Los deepfakes pornográficos son un problema, se estima que el 96% de todos los deepfakes que hay en internet son pornográficos y la gran mayoría usan imágenes de mujeres sin su consentimiento. Mujeres que no tienen que ser famosas ni ser unas celebridades. Esto le pasó a Helen Mort, de la que ya os hemos hablado. Ayer, ella y Rodrigo Taramona estuvieron hablando sobre los deepfakes pornográficos y el acoso sexual en WATTBA, en el canal de Twitch de Newtral.

La entrevista se puede ver en diferido y es totalmente recomendable. No solo hablaron de la experiencia de Mort, Taramona también estuvo explicando cómo está la normativa aquí, en España, y aportando un par de pinceladas más sobre este tema que nos concierne a todos, al fin y al cabo, cuánto falta para que no podamos distinguir la realidad de la ficción. Pero, en caso de que no te sea posible poder escuchar la entrevista por la razón que sea (o porque el inglés no sea lo tuyo), aquí puedes leer que fue lo que contó Helen Mort.

Es imposible. ¿Cómo voy a terminar en una página porno?

Helen descubrió a finales de 2020 que había imágenes pornográficas suyas circulando por internet, algo que ella no se esperaba porque nunca había enviado fotos de este tipo a nadie “eso es imposible, ¿cómo voy a terminar yo ahí?” pensó en cuánto se lo dijeron. Resulta que estas imágenes eran deepfakes, ediciones bastante realistas, que habían hecho con fotografías suyas.

Ella no pensaba que fuera a ser víctima de estos montajes, ella no es una celebridad ni una famosa. Es una escritora de poesía y profesora de universidad en Sheffield, en Inglaterra. Sabía que esto era algo que podía afectar a las famosas, pero ella no era una de ellas.

Sin embargo, un día se le acercó un vecino y le explicó la situación. Esas fotos llevaban colgadas en internet desde 2017, tres años antes de que ella descubriese nada. Y ahí seguirían si no hubiera sido por la valentía de este conocido, que se acercó a contárselo porque pensó que era importante que ella lo supiese. Ella da las gracias de que se lo contase porque, si no, estas fotos aún seguirían ahí.

Fotos de su Instagram y Facebook

En ese momento fue consciente del problema que pueden suponer estos deepfakes: muchísimas personas podrían ser víctimas sin saberlo. Ella no quiere asustar a nadie, pero considera que vale la pena que todos lo consideremos durante un momento.

Al principio no quería admitirlo, estaba conmocionada. No quería verlas, pero no se lo creería hasta que lo viese. Eran imágenes perturbadoras que habían creado con fotos que ella había colgado estando de vacaciones, con su familia… “Tuve pesadillas durante semanas, no quería salir de casa, quise borrar todos mis perfiles en redes sociales y no paraba de preguntarme quién podía haberme hecho algo así”. Pasó un tiempo antes de que pudiese hablar, de visibilizar lo que le pasó “te sientes avergonzada; aunque, por supuesto, tú no tengas la culpa”.

Quiso borrar sus perfiles en redes sociales, pero en el fondo sabía que no podía. Como escritora, necesita las redes para su trabajo. También sentía que eso rea como dejarles ganar a ellos. Ellos deberían ser los que se sintieran avergonzados, responsables, por coger y utilizar estas fotos sin su permiso. La experiencia le hizo pensar sobre cómo manejamos los ajustes de privacidad en las redes sociales y, sobre todo, a quién seguimos y dejamos que nos sigan.

Por que ¿quién pudo ser el que hiciera algo como esto? En las imágenes se utilizaba el nombre de Helen, pero no su apellido, y se daban una serie de datos personales suyos. Ella sospechaba que debía ser alguien conocido, había pistas. Sin embargo, cuando ella se enteró de la existencia de estas fotos, el perfil que las colgó fue eliminado.

¿Qué hacer si la ley no te ayuda?

