La pandemia es un problema que nos tiene a todos preocupados, pero está claro que hay países que están peor que otros. Si bien Italia y España fueron los dos estados que más estaban sufriendo el coronavirus después de que en China consiguieran parar la ola, ahora en EEUU están a la cabeza de contagiados y fallecidos, y las proyecciones no son muy alentadoras.

Y como en tiempos de crisis las alianzas se producen donde menos te lo esperas, en esta crisis de la COVID-19 quienes han decidido juntarse son dos de las mayores compañías tecnológicas del mundo y que, curiosamente, son norteamericanas y rivales. Sí, hablamos de Apple y de Google, los dos reyes del sector, ya que tienen en desarrollo una herramienta para prevenir contagios.

Hablamos, concretamente, del rastreo de contactos a través del smartphone. Y, ¿qué es esto? Pues seguir por geolocalización a todos los ciudadanos y saber con quién han estado en contacto, ya que esto permite a las autoridades tener un informe completísimo de qué personas han estado en contacto con quien y así poder hacer un seguimiento sin fallos en caso de contagio.

Esta idea surgió porque al comienzo del brote de coronavirus en EEUU, los funcionarios de salud pública revisaron cuidadosamente el historial de contactos recientes de cada caso recién diagnosticado de COVID-19, ya que hasta ahora la población en riesgo de contagio es aquella que ha estado en contacto con un enfermo.

El problema es que a medida que el número de casos comenzaba a aumentar en algunas áreas, los recursos dejan de ser suficientes para rastrear los contactos de cada nueva infección. Un brote de coronavirus en una fiesta en Westport y Connecticut, por ejemplo, dejó a los expertos locales con listas de cientos de contactos potenciales, y teniendo que dejar de lado este protocolo porque se hizo imposible rastrear a todo el mundo.

Y es justo ahí donde Google y Apple han aparecido, ya que tienen una solución tecnológica que podría hacer este rastreo de forma eficiente, mecanizada y, a ser posible, confidencial. Este sistema se basaría en la utilización del Bluetooth de los smartphones, ya que de esta forma podrían trazar un mapa muy preciso de quien ha estado en contacto con quien.

Esta herramienta, en colaboración con los organismos oficiales, puede registrar a cada ciudadano que da positivo por COVID-19 para así rastrear con qué personas ha estado y quienes pueden haber estado expuestos al virus, lo que permitiría a los hospitales hacer acciones de contención de forma temprana y consiguiendo, así, frenar drásticamente la propagación.

La gran duda, sobre todo planteada desde Europa, es si esta aplicación de rastreo respetará la privacidad de los ciudadanos. Y para asegurarse de que lo que llegue a nuestro continente es fiable, desde la Unión Europea han establecido una serie de recomendaciones para ayudar a proteger la privacidad y fomentar la transparencia de estas aplicaciones. Entre estas recomendaciones está la reducción al mínimo de la recopilación de datos, la preferencia por los métodos menos intrusivos de seguimiento y la eliminación de datos una vez que la pandemia haya disminuido.

De momento la colaboración entre Apple y Google aún no ha llegado a las instituciones, pero el propio Donald Trump, presidente de EEUU, ha dicho que esta solución le parece muy interesante y que su equipo, ahora mismo, está estudiando las posibilidades de utilizarlo a nivel nacional.

Quitando el peligro de la privacidad de los usuarios, no hay duda que las tecnologías actuales pueden y deben ser la herramienta diferenciadora de cara al futuro si queremos que esto no vuelva a suceder.