Este artículo fue escrito por el Doctor David Tuffley, profesor titular de Ética Aplicada y Ciberseguridad en la Universidad Griffith, para The Conversation. Este artículo sobre el chip de Neuralink es una traducción del artículo original.

The Conversation

Hace unas semanas, el macaco de nueve años Pager jugó al Pong solo con su mente. Aunque esto parezca ciencia ficción, la demostración de la compañía de neurotecnología de Elon Musk, Neuralink, es solo un ejemplo de lo que se puede lograr con una interfaz cerebro-máquina (y no es la primera vez que se consigue).

Un robot quirúrgico implementó un disco del tamaño de una moneda (“Link”) en el cerebro de Pager, conectando las miles de micro hebras del chip con las neuronas responsables de controlar el movimiento.

Las interfaces cerebro-máquina podrían suponer enormes beneficios para la humanidad; pero, para ello, se tendrían que reducir los riesgos a unos niveles aceptables.

Un desconcertante juego de Pong

Al principio del vídeo, Pager aparecía jungando al Pong de forma tradicional, con un joystick. Cuando actuaba de forma correcta, recibía un pequeño trago de batido de plátano. Mientras iba jugando, el implante de Neuralink iba grabando todos los patrones de actividad eléctrica que se producían en su cerebro. Esto identificaba qué neuronas controlaban los distintos movimientos.

Entonces desconectaron el joystick y Pager continuó jugando únicamente con el poder de su mente – todo un campeón.

Esta demonstración de Neuralink estaba basada en otra anterior que se realizó en 2020, con la cerda Gertrude como protagonista. Gertrude tenía el chip instalado y se registraron los patrones cerebrales, pero no se evaluó ningún tipo de tarea.

Ayudando a las personas con lesiones cerebrales

Según Neuralink, esta tecnología podría ayudar a las personas con parálisis debido a lesiones cerebrales o espinales, dándoles la capacidad de controlar distintos dispositivos con sus mentes. Parapléjicos, tetrapléjicos y personas que han sufrido derrames cerebrales tendrían de nuevo la capacidad de poder realizar distintas actividades ellos solos.

Las prótesis también se podrían controlar con los dispositivos Link. Esta tecnología podría mandar señales de vuelta, haciendo que la prótesis se sintiera como un miembro real.

Los implantes cocleares cumplen esta misión, transformando las señales acústicas externas en información neuronal, que el cerebro traduce en sonido para que el portador “escuche”.

Neuralink también ha afirmado que su tecnología podría remediar la depresión, adicción, ceguera, sordera y otros trastornos neurológicos. Esto se conseguiría haciendo que el implante estimulara las áreas del cerebro asociadas con las diferentes condiciones.

Un punto de inflexión

Las interfaces cerebro-máquina tendrían más aplicaciones aparte de las terapéuticas. Para empezar, la interacción con dispositivos electrónicos sería mucho más rápida, comparada con otros métodos que implicaran el uso de manos o voz.

Una persona podría escribir un mensaje a la velocidad del pensamiento y no estar limitado por la destreza de sus manos. Solamente tendrían que pensar el contenido y el implante lo convertiría a texto. Este texto podría ser después transformado en sonido.

Quizá lo más emocionante sería una interfaz cerebro-máquina con la capacidad de conectar nuestras mentes a la nube. Teóricamente, la propia inteligencia “nativa” de una persona se vería aumentada al poder acceder a inteligencias artificiales.

La inteligencia humana podría multiplicarse enormemente. Imagina que dos o más personas se conectaran usando sus implantes. Esto supondría que los humanos lograrían un ancho de banda compuesto por intercambios de imágenes e ideas que nos enviaríamos de unos a otros.

De esta manera, se podría intercambiar más información en un par de segundos de la que dos personas lograrían transmitirse en minutos o, incluso, horas.

Algunos expertos permanecen escépticos: cómo funcionará esta tecnología aplicada en humanos cuándo se vayan a realizar tareas más complejas que jugar al Pong. “La neurociencia está muy alejada de entender cómo funciona la mente, mucho menos de saber cómo decodificarla” expresó Anna Wexler, profesora de ética médica y política de salud de la Universidad de Pensilvania.

¿Es posible hackear Neuralink?

 Al mismo tiempo, los investigadores de interfaces cerebro-máquina siguen preocupados sobre los posibles daños y perjuicios que puedan suponer estas tecnologías.

Sin una seguridad a prueba de balas, sería posible hackear los chips implantados y provocar un malfuncionamiento de los dispositivos. Las consecuencias serían fatales para la víctima.

A otros les preocupa más que una muy poderosa inteligencia artificial interfiera en la interfaz cerebro-máquina y tome el control del cerebro huésped.

