Seguramente sea un término que has oído y leído en los últimos meses. Y seguramente antes del coronavirus no habrías sabido ni escribirlo (el prefijo super siempre va junto a la palabra que le sigue, y sin guion ni tilde). La cuestión es que este virus nos ha cambiado hasta la forma de ver el mundo, convirtiéndonos a todos en expertos epidemiólogos. Y sobre esto va el artículo de hoy.

Ahora mismo en Reino Unido, Francia, Italia, España y otros muchos países el número de contagios y de muertos hace tiempo que comenzó a descender. Conseguimos aplanar la curva, como nos pedían las autoridades, y eso se ha conseguido gracias al trabajo de todos. El problema es que todo este sacrificio se puede echar por tierra por culpa de muy pocos.

Obviamente hablo de los supercontagiadores o supertransmisores. Pero, ¿qué son? Es un término genérico para un individuo inusualmente contagioso que ha sido infectado con una enfermedad. En el contexto del coronavirus, que es el que nos ocupa, los científicos no han dicho el número de infecciones que alguien debe causar para calificarse como un supercontagiadores, pero en principio hablamos de personas que contagian a más de tres personas de media.

Pero, si bien este punto del número de infecciones no está claro, cada vez hay más investigadores que abogan por el Principio de Pareto en la cuestión del coronavirus. Este principio se llama así por el economista italiano Vilfreso Pareto, el cual desarrolló una ley que aseguraba que de un fenómeno concreto que afectaba al 100% de la población éste era causado tan sólo por el 20% de ésta. Es posible que la conozcáis como la regla del 80-20.

Aplicándolo a este caso, que el 80% de las nuevas transmisiones son causadas por menos del 20% de los portadores, ya que la gran mayoría de las personas apenas infectan a otros individuos, y que es una minoría selecta de individuos la que está propagando agresivamente el virus.

Un estudio reciente que ha analizado la transmisión en Hong Kong apoya esta teoría, mientras que otro que analiza la transmisión en Shenzhen, zona clave en los contagios en China, sitúa las cifras más cerca del 90/10.

Lo malo es que no se puede combatir ni prevenir a los supercontagiadores, ya que no hay forma de saber qué hace que una persona infecte más de lo normal. Según los investigadores podría tener algo que ver con el aumento de la carga viral y la diseminación de más cantidad de virus de lo normal, pero aún no se sabe que desencadenaría que una persona se convierta en supertransmisor y tampoco hay forma de identificarlos a través de los medios convencionales (por ejemplo, esto no sale en las pruebas PCR).

Por todo esto, y sabiendo lo que hemos ido aprendiendo en los últimos meses, la clave en la nueva normalidad es la prevención y el distanciamiento social. Los dos metros de separación siempre que se posible, la mascarilla bien puesta (no en el cuello ni en el codo), las manos bien limpias y, muy importante, no tocarse la cara. Queda mucho por hacer.