Quizás habría que preguntarle a más de una o de dos pitonisas si el fin del mundo no era durante este 2020, ya que va a ser difícil que vivamos un año más extraño que el que estamos teniendo. La pandemia no sólo se ha cebado con la salud, sino también con la economía y, por supuesto, con nuestro estilo de vida. Estábamos tan acostumbrados a cosas que nos parecían habituales… que las hemos terminado echando de menos. Y una de ellas ha sido el E3 y, por consiguiente, las ferias de videojuegos.

La transición al modelo digital en nuestras vidas debía llegar cuanto antes. En general. Íbamos tarde y mal, y el maldito virus sólo ha servido para poner de manifiesto todos los problemas que teníamos como sociedad tecnológica, esa que la ha tenido ahí, pero no la utilizaba en su totalidad. Nos ha cogido de improviso, corriendo a todas partes y con falta de formación por parte de los profesionales en sectores claves. Adaptarse ha sido necesario de manera abrupta, véase el teletrabajo, y los videojuegos, por más que tengan un cariz audiovisual y avanzado, todavía tienen mucho que aprender.

[La conferencia de Electronic Arts totalmente digital de 2020]

Soy el primero que ha defendido que un E3 virtual podía funcionar, que podíamos vivir no ya sin esta feria, sino incluso sin cualquier otra. Qué equivocado estaba. Dicen que rectificar es de sabios, y yo de sabio tengo poco o nada, pero que aquí rectifico, me la envaino y saco valiosas conclusiones, de eso no me cabe duda alguna.

Pensaba que un E3 virtual podía funcionar por razones obvias: las plataformas audiovisuales y de streaming están más en boca y mejor que nunca, los videojuegos beben mucho de ellas y este se puede mostrar perfecto a los jugadores a través de un monitor. El propio E3 se disfruta más desde las casas que desde el propio recinto físico en ocasiones, ¿cómo no se iba a pensar que el evento iba a funcionar de forma puramente digital?

Sin ir más lejos, incluso durante las semanas de confinamiento, y a medida que iban cayendo en cascada la cancelación de eventos, el debate sobre si esto podía provocar la muerte de las ferias de videojuegos para siempre era algo recurrente. Es más, se hablaba en específico del E3, que ya llevaba unos cuantos años de capa caída y viendo a ferias como Gamescom pasándole por la izquierda y por la derecha una y otra vez. El pensamiento general es que estas ya no servían para nada… pero qué equivocado estábamos (yo el primero, recalco).

[Aquí tenemos la conferencia digital de SONY donde se presentó PS5]

El E3 es necesario no por la presencia física per se. El estar en un recinto es importantísimo para que jugadores y prensa puedan probar los productos, que los foros y redes sociales se llenen de impresiones de usuarios, de fotos y vídeos de los juegos, de las sensaciones que desprende cada producto, que se puedan corroborar datos, etc. Todo eso es vital, pero se olvida otra parte fundamental: la de centrar la atención, el foco informativo, en puntos concretos.

La verdadera razón de ser del E3, esa que parece que están llegando los Reyes Magos cada mes de junio, es que durante apenas tres o cuatro días tenemos una gran batería de videojuegos anunciados o que se están viendo por primera vez. Las compañías necesitan que el jugador se quede con su producto, y eso obliga a su vez a intentar que las presentaciones sean lo más certeras posible. De hecho, por esto último siempre ha existido la frase de “quién ha ganado el E3”. El E3 ni lo gana ni lo pierde nadie, pero sí se puede llevar el foco informativo tanto de prensa como de usuarios en función de lo que se haga, de cómo de aburrida o no puede ser esa presentación.

[El evento digital de Geoff Keighley para suplir el E3 2020]

Este seudo E3 que hemos vivido durante este 2020 ha demostrado que colocar conferencias sin ton ni son, repartidas en diferentes fechas, no ha sido una buena idea. Se ha perdido casi en su totalidad el punto clave, con eventos insoportables donde a bombo y platillo de World Premiere se nos intentaba vender lo que no era.

Pensábamos que con más tiempo repartido entre conferencias cada videojuego mostrado se vería más, pero se ha conseguido justo lo contrario: al poder meter casi cualquier producto, aunque no fuera novedad, se ha conseguido el hartazgo y aburrimiento del espectador. En lugar de centrarse en lo importante para que usuario y prensa se quedaran con ello, se ha abordado todo y nos hemos quedado con nada. Quien mucho abarca, poco aprieta.

El coronavirus pasará, la nueva normalidad se tornará la vieja normalidad conforme transcurran los meses y con ello volverán las ferias de videojuegos. O eso espero.