Hace exactamente 23 años, el 1 de julio de 1997, Reino Unido entregaba la colonia de Hong Kong a China, convirtiéndose así en una región especial de la gran potencia. Hace exactamente un año, el 1 de julio de 2019, los manifestantes hongkoneses asaltaban el edificio del Consejo Legislativo motivados contra la ley de extradición.

Este 1 de julio vuelve a definir la historia de Hong Kong: por primera vez en los últimos 17 años los manifestantes prodemocracia no podrán marchar contra la soberanía china de su territorio, el mismo día que entra en vigor la nueva ley de seguridad nacional.

¿Qué está pasando en Hong Kong? Llevamos un año viendo las imágenes impactantes de las protestas de la antigua colonia británica. Sabemos que pasa algo importante, algo que tiene que ver con la democracia y los derechos humanos pero, exactamente, ¿qué?

De colonia británica a región especial china

“Un país, dos sistemas”. Esa era la consiga detrás del acuerdo alcanzado en 1984 entre China y Reino Unido. En 1997 los británicos pondrían fin a su dominio colonial en Hong Kong y devolverían su soberanía a China, con una condición: durante los próximos 50 años el territorio mantendría su autonomía en lo referente a fronteras, legislación y libertades. China se hacía cargo así de la defensa y los asuntos exteriores de la región.

[Imagen icónica de los puentes que conectan Hong Kong. Crédito: Unplash]

Sin embargo, el acuerdo comenzó a palidecer con la llegada de Xi Jinping al poder del gigante asiático en 2013. La amenaza a las libertades y el statu quo de Hong Kong desembocó en una ola de protestas denominada la Revolución de los paraguas. Fue el germen del descontento social que exigía una verdadera democracia.

El sistema actual de la región permite a sus habitantes elegir solamente a una minoría de sus representantes, el resto son colocados a dedo por el gobierno chino. Actualmente, Carrie Lam ocupa el cargo de Jefa Ejecutiva de Hong Kong y se rodea de otros políticos afines a las directrices de Pekín.

Partiendo de su incapacidad de verse reflejados en las instituciones, pero con la libertad de expresión de su parte, es propio que los hongkoneses muestren su descontento político a través de las protestas que llevamos tiempo viendo. Hasta ahora.

[La Revolución de los paraguas. Crédito: Unplash]

La nueva ley y el fin de las protestas

El Congreso Nacional de China ha aprobado con un voto unánime la ley de seguridad nacional para Hong Kong. Esta norma ha sido recibida como una amenaza a los derechos y las libertades de los hongkoneses y llega, precisamente, tras la intensificación de las protestas de la región. La ley, que por supuesto restringirá la libertad de expresión y de protesta, busca criminalizar la secesión, subversión y colusión con fuerzas extranjeras. La interpretación de esta queda en manos de Pekín, dando prioridad a sus preceptos frente a la legislación vigente hasta ahora.

China frente a la Comunidad Internacional

Distintos países se han opuesto ya a esta medida que coarta los derechos de los ciudadanos, empezando por Estados Unidos: la superpotencia entiende que con esta norma Hong Kong deja de ser una región independiente y que existe un riesgo de que la tecnología sensible estadounidense caiga en manos de China, como ha indicado su Secretario de Estado.

Desde el Parlamento Europeo han mostrado también su rechazo a la ley de seguridad y amenazan con llevar a los responsables ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya.

Es, por su historia, especialmente relevante la respuesta británica, que denuncia que se trata de una violación de la Declaración Conjunta Sino-británica y que esta decisión podría terminar con la línea de “Un país, dos sistemas”, que se establece al menos hasta el 2047.

Se apagan las voces de la revolución

Las voces detrás de las protestas han recibido la noticia con tristeza: “El fin del Hong Kong que el mundo conocía hasta ahora”, así se expresaba en su cuenta de Twitter Joshua Wong.

https://twitter.com/joshuawongcf/status/1277794267994390530

Wong, quien en 2014 y con solo 18 años fue el rostro de la Revolución de los paraguas, disolvía hace unas horas el grupo político Demosistō. La organización, que abogaba por la autodeterminación de Hong Kong, prevé un futuro incierto y piden el amparo de la comunidad internacional para defender sus derechos.

El joven activista define el perfil de los manifestantes que se rebelaban contra el sistema y que, por su consciencia y preocupación, estaban dispuestos a arriesgar sus vidas alzando sus voces en pro de la libertad y la justicia en su territorio.

“Con poderes radicales y leyes mal definidas, la ciudad se convertirá en un estado policial en secreto. Los manifestantes se enfrentan ahora a ser extraditados a los tribunales de China con el riesgo de ser juzgados y sentenciados a la cadena perpetua”, indicaba Wong.

El futuro de Hong Kong en China

Las sentencias de Wong no andan muy lejos de la realidad china. Cada día más cercanos a una distopía, sus ciudades cuentan con sistemas de vigilancia de tecnología punta: cámaras por todas partes, sistemas de detección biométricos y dinero en efectivo totalmente obsoleto. Así lo reflejan los 2,6 millones de cámaras de vigilancia que cubren la ciudad de Chongqing, al suroeste del país.

El Estado, basado en su sistema ultracapitalista, está preparado para detectar cada transacción y cada movimiento de sus ciudadanos, listos para estudiar sus hábitos e inquietudes.

Esto es la que está pasando en Hong Kong portada

Cabría esperar que el crecimiento económico de la potencia China se tradujese en más libertad, pero el avance de las tecnologías ha servido como un instrumento de control para sus líderes, algo que podría establecerse pronto en Hong Kong.

De seguir siendo amenazadas, las libertades de millones de personas que se identifican como hongkonesas y que rehúyen la identidad china, podrían verse totalmente controladas por el gigante asiático.