Gracias por esta oportunidad. Cuando uno ya no sabe qué hacer en este confinamiento cruel (menos cruel que una guerra mundial, eso sí) aparece de pronto una obligación placentera, esta crítica fácil desde el sofá que llega más lejos que un grito desde el balcón. Miles de visitas en una semana ha tenido mi primera carta a un ser imaginario en Rewisor, imaginario pero tan real como si estuvieras vivo, querido Steve. La apuesta sube, a ver de qué va esta segunda carta, te preguntarás.

Está claro que criticar el software era lo más fácil. No te falta razón. Tanto desarrollador, tanta startup de tres al cuarto con buenas ideas y poco sacrificio, que por algún lugar se te acaba metiendo el diablo. Hoy vamos a hablar de hardware, la estrella sin mácula de la manzana. Sin mácula, dice… espera que se me acaban de dislocar las cervicales mientras salían despedidos mis AirPods por la ventana de la carcajada. Literal.

Aunque los chicos y chicas de Rewisor me han catalogado como Apple fanboy, tengo ya una cierta edad, la suficiente como para haber vivido el surgimiento, cenit y primer gran patinazo del diseño industrial de la marca de la manzana. Recuerdo perfectamente el primer producto que compré. ¿Un ordenador? Siempre te he sido fiel desde que comenzamos a salir, pero antes no, Steve, antes compraba PCs clonados: un infierno que la juventud de hoy en día no puede hacerse una idea. Esas miles de horas configurando e instalando un montón de basura modular para acabar disfrutando de un hardware de mierda y un software con más virus que un mes de abril de 2020. Mi primer producto Apple, como seguramente el de casi toda mi generación, fue el iPod.

Comenzaba el siglo XXI cuando tú y tu equipo os distéis cuenta del enorme potencial que tenía el mercado de los reproductores MP3 si erais capaces de ofrecer algo con estilo, simplicidad y capacidad de almacenamiento. Con tus vaqueros y tu jersey negro te subiste al escenario un 23 de octubre de 2001 para presentarnos el que sería el mayor catalizador del éxito de la marca hasta la fecha. Más que el iPhone, Steve. Es imposible no ver hoy el primer iPod con admiración absoluta: en su diseño está destilada toda la esencia de Apple. Celebramos, como no imaginas, el momento en el que Jonathan Ive entró en la compañía. Bajo su perfeccionismo y tu visión comercial, creasteis de la nada la mayor empresa en capitalización bursátil de la historia.

[Transistor T3 de Dieter Rams vs. iPod Apple]

Jonathan Ive ha sido el diseñador industrial más importante hasta la fecha en el siglo XXI (solo llevamos 20 años, pero menudos años). Hasta la reina de Inglaterra le ha nombrado Sir. Sorprende saber que haya abandonado hace nada la compañía para seguir trabajando para Apple pero desde fuera. Poco se ha sabido de los detalles, yo creo que ha sido el aburrimiento. Sir Ive supo como nadie crear una línea homogénea de diseño de producto. Tras unos primeros años jugando con el plástico y las transparencias coloreadas del primer iMac, en una noche de crisis existencial estoy seguro de que volvió a mirar la obra del mejor diseñador industrial del siglo XX (de la historia, a mi parecer) para resetear el ADN de Apple: un nuevo diseño inspirado en los productos de Braun del alemán Dieter Rams.

[Comparación de diseños de Dieter Rams con diseños de Apple]

Todo lo que uno imagina como esencia de Apple respira Dieter Rams. Es imposible ver su obra y que no te deje impresionado. Su decálogo del buen diseño se resume en la frase «tan poco diseño como sea posible». Lo peor que puedes hacer si eres diseñador industrial es ver sus productos, porque te darás cuenta de que a partir de Dieter Rams solo se puede ir a peor… salvo que te pongas a copiar. Picasso decía «los grandes artistas copian, los genios roban». Apple es el mejor ladrón de la historia y le damos gracias por ello. Samsung podría ser el segundo, pero en lugar de mejorar lo robado, lo empeora. Quien roba a un ladrón no tiene cien años de perdón en mis cartas. Dejemos el tema (por falta de objetividad dirán algunos).

[Diseños de Dieter Rams para Braun]

Con esto del diseño se me ha ido el santo al cielo, venía a hablar de los AirPods: ese engendro que ha tomado un inusitado protagonismo durante la cuarentena. Periodistas y entrevistados, viandantes, niños confinados… en todas las videollamadas del encierro aparecen esas dos velas derretidas colgando de las orejas.

Es muy fuerte que haya gente que se los compre falsos (es como llevar una copia de un bolso Chonel). Hasta el diseño de la cajita en la que se guardan y cargan, una versión futurista de la seda dental, ha salido rana: al caer al suelo tiene la habilidad de abrirse, lanzar un AirPod a 5 metros de distancia para seguidamente cerrarse como si nada. Querido lector de Rewisor, ¿verdad que te alegra saber ahora que aquella vez que solo encontraste un auricular dentro no se lo llevó el ratoncito Perez?

El iPod era un gran producto, pero Apple realmente dio el salto mortal cuando su agencia de publicidad TBWA/Chiat/Day, dos años después, lanzó la campaña de las siluetas coloreadas. En ellas, el foco no estaba en el producto (como siempre ocurre en las campañas de Apple) sino en las personas, que se transformaban gracias al primer wearable de la manzana, el cable blanco de sus auriculares que Apple, contra viento y marea, jamás ha querido fabricar en otro color. Las ventas se multiplicaron hasta el infinito. Había nacido la empresa a la que todo el mundo desearía parecerse los siguientes 20 años.

Retrasé la compra de los AirPods porque juré que jamás me pondría semejante aberración. Después de perder casi 700 Euros en varias alternativas que funcionaban así así, acabé comprando la nueva versión Pro: horrorosos también pero algo más discretos. Ni los Bosé con cancelación de ruido (bastante aparatosos y que te asan las orejas en papillote) ni los estilosos Bang and Olufsen (que se cuelgan del cuello pero que cada vez que lo rozan suenan como si tuvieras a Phil Collins aporreándote las orejas) fueron la compra definitiva.

¿Y los Beats? Hablaremos otro día de la única empresa que Apple ha comprado y ha mantenido con su marca original. Bueno, Beats y Shazam… el tema de la música tiene tela en la empresa que transformó para siempre la industria de la música.

Los AirPods son una maravilla de la tecnología, preciosos en la mano pero colgados de las orejas denotan un diseño que sería indigno para Dieter Rams. La decisión de cortar el cable de los auriculares, en lugar de diseñar unos nuevos partiendo de cero, ha sido el mayor error de diseño de hardware de la historia de Apple. Ya le pasó a Julio Iglesias cuando le quitaron el cable del micrófono: se aburría tanto sobre el escenario que se puso a tener hijos.