La inteligencia artificial crearía una relación amo-esclavo y, antes de que nos diéramos cuenta, los humanos se convertirían en un ejército de drones. El propio Elon Musk declaró que la inteligencia artificial representaba un peligro para la humanidad. Dijo que los humanos necesitaban, eventualmente, fusionarse con las IA para eliminar la “amenaza existencial” que estas inteligencias podían presentar:

Considero que las inteligencias artificiales son subestimadas por las personas muy inteligentes porque estas personas no creen que un ordenador pueda llegar a ser más listo que ellos. Esto no solo es arrogante, también es falso.

Elon Musk

Musk llegó a comparar la investigación y el desarrollo de inteligencias artificiales con “invocaciones al demonio”. ¿Qué significa para nosotros esta declaración? Podría ser interpretada como una manera de asustar a la población, presionando a los gobiernos para que legislen sobre el desarrollo de IA de manera estricta. El propio Musk tuvo que negociar las regulaciones gubernamentales que rigen los vehículos autónomos y aéreos como sus cohetes SpaceX.

Vísteme despacio, que tengo prisa

Con todas las tecnologías potencialmente volátiles, es crucial dedicar el suficiente tiempo y esfuerzo para crear salvaguardas. Hemos conseguido hacerlo para una gran variedad de tecnologías pioneras como la energía atómica y la ingeniería genética.

Los vehículos autónomos son el ejemplo más reciente. Si bien es cierto que muchas investigaciones han demostrado que la gran mayoría de accidentes de tráfico son debidos al comportamiento de los conductores, sigue habiendo situaciones en las que las inteligencias artificiales serían incapaces de saber cómo actuar, pudiendo causar también accidentes.

Se han invertido años de esfuerzo y millones de dólares para conseguir vehículos autónomos seguros, pero aún queda por conseguir. Los viajeros no usarán este tipo de vehículos hasta alcanzar unos niveles de seguridad aceptables. Los mismos estándares han de aplicarse a estas tecnologías de interfaz cerebro-máquina.

Es posible diseñar seguridad aceptable para evitar que los implantes sean hackeados. Neuralink (y otras compañías similares como NextMind y Kernel) saben perfectamente que deben realizar este esfuerzo: dejando a un lado la percepción del público, no obtendrían la aprobación del gobierno de no ser así.

El año pasado, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos dio el visto bueno a Neuralink para el testeo de “dispositivos innovadores”, reconociendo el potencial terapéutico de esta tecnología.

Neuralink debe asegurarse en el futuro que sus dispositivos son fáciles de reparar, reemplazar y quitar en caso de malfuncionamiento o en caso de el portador quisiera quitárselo por otros motivos. En ningún momento estos dispositivos podrían dañar de ninguna forma al cerebro.

Si bien la cirugía cerebral puede sonar aterradora, lleva con nosotros desde hace varias décadas y se puede realizar de manera segura.

Dos imágenes del dispositivo Neuralink. En la primera, vemos como es un aparato del tamaño de una moneda, tiene una zona de alambre y está recubierto de plástico. Cuelga de él los hilos que se conectarían al cerebro. En la segunda, el dispositivo es sostenido por una mano humana.
[Chip de Neuralink]

¿Cuándo comenzarán los ensayos en humanos?

Según Elon Musk, las pruebas en humanos de los dispositivos Neuralink comenzarán a finales de este año. Aunque aún no se conocen todos los detalles, podemos imaginar que estos ensayos estarán basados en estudios anteriores. Tal vez intenten que alguien con lesiones en la columna pueda caminar de nuevo.

La investigación en neurociencia necesaria para esta interfaz cerebro-máquina ha avanzado mucho estas últimas décadas. Lo único que faltaba eran avances en ingeniería que pudieran solventar algunas limitaciones, como el poder crear una conexión inalámbrica entre implante y cerebro, en vez de estar teniendo que depender de cables.

Sobre si Neuralink sobreestima el potencial de su propia tecnología, solamente tenemos que fijarnos en el amplio historial de Musk de obtención de resultados en otras iniciativas (a pesar de los distintos retrasos).

Parece obvio que Neuralink debería continuar con sus ensayos terapéuticos; si bien es cierto que sus aspiraciones y predicciones más asombrosas deberían quedarse en un segundo plano por ahora.

Una unión entre humanos e inteligencias artificiales supondría futuro lleno de oportunidades siempre y cuando los humanos fueran los que llevaran las riendas. El mejor jugador de ajedrez en el mundo no es humano, ni es una máquina, es un equipo híbrido conocido como Centaur.

Y este principio se extiende a todos los campos de actividad humana en los que se están introduciendo inteligencias artificiales.