El país con más contagiados y más fallecidos se encuentra ante un problema grave. Por un lado están llevando bastante bien la realización de los test de contagios (es lo bueno de tener una industria farmacéutica muy fuerte que no le hace depender de terceros), pero por otro lado tienen uno de los sistemas sanitarios más ineficientes del mundo. Y este coctel nos deja una situación bastante inusual.

Está claro que las pandemias no son algo nuevo, la humanidad ha tenido que lidiar con ellas antes, pero lo que sí se ha dado por primera vez es una pandemia en pleno siglo XXI, con más herramientas que nunca para combatirla, con sistemas informáticos sofisticados y con una capacidad de rastreo nuna antes vista. Por eso mismo, lo que se está llevando a cabo en todos los países es un seguimiento brutal de infectados, curados, población de riesgo y demás factores… y todo para poder tomar las mejores decisiones de cara al futuro.

Esto, que es algo lógico y que no sorprenderá a nadie que haya visto las noticias en algún momento en los últimos tres meses, es la base para combatir al coronavirus. El problema es que hay países que no están haciéndolo todo lo bien que deberían. Y no nos referimos a las medidas adoptadas, ya que cada nación es un mundo, sino a cosas mucho más tangibles y más objetivas: la recopilación de datos.

Tal y como reza el titular, en EE. UU. hay un problema grave con esto, y lo peor es que la situación no tiene pinta de mejorar. En un país con las mayores empresas de tecnología y con 328 millones de personas el uso de los datos sanitarios actualmente debería ser una prioridad y una ventaja para luchar contra la COVID-19. Por desgracia para el país está siendo todo lo contrario.

Gracias a un post de Technology Review hemos podido saber que todos esos millones de test que se están realizando en EE. UU. no se están contabilizando igual en todo el país, lo que está dificultando la toma de decisiones a expertos y científicos en plena crisis.

Y, ¿esto por qué se da? Pues porque la salud pública es un sistema descentralizado en los Estados Unidos. Y esto hace que no haya un estándar de cómo los estados deben recoger y reportar los datos. Son los estados y sus departamentos de sanidad los que deciden cómo quieren manejar las pruebas, incluyendo la forma de recolectar, organizar y reportar los resultados.

Como informar en el medio americano: “Cada departamento de salud estatal reporta el número de pruebas positivas y negativas. Pero entonces surgen las disparidades. Los estados pueden elegir entre dividir o no los números geográficamente (como por ejemplo por código postal); contar los casos recuperados y las muertes (confirmadas y probables); mostrar las hospitalizaciones y factores como el uso de ventiladores o de la UCI; o incluir información demográfica como el origen étnico, la edad, el sexo y las condiciones preexistentes de los pacientes…”.

Si vemos como están llevando a cabo el conteo y la publicación, el estado de New York es el que mejor lo está llevando y con la mayor transparencia, ya que los datos en bruto están disponibles gratuitamente y se actualizan regularmente. Entendemos que al ser la zona más castigada en EEUU por el coronavirus se han visto obligados en ser, al menos, los más transparentes.

Es una verdadera lástima que un país con tantísimas posibilidades y medios para combatir el coronavirus se vea con las manos atadas a la espalda con un tema tan vital por culpa de esta mezcla de enfoques y estándares, ya que lo único que está consiguiendo son retrasos en la respuesta de los EE. UU. a la pandemia que les asola.