris Evans), el arranque se vio un poco desinflado por el resultado del dineral invertido en su serie estrella See. Vale que todos en esa futura tierra estén ciegos y sean más aburridos que una tarde de confinamiento, pero tener a Jason Momoa, y no quitarle la ropa, solo se explica si crees que los espectadores están ciegos también. Queda mucha guerra por librar, se te echa de menos en estas primeras batallas.