«¡Doctor, doctor, mi tigre tiene COVID-19!» No, no es una frase salida del último episodio de Tiger King, esa cascada de delirios a medio camino entre el realismo sucio y los estertores finales de la postmodernidad, sino lo que debió decir el guarda del zoo del Bronx de Nueva York al veterinario del centro, quien no hizo sino confirmar su sospecha. Aquel tigre no era el único, otros cuantos leones también padecían afectación pulmonar. Era el primer caso detectado en EEUU de animales contagiados durante la pandemia… ¿pero, era el único en el mundo? Naturalmente,no.

Las mejores preguntas son las que conducen a las mejores respuestas. Y las mejores respuestas no son siempre las que más nos satisfacen sino las que describen de manera más completa la realidad. En este caso, hay cuatro preguntas fundamentales necesarias para entender la relevancia de las mascotas en la pandemia de la COVID-19.

¿Pueden las mascotas contraer la COVID-19?

Las mascotas, perros y gatos, pueden en efecto contraer la COVID-19. No es del todo sorprendente puesto que padecen infecciones por otros coronavirus, luego esta no es la primera vez que este tipo de virus coloniza a nuestros amigos menudos. Ni a los menudos ni a los mayores, todo hay que decirlo, porque caballos, pollos, cerdos y vacas, por mencionar solo algunos, tienen sus propios coronavirus del mismo modo que los humanos teníamos otros seis -ahora siete- que eran capaces de infectarnos.

El SARS-CoV-2 ha resultado ser, por razones fatalmente evidentes, el más famoso. Tras analizar a diecisiete perros y ocho gatos, un grupo de investigación de Hong Kong determinó que solo dos de los perros habían contagiado el SARS-CoV-2. Parecía que los gatos se salvaban. Sin embargo, en un estudio posterior publicado el 13 de mayo, investigadores de EEUU y Japón describieron algo distinto. Tras escoger a tres gatos sanos, les administraron el SARS-CoV-2 aislado de pacientes humanos de COVID-19. A los tres días, los tres gatos estaban infectados con el virus.

¿Pueden las mascotas contagiar a otras mascotas?

Curiosamente, del mismo zoo de aquel tigre -de nombre Nadia-, el laboratorio de Leyi Wang en la Universidad de Illinois analizó también a un chimpancé, un gorila, un armadillo, un perro y un gato. Pero solo Nadia resultó estar contagiada, al menos en aquel momento. Otro elemento clave es que los gatos, de los que Nadia era solo una prima mayor, son particularmente sensibles a los coronavirus, en concreto a los que tienen preferencia por el tracto gastrointestinal y no por el pulmonar.

Más aún, de los cuatro tipos de coronavirus, los β son los que menos infectan a los gatos… pero el SARS-CoV-2 es de tipo β. De ahí la sorpresa, o al menos una de ellas. Que esto nos sirva para entender que en ciencia en general y en inmunología en particular, esa querencia tan propia de nuestros días de categorizar todo en absolutos inamovibles es generalmente inaplicable.

En aquel estudio del 13 de mayo, el más reciente hasta la fecha, tras desarrollar los tres gatos la enfermedad, los distribuyeron en tres espacios separados y llevaron a tres nuevos gatos sanos, uno para acompañar a cada uno de los anteriores. A los dos días, se detecto el virus en uno de los nuevos gatos y a los seis días todos los gatos estaban infectados. Sin embargo, ninguno de ellos mostró síntoma alguno de enfermedad y todos los gatos fueron capaces de eliminar el virus sin mayor complicación. Que un gato pueda contagiar a un perro o viceversa es una pregunta sin respuesta hasta la fecha.

¿Pueden las mascotas contagiar a humanos?

Hasta la fecha, no existe documentación alguna ni evidencia científica de que tal cosa pueda suceder. Hoy ni la Organización Mundial de la Salud, ni el “Center for Diseases Control” de EEUU recomiendan nada parecido a deshacerse de las mascotas, sino practicar el aislamiento genuino si uno está enfermo, usar una correa más larga para los paseos, o acercarse a ellos para alimentarlos solo con mascarilla.

Los contagios de mascotas, pulpos y otros animales de compañía son hasta la fecha anécdotas en comparación con los casos de humanos. La COVID-19 es una enfermedad fundamentalmente humana. Además, según ensayos de laboratorio, se ha descrito que para infectar a estas clases de animales se requerían dosis particularmente elevadas de partículas virales, lo que hace pensar que existe una barrera molecular para el éxito de este virus en mascotas.

¿Entonces?

Entonces nos encontramos sin una respuesta inmutable, en la encrucijada clásica del avance científico, la de tomar decisiones con información parcial. Quizá a este punto hayas pensado que cómo es que se ensayó en gatos, y que cómo es que se infectó a macacos. Por desgracia, el estado del arte en investigación biomédica no nos permite prescindir totalmente de animales.

Sin embargo, cada día se utilizan menos y se utilizan mejor. Cada procedimiento en animales se documenta escrupulosamente y está sujeto a actuación y seguimiento cercanísimo de un comité de ética. Además, para realizar ensayos con animales, ha de justificarse que solo existe esa posibilidad y ninguna otra y que la investigación en sí es relevante y pertinente.

En definitiva, eviten tener tigres de mascota, pero no porque puedan contraer la COVID19, sino porque es un comportamiento solo propio de sujetos como Tiger King.

Por cierto, hoy Nadia se recupera felizmente en el zoo del Bronx de Nueva York.