La NASA ha confirmado la existencia inequívoca de agua en la Luna. No solo es la primera vez que se detecta dicho compuesto en la superficie iluminada del satélite natural terrestre, sino que además parece ser mucho más abundante de lo que se pensaba. Este hallazgo, publicado ayer en la revista Nature Astronomy, supone un gran avance y abre nuevas posibilidades de cara a la construcción de bases lunares, un proyecto en el que la NASA trabaja a largo plazo.

El descubrimiento ha sido posible gracias al observatorio SOFIA (Observatorio Estratégico de Astronomía Infrarroja), un avión Boeing 747SP de la NASA modificado para transportar un telescopio infrarrojo de 2,7 metros de diámetro. Este observatorio volante se desplaza a una altitud de unos 13 kilómetros, es decir, por encima de más del 99% del vapor de agua de la atmósfera terrestre, por lo que ofrece una vista del sistema solar sin apenas obstáculos.

Concretamente, SOFIA ha observado el cráter Clavius, ubicado cerca del polo sur de la Luna y con un diámetro de 200 kilómetros. Lo ha hecho emitiendo una luz infrarroja sobre la superficie lunar. En función de la longitud de onda del reflejo, se pueden detectar diferentes sustancias. Hasta ahora, aunque existían signos de agua en la superficie de la Luna, la luz infrarroja reflejada no había permitido distinguir entre agua (H2O) y grupos de hidroxilo (OH). En cambio, la longitud de onda que ahora se ha detectado solo puede emitirla el agua.

Este hallazgo en la superficie lunar iluminada por el Sol abre una gran cantidad de interrogantes. Así lo plantea la autora principal del estudio, Casey Honniball: “Sin la protección de una densa atmósfera, el agua en la zona de la superficie lunar iluminada por el Sol debería perderse en el espacio. Sin embargo, de alguna manera la estamos viendo. Algo está generando el agua y algo debe estar atrapándola allí”.

[ Ilustración del agua atrapada en el suelo lunar y del observatorio SOFIA. Fuente: NASA ]

Los investigadores barajan distintas hipótesis respecto al origen y a almacenamiento del agua en la superficie lunar. Por un lado, en cuanto al origen, dicho compuesto podría proceder del impacto de pequeños meteoritos contra el satélite o bien formarse a partir de hidrógeno arrastrado por el viento solar, que reaccionaría con el oxígeno de la superficie lunar y por la radiación proveniente del bombardeo de micrometeoritos.

Por otro lado, respecto al almacenamiento, existen dos posibilidades. Protegida en ambos casos de la luz solar y de las condiciones ambientales, el agua podría estar escondida entre los granos de suelo lunar o bien podría estar atrapada en pequeñas fosas producidas también por el impacto de los micrometeoritos.

Precisamente, junto a este estudio se ha publicado otro artículo en el que se examina la distribución en la Luna de las denominadas “trampas frías”, áreas en sombra permanente donde nunca llega la luz del Sol y donde la temperatura es de menos de 163 grados bajo cero. En estas zonas, el agua podría quedar atrapada de forma permanente, por lo que aproximadamente 40.000 metros cuadrados de la superficie lunar podrían albergar agua potencialmente.

Aunque según la investigación la abundancia de agua en el cráter Clavius es de unos 200 microgramos por cada gramo de tierra lunar –una cantidad cien veces menor a la que hay en el desierto del Sahara–, este descubrimiento es clave para futuras misiones de la NASA. Este recurso es esencial tanto para beber como para fabricar combustible para los cohetes, de manera que, si la extracción de agua de la superficie lunar fuese posible, se abarataría el coste de producción de combustible y de mantenimiento de una futura base lunar permanente en la que trabaja la NASA.