El ambiente se ha caldeado estos últimos días con lo que se ha convertido en la noticia del mes: El Rubius se muda a Andorra.

Literalmente días después de que Ibai se volviese a hacer viral (si es que algún momento del día no lo es) por defender su residencia en España y pagar impuestos aquí, Rubén Doblas, alias El Rubius, anunciaba en un stream de Twitch que, tras más de 10 años cotizando en España, había decidido mudarse.

La noticia, como era de esperar, provocó reacciones muy apasionadas: unos le querían llevar a la guillotina, otros le encumbraban como un héroe neoliberal y de paso El Xokas se convertía en un nuevo icono de Twitch.

Y aunque todo el mundo ha puesto a los youtubers en el centro del debate, creo que es momento de que le demos la vuelta a la cámara y pongamos en el objetivo a otro protagonista: la Agencia Tributaria.

Hacienda somos todos pero yo no lo veo

Desde que el mundo es mundo, el fisco ha tenido un problema de comunicación. En España la AEAT no ha intentado hacer nada por resolverlo más allá de su famosa frase de que “Hacienda somos todos”, un eslogan que no ha cambiado desde 1978 y se remonta a un discurso de Bravo Murillo del siglo XIX.

El problema es que más allá de esa frase lapidaria los únicos mensajes que recibimos los contribuyentes por parte del fisco son las cantidades que debemos pagar, una lista de condiciones innegociables y unos números rojos en el extracto del banco.

Ni un gracias por tu contribución, ni nada que me haga entender qué se ha hecho con mis impuestos. Como mucho, la única manera de agradecerlo es no multándonos o no mandándonos a la cárcel. Andorra en cambio, no deja de seducir a las grandes fortunas.

[Imagen de las página web Actua, de Andorra]

Y podríamos decir que es lo que hay, que Hacienda no es la cafetería de la esquina, que tiene que competir con Starbucks, o la librería de barrio que tiene que usar su trato humano para que no compres en Amazon, pero resulta que estamos en 2021 y desde hace años exigimos que se nos deje de tratar como a un número y se nos trate como a personas.

Si lo exigimos de las empresas, a las que podemos dar nuestro dinero o no, ¿cómo no vamos a exigírselo a quien más dinero nuestro recibe? Aparte, compartimos frontera con Andorra y no hay nada que nos impida coger el coche, cargarlo con nuestro muebles de Ikea y trasladarnos allí.
Es por eso que yo lo admito: entiendo al Rubius.

Por qué entiendo al Rubius

Para entender por qué digo esto a pesar de que no estoy de acuerdo con lo que ha hecho, dejemos a un lado Hacienda por un rato y juguemos a ser El Rubius por un rato.

No tienes ni 30 palos y llevas en esto desde antes de los 20, has estudiado lo justo porque empezaste a ganar dinero antes de necesitarlo y te hiciste millonario a la edad a la que otros están todavía pensando qué hacer con su vida.

Nadie, absolutamente nadie, te ha explicado lo que son los impuestos. Has escuchado cosas por ahí: “es lo que te roban los políticos”, “en España te sajan”, “si no vas al colegio público o no vas al médico te están robando por la cara” y otras perlas cuñaderas.

Es cierto que pasar por la universidad tampoco te iba a hacer aprender demasiado sobre tus obligaciones fiscales ni tu realidad tributaria porque es un tema para el que no nos preparan en todo nuestro recorrido estudiantil, a no ser que estudies empresariales.

Eso sí, eres El Rubius así que cada trimestre, palazo. No un poco, un pastón y cuanto más ingresas, más grande el palo y a fin de año otro tanto y te empiezas a preguntar “¿a dónde va a parar esto?”

Te dicen que para carreteras y hospitales pero por lo que ves en la noticias es para que unos señores y señoras trajeados se lo lleven muerto y roben como si el mañana no exisitiera. Tu pasta, la que te ganas tú currando como un cabrón, compartiendo tu vida segundo a segundo.

“Vete a Andorra”

Estás ganando billets así que tienes asesores. Les preguntas qué hacer. “Vete a Andorra”. Pero tú has oído que eso está mal, que hay que ser cabrón para hacerlo, aunque te duela cada tres meses.

Preguntas a tu colega el Grefg, que lleva ahí desde que empezó su carrera. Has hecho el anuncio de la Play 5 con él solo que tú eras el prota. Le han pagado menos pero te cuenta lo que se ha llevado y es más que tú. ¡¿SERÁ CABRÓN?!

