Después de una cadena de catástrofes y acontecimientos convulsos que este 2020 nos está brindando, podríamos pensar que se ha cumplido el deseo perverso de alguien que nos deseara “ojalá viváis tiempos interesantes”. Dicho proverbio chino, popularizado a través de la homónima novela de Terry Pratchett, hace referencia a una época ausente de paz.

Es así como podríamos definir un año en el que la pandemia del CoVid 19 nos ha empujado a una situación sin precedentes a la que incluso a día de hoy nos estamos adaptando, a falta de vacuna. De su mano, llega una crisis económica a un mundo en el que la estabilidad era el lujo de unos pocos y que puede dar paso, por otro lado, a un nuevo Renacimiento. Y, en las últimas semanas, ha estallado una rebelión contra un monstruo que llevaba latente en nuestra sociedad y que, al contrario de lo que muchos pensaban, nunca fue erradicado: el racismo.

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[Distrito 9: prohibido el paso a humanos]

El movimiento Black Lives Matter está experimentando una segunda ola tras su estallido el pasado 2013. El asesinato de George Floyd es la gota que colmó el vaso de un problema archiconocido, pero que pasaba con discreción en los medios de comunicación: la desigualdad racial en Estados Unidos y la brutalidad policial enraizada en su propio sistema. Y, por desgracia, no es ninguna novedad. La discriminación étnica es una de las letras mayúsculas con la que se ha escrito la historia de la humanidad desde sus inicios. El holocausto judío, la colonización de África y América, la esclavitud… no son más que los episodios más notables de una de nuestras miserias como especie.

La ficción como metáfora de la realidad

Como hemos comentado en otras ocasiones, la ficción y la realidad no están tan separadas cuando la primera se sirve de la segunda para mostrarnos problemáticas sociales con una pátina sobrenatural. Así, a través del cyberpunk observamos la relación amor-odio con la tecnología y posibles desenlaces en el futuro que podría acarrear. En cuanto al racismo, vemos cómo este sigue reflejado en mundos inventados a través de los cuales vemos reflejados, con otros nombres, mecanismos de poder vigentes.

El racismo fantástico es uno de los recursos más habituales en la literatura de fantasía. El portal TV Tropes lo define como “un subconjunto de uno de los viejos trucos para lidiar con temas espinosos a través de la metáfora”. Así, el autor dibuja un universo en el que en lugar de presentar el rechazo al pueblo gitano en España, nos plantea un sistema social similar en el que la discriminación existe por parte de los humanos hacia los elfos, o entre especies interplanetarias.

Asimismo, es habitual en obras de ciencia ficción plantear un nuevo orden mundial en el que la humanidad ha aprendido a respetar a sus semejantes y, por otro lado, se encuentra con especies y razas alienígenas con las que surgen de nuevo los prejuicios que se creían superados. Por ejemplo, en Star Trek vemos una humanidad hermanada en un universo donde los klingon son la otredad, aunque más adelante se acaban superando las diferencias.

[Imagen de Star Trek]

En el mismo artículo citado de TV Tropes se habla la inverosimilitud de un universo poblado por multitud de especies sintientes que convivan en perfecta armonía. Es prácticamente imposible dibujar la historia de un pueblo, incluso con orejas puntiagudas, sin añadir tensiones y conflictos que forjaran su identidad. Así, el Señor de los Anillos sería mucho más aburrido sin la guerra contra el ejército de Sauron, o sin la rivalidad entre Legolas y Gimli.

La alegoría de la miseria humana

Hay diferentes mecanismos a la hora de diseñar la identidad de un pueblo y su relación con otros tantos. Así, podemos crear un acontecimiento histórico dentro del trasfondo de nuestra obra que justifique una tensión sociopolítica presente en la narración.

Un ejemplo de esto son los elfos de la saga videolúdica Dragon Age y su relación con los humanos. Con un aspecto menudo y alejado de la belleza sobrenatural con la que los popularizó Tolkien, los elfos en Thedas eran inmortales hasta que empezaron a mezclarse con humanos. Después de recluirse para intentar mantener su pureza, estalló una guerra entre ambas razas que terminó con la esclavización de dichas criaturas mágicas. Recluidos en guetos llamados elferías, acabaron perdiendo la juventud y vida eternas.

Por otro lado, encontramos a los dalishianos, tribus nómadas que buscan recuperar su antigua gloria y preservar sus tradiciones. Las similudes con el pueblo judío no son casualidad, puesto que David Gaider, guionista de la saga, relató en su Tumblr personal cómo los nativos americanos y los hebreos sirvieron de inspiración para confeccionar su propia versión de los elfos.

[Fenris, elfo y antiguo esclavo]

En cuanto al propio Dragon Age, encontramos una historia grimdark que, en contraposición con la fantasía épica tradicional, nos plantea tensiones sociopolíticas que encuentran su raíz en conflictos que observamos en nuestro mundo: la tensión entre elfos y humanos como metáfora del racismo y el control de la magia como alegoría de la ética aplicada a la ciencia son algunos ejemplos.

Otro método a la hora de aplicar el racismo fantástico es establecer un orden natural en el que un bando es depredado por otro, lo cual justifica un sistema de opresión y una consecuente rebelión alrededor de la cual orbita la historia principal. Un ejemplo de esto es El Cristal Oscuro, en el que los Skeksis han perpetrado un genocidio contra los gelfling para absorber su esencia y prolongar su vida. En la película, asistimos al viaje de Jen y Kira, últimos supervivientes gelfling, para reestablecer el cristal y salvar Thra. En cambio, La Era de la Resistencia —precuela de la película— narra la rebelión de los gelfling y la unión los distintos clanes, para plantar cara a los Skeksis. A lo largo de la serie, asistimos a temas como el control de la información y las diferencias sociales en un mundo desbordante de imaginación, pero no muy diferente al nuestro.

[SkekSil intenta manipular al gelfling Rian]

La actriz Nathalie Emmanuel (Deet) destaca en Metro UK cómo la serie denuncia el racismo a través de la experiencia de su personaje: “Deet es víctima del racismo a causa del clan al que pertenece. Se enfrenta por primera vez a este tipo de problemas que no conocía cuando vivía bajo tierra con su gente”.

Por supuesto, si nos asomamos a nuestras estanterías encontraremos un sinfín de mundos imaginamos donde el racismo prosigue su veneno, aunque con otro rostro, nombre y apellidos. En muchos de éstos, encontraremos una enseñanza incómoda y necesaria, sin olvidar la lección y la guerra que se está librando al otro lado de nuestra ventana.