Hemos estado casi tres meses metidos en casa, sin salir más que para hacer la compra. Parece poco, pero eso son 24 horas los siete días de la semana, y eso repetido 10 veces. Síndrome de la cabaña, mirar por la ventana y ver las calles vacías, ansiedad por ir a comprar alimentos… y de repente todo parece volver a la normalidad. Sí, es normal que estéis preocupados.

Pasar de estar en el salón de tu casa sin contacto con nadie a caminar cada día a las 8 de la tarde y ver las terrazas de los bares llenas hace que nos preguntemos: ¿estamos haciéndolo mal? Sí, sabemos que son instrucciones de los expertos y que, en teoría, no debería pasar nada malo si guardamos las medidas de distanciamiento e higiene… pero las dudas están ahí.

Por fortuna, desde que apareció el virus en nuestras vidas hasta ahora ha pasado tiempo, y esa es la única moneda que le vale a la ciencia (además de dinero para investigar, claro) para hacer progresos. Se necesita tiempo para conocer algo de forma segura, cualquier otra ecuación es errónea. Pues bien, ahora parece que conocemos una cuestión vital sobre el coronavirus.

Con el fin de saber mejor de qué forma y en qué lugares se propaga la COVID-19 los investigadores están siguiendo, con especial interés, los nuevos focos de contagio que han aparecido en Corea, China y otros lugares del mundo.

Coronavirus supermercados china

Según informan en Wired, los datos surgen del rastreo de nuevos contagios en todo el mundo, porque esto les está ayudando a conocer los lugares de “superpropagación”. Sobre eso Muge Cevik, académico clínico especialista en enfermedades infecciosas y virología médica de la Universidad de St. Andrews, ha analizado diferentes conjuntos de datos para descubrir que la mayoría de las infecciones se produjeron en adultos que se reunieron en interiores -ya sea en hogares, lugares de culto, oficinas abarrotadas, residencias de ancianos o en el transporte público- y que mantuvieron un estrecho contacto durante más de 15 minutos.

Según los datos en los que se apoya este estudio, en China de 1.245 casos confirmados, sólo uno fue detectado tras una conversación al aire libre, todos los demás fue en entornos cerrados. En otra investigación también realizada en China, de 8.437 compradores y empleados de un supermercado que fueron rastreados después de que uno de los empleados diera positivo en el test de coronavirus se descubrió que el riesgo de infección era mayor para los empleados que para los compradores, con un 9% de compañeros que enfermaron en comparación con sólo el 0,02% de los compradores.

Si bien todos estos datos son muy prometedores para los que hacemos vida al aire libre, o para quienes están yendo a las terrazas a reencontrarse con sus amigos, los científicos dejan claro que sólo el distanciamiento social, junto con el evitar tocarse y besarse pueden hacer que salir de casa sea totalmente seguro para nuestra salud. La mascarilla sigue siendo clave junto a lavarse las manos.

Como veis, los expertos todavía nos piden que seamos precavidos y que reprimamos nuestros impulsos afectivos, pero también nos dejan claro que los contactos en la calle (esa acera llena de gente, esa terraza con un montón de meses ocupadas) son mucho menos peligrosos para nuestra salud de lo que parecen desde fuera.