Y entonces llega el cierre de año y cuando toca mirar tus cuentas, el fisco te las mira con lupa. Porque haces más pasta que Alemania o sea que seguro que algo escondes, aunque no lo hagas.

Harto de sentirte como un ladrón o un imbécil (spoiler, no lo eres) decides dar el salto y pirarte a Andorra y antes de tocar la nieve pirenáica te estalla en la cara una ventisca de mierda. La mitad del país te odia y se les ha olvidad que llevas aportando cerca de un millón al año desde hace 10.

Ahora despierta del sueño y deja de ser El Rubius. Piénsalo: aquí hemos perdido todos y mientras nos peleamos por ver si hay que lincharle públicamente o no, dejamos a un lado algo importante: Hacienda no está haciendo bien su trabajo.

Por qué hace falta una buena comunicación en la AEAT

Está claro que la mayoría no entiende bien sus impuestos. Por un lado, todavía se confunden los tramos de IRPF y la mejor manera de explicarlos surgió, cómo no, en una cuenta de Twitter: la explicación de los helados.

Hacienda en cambio te enseña esto:

Otra cosa curiosa es como a pesar de conocer con exactitud cada gasto de mi vida, Hacienda sigue actuando como si fuera un desconocido. En mi caso por ejemplo, insistiendo en ofrecerme tachar la casilla de la iglesia.

Es como si Amazon me ofreciera filetes sabiendo que no como carne. ¿Cómo es posible que sepan más de mí que la agencia que lleva cobrándome mis impuestos desde hace más de 20 años?

Pero obtener información amigable, comprensible y detallada sobre el destino de nuestros impuestos no es imposible. Gracias a un vídeo que publiqué en Instagram una amiga me enseñó esta página: dondevanmisimpuestos.com

Una web que utiliza un código parser disponible en Github “que recorre las páginas publicadas por el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, extrae la información que queremos tratar y la convierte en reutilizable”.

La web traduce al español lo que Hacienda se empeña en explicar en un idioma que solo entienden nuestro gestores y que hace que me sienta como un imbécil cada vez que veo mis cuentas y no entiendo nada.

Además, ayuda a ver qué objetivos se realizan gracias a mis impuestos y por qué mi tributación importa.

Hacienda 2021

Mi pregunta es la siguiente: ¿por qué no hace esto Hacienda? ¿Acaso lo hace y no me está llegando? Hacienda no está siendo capaz de hablar a las nuevas generaciones de contribuyentes en un idioma respetuoso con sus necesidades.

Ya no somos nuestros padres, que agachaban la cabeza y pagaban lo que fuera, o intentaban currar sin factura para ahorrarse unos duros. Queremos tributar y queremos facturar pero necesitamos que Hacienda nos hable en nuestro idioma, no en el del NODO.

Un ex-alumno me decía que hacía tiempo que pensaba que Hacienda, algo que todos tenemos en común, necesitaba un rebranding. Puede que tenga razón pero yo diría que con una mejora en su comunicación ya estaría dando un paso de gigante.

Hacienda en el idioma de Andorra

La realidad de nuestra era digital es que las personas ya no aceptamos ser uno más en un sistema del que no comprendemos nada. Necesitamos entender lo que pasa, que se nos trate bien y, a veces, que se nos expliquen las cosas como si fuéramos niños. Porque no nos da la vida para ser expertos en todo.

Eso incluye a las instituciones. Si Google y Apple me tratan como a un individuo, ¿por qué no debería hacerlo Hacienda que es la entidad a la que más fiel he sido desde que empecé a ganar dinero?

[Si Google lo hace, ¿por qué no Hacienda? – Crédito: Unplash]

Si en la taza del Starbucks alguien escribe mi nombre a mano, ¿cómo no voy a esperar que Hacienda se moleste en desglosarme el destino de mis impuestos de una manera sencilla de entender? Aunque sea para que me lleve algo más que un negativo en la cuenta y la sensación de que mi dinero se va pero sin que yo tenga idea ni control de a dónde.

Si Hacienda somos todos, que me traten como a alguien del equipo y no como a una vaca a la que ordeñan y luego pasan a la siguiente. Porque yo sé que no, pero la verdad es que en más de una ocasión me he sentido exactamente así. Y supongo que es lo que le pasa a muchos de los youtubers, deportistas y demás ex-contribuyentes que han optado por la salida fácil.

Puede que sea difícil, que tengan que destinar recursos a hacerlo y que nos salga más caro a todos, pero merecerá la pena intentarlo porque Andorra no se va a mover de donde está.