De los westerns aprendimos dos asuntos fundamentales. La primera es no llevar nunca al diablo a caballo. La segunda es que existen dos clases de personas, las que llevan el revolver cargado y las que cavan. Traída del Salvaje Oeste al Salvaje Siglo XXI, el hombre sin nombre nos enseñó que la capacidad de reacción gana batallas por enteros.

El 23 de enero el mundo ya disponía del genoma del SARS-CoV-2, el virus causante de la COVID-19: aquel fue el pistoletazo de salida en la carrera por la vacuna. 11 meses más tarde, y a una velocidad sin precedentes, el equipo de Pfizer-BioNTech va en cabeza con solidas y buenas razones. También hay dudas -e incluso problemas- que seguro enfrentaran aquellos encargados de traer la vacuna desde las mesas de laboratorio hasta los refrigeradores de los ambulatorios. Veamos cuales son las buenas noticias, la feas y las malas en este último, que no ultimísimo, capítulo de la carrera por la vacuna.

El bueno

1. Una vacuna de ARN mensajero, biotecnologíaelegante

Empecemos por la parte positiva, que para negativa solo hay que recordar aquellos meses de confinamiento absoluto y desesperanza general. La solución de Pfizer-BioNtech es una vacuna de tipo ARN mensajero (ARNm). El ARNm es el gran desconocido para el gran publico. Mientras que conceptos como gen, genoma o proteína resultan familiares, quién demonios sabe qué es el ARNm. Se trata del libro de instrucciones para construir cualquier cosa en nuestro organismo. ¿Y cómo se relaciona esto con la vacuna? El principio de cualquier vacuna es entrenar a nuestro organismo para que produzca anticuerpos contra el virus antes de que se produzca una infección por dicho virus.

[Imagen oficial de la vacuna de Pfizer – Crédito: Unplash]

Como comentamos en un articulo anterior, hay varias maneras de enseñar a nuestro organismo a realizar esta tarea. Una de ellas, la mas novedosa -porque no solo avanzan el 5G y los patinetes eléctricos, es hacerlo mediante ARNm. El ARNm codifica las instrucciones para fabricar ciertas proteínas de virus. Cuando se inyecta ese ARNm, nuestro organismo recibe tales instrucciones y es entonces capaz de fabricar esas proteínas. Entonces, nuestro sistema inmune se pone en marcha, detecta las proteínas del virus y genera anticuerpos contra ellas. Frente a una posible infección, nuestro organismo ya está entrenado pues ya conoce por dónde atacar al virus. Es un sistema muy inteligente que se vale de nuestra propia capacidad de fabricar proteínas y de generar inmunidad.

2. Eficacia superior al 90%

¿Qué quiere decir exactamente que haya resultados positivos de la vacuna? Estrictamente hablando, los individuos que recibieron las dos dosis de la vacuna con tres semanas de separación entre inyecciones, comparado con el grupo placebo, experimentaron un 90% menos de casos de covid que aquellos que recibieron placebo. Estos datos se extraen de la fase 3 de ensayos clínicos, queda en a que se ensaya la eficacia y la seguridad en grandes grupos de voluntarios y durante un periodo de tiempo más prolongado. ¿Cuánto es 90%? ¿No debería ser el 100? El absoluto no existe en estos casos.

En comparación con otras vacunas disponibles y que han pasado la prueba del tiempo, las eficacias son en muchos casos inferiores, del orden del 60-70%. La vacuna anual de la gripe que de tan buena prensa gusta y no sin razones, tiene una eficacia inferior, en torno al 50%. Los investigadores esperaban una eficacia inferior para el caso de la vacuna contra la COVID-19, de ahi la sorpresa de la comunidad científica, y la prudente alegría por los buenos datos.

[Crédito: Unplash]

3. Seguridad ante todo

¿Tiene esta vacuna efectos secundarios? Sí. Esencialmente todas los tienen. En este caso se trata de picores y algo de fiebre, en el rango de otras muchas vacunas e incluso mejor que algunas otras producidas por la misma compañía. ¿Cuándo estaremos seguros de que es segura? Algo tan importante como la eficacia es la seguridad. La FDA, agencia que regula la aprobación de fármacos y medicamentos en EEUU, tiene habilitado un sistema de validación de emergencia, una suerte de via rápida que evita los tramites más burocráticos y las largas esperas. De común acuerdo y por tratarse de un asunto en que la seguridad es de una importancia mayúscula, la FDA y el grupo Pfizer-BioNTech han decidido no pedir tal autorización.

