Venid, queridos lectores, y sentaos alrededor de nuestra hoguera. El relato que hoy os traigo une tecnología, hardware, a los servicios secretos y al mismísimo Gobierno americano. Adentrémonos, sin miedo a lo desconocido, en la historia del iPod Top Secret que tan sólo conocían cuatro personas en Apple… hasta ahora.

Para comenzar el relato toca explicar que este pasaje en la -oculta- historia de Apple ha visto la luz gracias a David Shayer y al medio TidBITS. Pero… ¿quién es David Shayer? Pues uno de los ingenieros que formaba parte del proyecto y colaborador necesario para desarrollar el iPod más secreto de la historia.

[iPod clásico junto a unos Airpods – Crédito: Unplash]

“Era un día gris de finales de 2005. Estaba sentado en mi escritorio, escribiendo el código del próximo iPod. Sin llamar, el director del software del iPod, el jefe de mi jefe, entró bruscamente y cerró la puerta tras él. Fue al grano: ‘Tengo una misión especial para ti. Tu jefe no sabe nada al respecto. Ayudarás a dos ingenieros del Departamento de Energía de los Estados Unidos a construir un iPod especial. Infórmame sólo a mí'”.

Con este inicio que bien podría ser la primera página de un guion de una película de espías, David va relatando como el Departamento de Energía de EE. UU. se puso en contacto con Apple para desarrollar un iPod Top Secret que debería ser creado con la mayor de la discreciones.

Una vez puestos en contacto, el papel de nuestro protagonista fue ayudar a los ingenieros del Departamento de Energía Paul y Matthew para que pudieran comenzar a trabajar. Él los recibía, les daba los accesos al edificio y les conseguía lo necesario para desarrollar el proyecto.

[David Shayer cree que no intentaron modificar el iPod Shuffle – Crédito: Unplash]

Pese a que Apple quería agradar al Gobierno, los poderes y la información que les dieron no fueron ilimitados -todos sabemos lo recelosos que son en la compañía de Cupertino con la privacidad-. Por ejemplo, no les dieron acceso a la red de internet interna, sólo a la pública, ni tampoco les permitieron utilizar el servidor de código fuente directamente. En su lugar, les dieron una copia del código fuente de ese momento en un DVD y les pusieron como condición que no podía salir del edificio.

Pero, ¿qué es lo que querían hacer desde el Departamento de Defensa? Pues agregar un hardware personalizado a un iPod y grabar los datos de este hardware personalizado en el disco del reproductor de una manera que no se pudiera detectar fácilmente. Su única condición es que tenía que verse y funcionar como un iPod normal.

Como en ese momento estaban por el iPod de 5º generación que ya llevaba compatibilidad con vídeo, el aparato era grande y relativamente fácil de abrir sin dejar marcas, a lo que se unía una capacidad de 60 GB que les permitía tener un montón de canciones y además grabar aquello que estuvieran registrando con su hardware secreto. Ah, y como esta edición no llevaba la firma digital de Apple en el sistema operativo, era sencillo hackear el sistema sin mucha complicación.

Este proceso de investigación y desarrollo tuvo a David Shayer ocupado durante meses, y por mucho que les preguntó a Paul y Matthew nunca les sacó información sobre el proyecto. Literalmente él no sabía que estaban haciendo.

[El iPod de 5º generación era un clásico – Crédito: Unplash]

Por fortuna para nosotros, el ya exingeniero de Apple en su artículo se atreve a adivinar el propósito del Departamento de Defensa, el cual en 2005 tenía un presupuesto de 9.000 millones de dólares para cumplir con los objetivos relacionados con la defensa de la nación. Según especula David Shayer los ingenieros del departamento estaban construyendo un contador Geiger invisible.

“Algo que pareciera inocuo, que reprodujera música y que funcionara exactamente como un iPod normal. Podías caminar por la ciudad, escuchando casualmente tus canciones, mientras grababas evidencia de radioactividad – escaneando por uranio contrabandeado o robado, por ejemplo, o evidencia de un programa de desarrollo de bombas sucias”, explica Shayer en el post.

En Apple no queda constancia de ningún contrato y si se les pregunta sobre el iPod Top Secret dirán que no tienen constancia de ello, o eso asegura nuestro protagonista. De los cuatro empleados de Apple que conocían el proyecto ya ninguno trabaja para la compañía, por lo que sus empleos no corren peligro. ¿Se animarán los demás implicados a corrobar esta historia?