Solemos tender a creernos que el mundo es tal y como nos lo imaginamos en nuestras cabezas, y que lo que nos enseñaron en la escuela es inamovible y cierto. Y esto es así hasta que llega Google y te pone patas arriba tus creencias y conocimientos. Nuestros mundos están estables hasta que Sundar Pichai nos agita la coctelera.

Debido a que Android tiene una posición dominante en el mercado con un 80% de la cuota de los smartphones a nivel mundial, la aplicación de mapas y GPS de Google Maps tiene un impacto brutal en el conocimiento de los ciudadanos en cuanto a geografía. Para muchos, si un lugar no sale en Google Maps es que no existe.

Por eso la noticia de que Google no muestra lo mismo en sus mapas en todas las partes del planeta, adaptándose a cada región, ha conseguido que se abra un debate: ¿Es el mundo igual para todo el mundo? La respuesta es, claramente, no.

Pero no a nivel geográfico, por supuesto, ahí los gobiernos y las empresas no pueden hacer nada, el cambio viene en el mapa político, en las fronteras entre países y regiones, ya que en eso hay mucha gente que manda y tiene la influencia necesaria para oprimir o hacer desaparecer ciertas zonas. Vamos a explicar esto, porque es grave.

Pese a que hacer mapas no parece algo que debiera tener mayor problema ni mayor ciencia desde que existen los satélites, la toma de decisiones de Google sobre éstos es un misterio, incluso para sus propios trabajadores. Ya que los criterios que se siguen no sólo atienden a la historia y las leyes locales, sino que también responden a los caprichos cambiantes de los diplomáticos y gobernantes, o eso aseguran desde Google algunos trabajadores que no quieren dar sus nombres por miedo a represalias, dicen en su reportaje el The Washington Post.

“Nuestro objetivo es siempre proporcionar el mapa más completo y preciso posible basado en la verdad del terreno”, asegura Ethan Russell, director de gestión de productos de Google Maps. “Nos mantenemos neutrales en cuestiones de regiones y fronteras en disputa, y hacemos todo lo posible para mostrar objetivamente la disputa en nuestros mapas usando una línea fronteriza gris discontinua. En los países donde tenemos versiones locales de Google Maps, seguimos la legislación local al mostrar los nombres y las fronteras”.

¿Y qué significa esto en la vida real? Pues vamos a usar un ejemplo que en España es muy conocido y que sirve para entender esto a la perfección. Al norte de África, muy cerca de nuestro país, existen dos territorios, uno es Marruecos y el otro es el Sahara Occidental, ambos independientes entre sí en la teoría, pero no en la práctica. Para quienes no lo sepan el Sahara Occidental es uno de los 17 territorios no autónomos bajo supervisión del Comité Especial de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas, con el fin de eliminar el colonialismo.​

Pese a ello, el territorio está ocupado​ actualmente en su mayor parte por Marruecos, que lo llama sus Provincias Meridionales, aunque la soberanía marroquí no está reconocida ni por las Naciones Unidas ni por ningún país del mundo. Es decir, el país grande tiene invadido al país pequeño. Y, ¿cómo se traduce esto en Google Maps? Lo tenéis en la imagen.

Si entramos a Google Maps desde el Sahara Occidental podemos observar cómo sí hay unas líneas que marcan la frontera con Marruecos, pero si nos metemos en el Maps desde el país marroquí esas líneas desaparecen. Es decir, en Marruecos la gente de Google le ha comprado el discurso de que el el Sahara Occidental les pertenece.

Pero este tipo de atropellos a la realidad y a la libertad de los pueblos no acaba aquí, ya que tenemos otro ejemplo de cómo Google se posiciona casi siempre del lado del poderoso como sucede con la representación de la frontera entre Ucrania y Rusia. En Rusia, la Península de Crimea se representa con una frontera de línea continua, dejando claro que está controlada por Rusia, mientras que los ucranianos y el resto del mundo ven una frontera de línea intermitente. La península, de importancia estratégica, es reclamada por ambas naciones y fue tomada por Rusia a la fuerza en 2014.

La importancia de Google sobre cómo se ordenan los territorios a través de sus mapas es enorme, tal y como se demostró en 2010 al mover una parte de la frontera entre Costa Rica y Nicaragua -una isla pasaba a estar controlada por el país vecino- y desde los gobiernos de estos países se utilizó este movimiento de fronteras virtual para justificar el movimiento de tropas a dicha región. Por fortuna Google rápidamente corrigió el error antes de que la sangre llegara al río.

Esto nos demuestra que, al final, este tipo de empresas son multinacionales privadas, con sus propios intereses, que no van a tener problemas con retorcer la realidad si con ello consiguen mantener sus negocios. Y esto nos demuestra a nosotros, ciudadanos y consumidores de servicios de origen privado, que no hay que dar nada por cierto y que tenemos que exigir mucho más a estas compañías, o acabarán siendo quienes manipulen nuestras vidas a su antojo.