Si alguno bueno ha tenido este 2020 es que el tráfico aéreo disminuyó a unos niveles nunca vistos. Como ya repasamos aquí hace no demasiado, las caídas en la aviación llegaron al 80%, dejando los cielos limpios y vacíos. Fue una buena noticia para el medio ambiente, dentro de toda la tragedia que suponía la pandemia, y parece ser que también fue una buena noticia para nuestra salud.

Según un informe que ha aparecido en el periódico Los Angeles Times, los aviones de Boeing llevarían años emitiendo gases tóxicos a través de la combustión de sus motores y, lo preocupante, es que parece que éstos se transmiten a los suministros de aire de los habitáculos.

[Eso son nubes, pero podrían ser gases si le echamos imaginación – Crédito: Unplash]

Tal y como leemos en el análisis del Times de los informes de seguridad de la NASA, desde enero de 2018 hasta diciembre de 2019 se identificaron 362 fugas de gas que los miembros de la tripulación informaron a la agencia, teniendo como consecuencia que más de 400 personas (entre pilotos, auxiliares de vuelo y pasajeros) recibieran atención médica.

Que el avión produzca gases tóxicos se debe a que el aceite caliente del motor del avión se filtra en el suministro de aire, provocando humaredas perjudiciales dentro de la nave.

Según el informe, estos gases tóxicos huelen terriblemente mal y, lo grave, es que aunque no todo el mundo enferma, pueden provocar vómitos, escalofríos y, en algunos casos, se han relacionado con problemas neurológicos graves.

[El habitáculo se llena de un humo con un color insoportable – Crédito: Unplash]

Por esto, las aerolíneas llevan años pidiendo a Boeing que instale sensores de aire, pero la empresa americana se niega, ya que a los ingenieros de Boeing les preocupaba que los datos de los sensores se usaran como pruebas en las demandas de los pasajeros y miembros de la tripulación enfermos, según se ha podido saber por los correos electrónicos internos y las declaraciones juradas que ha obtenido el periódico angelino.

Y el problema legal es que las aerolíneas no están obligadas a informar de los ocasionales gases tóxicos de los aviones y que la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos “no tiene planes” de exigir filtros de aire o sensores de aire en los aviones.

La cuestión es que con todo este escándalo público el balón se encuentra sobre el tejado de Boeing, la cual es posible que se vea obligada a dar una respuesta a la ciudadanía tras años escondiendo un problema muy real que ha afectado a cientos de personas en tan sólo dos años.