En su lugar, van a esperar a que hayan transcurrido más de dos meses desde la segunda inyección para al menos la mitad de los 44.000 participantes en el ensayo clínico. La razón de esta decisión es sencilla: una vez más, vamos a rebufo de la enfermedad y nuestro conocimiento de los efectos a largo plazo es tan antiguo como los primeros pacientes conocidos, es decir, apenas un año. De esta manera, esperando al menos dos meses, se pretende minimizar el riesgo de efectos secundarios severos a largo plazo. Por si fuera poco, el presidente ejecutivo de Pfizer ha declarado que él mismo está dispuesto a recibir las vacuna el primero, por lo que pudiera pasar.

[La guerra de la vacuna no ha llegado a darse – Crédito: Unplash]

En general, es reseñable la actitud de las farmacéuticas. Aunque podría haberse esperado una batalla de notas de prensa comunicando el más mínimo y quizá irrelevante movimiento, su comportamiento está siendo ejemplar. Los comunicados de prensa se han restringido a hechos demostrables y tangibles y se han mantenido al margen de agendas políticas individuales. Juego limpio, bravo y gracias.

El feo

Uno de los mayores retos a los que la COVID-19 nos ha enfrentado es a la absoluta necesidad de inmediatez. En una circunstancia así, siempre hay dudas. Estas son algunas de ellas. Por lo pronto, una nota de prensa es toda la información de que se dispone acerca de la vacuna de Pfizer-BioNTech. Aún no se han publicado los documentos científicos. Es fundamental que la comunidad científica pueda analizarlos en detalle. No cabe esperar sorpresas, pero no por ello deja de ser necesario. Con la información disponible a fecha presente no se sabe si previene casos severos de COVID-19, aquellos que implican hospitalización y fallecimiento.

Tampoco sabemos si es capaz de proteger a mayores de 85 años, mujeres embarazadas y niños, que no se han incluido en los ensayos clínicos. Otro de los aspectos desconocidos es si previene que una persona porte el virus sin síntomas y durante cuanto tiempo protege, cuánto de duradera es la memoria inmune que suscita en nuestro organismo. Este aspecto es fundamental para luchar contra la exponencial fantasma, esa curva de contagios que a todos nos es familiar: pocos casos, pocos casos, y de repente centenares, miles, salidos como de la nada. En suma, con la información publicada al minuto, es pronto para predecir el real impacto que esta vacuna va a tener, lo mas que podemos decir es que tiene buena pinta, que hay esperanza.

Entrevista con Pedro Alsina vacuna contra el coronavirus busqueda investigacion foto portada
[Crédito: Unplash]

El malo

Ademas de las dudas que están por despejarse en uno u otro sentido, hay problemas sobre los que no cabe ninguna duda: habrá que afrontarlos incuestionablemente. El primero tiene que ver con la cantidad de dosis disponibles y la lista priorizada de quienes vayan a recibirlas. ¿Cuántas dosis estarán disponibles? El equipo de Pfzier-BioNTech asegura que si reciben la aprobación correspondiente, tendrán disponibles 50 millones de dosis para final de año.

Como para que sea efectiva hacen falta dos dosis por persona, eso implica que podrá vacunase a 25 millones de personas. Para el año próximo se comprometen a tener 130 millones de dosis disponibles. Aunque son números muy elevados, no son ni de lejos los suficientes para poder vacunar a la población satisfactoriamente. El segundo asunto problemático es la distribución y el almacenamiento. La vacuna ha de transportarse a 80 grados bajo cero. Sí, ha leído bien, a ochenta bajo cero. Cualquier centro de investigación u hospital cuenta varios de estos ultracongeladores.

[Crédito: Unplash]

La primera vacuna contra la COVID-19 está a la vuelta de la esquina y es un motivo genuino para la esperanza. Que pase de esperanza a realidad no depende solo de los investigadores, de los distribuidores o de los gobiernos, sino de usted, señora. Si conseguimos entre todos bajar los casos de contagio, serán necesarias menos dosis de la vacuna en una primera instancia de emergencia.

Con la mascarilla puesta y respetando las distancias de seguridad, los problemas de la cadena de frio —y cualquier otro— son menos problemas: el ingenio humano y el tesón no conocen límites. Habrá vacuna.