Cuando fue a la policía (consiguieron hacer capturas de pantalla de las imágenes para que hubiera pruebas) descubrió que no podían ayudarla. En Reino Unido hay legislación contra la pornovenganza, pero esto no eran imágenes reales suyas. Intentaron denunciarlo por ‘Malicious Communications’, comunicaciones maliciosas. Sin embargo, como las imágenes no se las enviaron directamente a ella, no se consideró como acoso tampoco, “supongo que esa persona pensó que nunca vería estas fotos”.

¿Qué hizo entonces? Visibilizarlo, porque para ella era una forma de volver a tomar el control: “no me voy a ninguna parte. De hecho, voy a hacer más ruido”. Para ella era la única opción: “no puedo cambiar el hecho de que sucediera, es irreversible. Tal vez nunca me entere de quién fue. ¿Qué puedo hacer? Crear conciencia, que otras mujeres puedan estar más protegidas frente a este problema”. Escribió un poema donde habló de su experiencia, visibilizando esta problemática.

La respuesta fue abrumadoramente positiva, pasó de estar asustada, avergonzada y sola a sentirse apoyada y parte de una comunidad. Por supuesto, temió a que esto incitase a que otras personas crearan más deepfakes de este tipo y tuvo mensajes privados de mujeres que le explicaron que ellas no se habían atrevido a hablar precisamente por ello. Pero Helen Mort consideró esto como un riesgo que merecía la pena tomar, hacer consciente a la gente que este es un problema real y que, sin embargo, no está prohibido.

Hubo una pequeña minoría de respuestas negativas, hombres diciendo que “debería sentirse halagada”. Intentaron seguirla en Instagram cuentas que ella no conocía, pero que sospechaba que podían ser culpables o que querrían crear más deepfakes. El troleo, al fin y al cabo, como explicó Taramona, es una manera de acallar a las víctimas y todos estos deepfakes son una forma de colonización masculina de internet. “Puedes estar en este espacio, pero será con nuestras normas”. Helen Mort considera que estos trolls no consideran a las personas como seres humanos: “esas cosas no te las dicen a la cara, no se lo hacen a sus esposas, madres o hermanas, pero en internet te tratan como un objeto”.

El problema está en el comportamiento

El problema, según ella, no está únicamente en las leyes. Si bien es cierto que “las leyes necesitan ponerse al día con la tecnología”, este es también un problema de comportamiento y de cómo consumimos. Al igual que tenemos cierta responsabilidad sobre las marcas de ropa que compramos o dejamos de comprar, también tenemos responsabilidad sobre lo que consumimos. “Necesitamos ser menos pasivos y pensar sobre los seres humanos que hay detrás de las imágenes pornográficas. ¿Piensa la gente en la deshumanización, en la falta de consentimiento cuando va a consumir estas fotos?”

A las mujeres que también han podido ser víctimas les recuerda que “no estáis solas y no deberíais sentiros avergonzadas” pero también les pide que no se dejen silenciar, no hace falta que se pongan delante de un micro o de una cámara, simplemente que no se escondan, que no dejen que los agresores ganen y ellas vivan con miedo. También recuerda, aunque ella no lo ha probado, que hay herramientas en internet que pueden alertarte si vuelven a subirse imágenes que consiguieras eliminar.

Aconseja seguir a la organización My Image, My Choice, que se dedican a luchar contra estos deepfakes, contra todos los abusos que se puedan dar con las imágenes de las personas. Helen Mort también inició una campaña en change.org para que la normativa sobre la toma, creación y edición de imágenes explícitas fuera más estricta: “En Inglaterra, el debate está sobre si los crímenes lo son debido a las intenciones maliciosas de los culpables; pero yo creo que deberían enfocarse en la falta de consentimiento, no si él quería hacer daño o pasar un buen rato porque, para la víctima, no es divertido”.

Comprende que todo este tema da bastante miedo. Que falte poco para que no sepamos si son imágenes reales o deepfakes da miedo, sobre todo, desde un punto de vista filosófico. Nadie quiere limitar la libertad creativa, pero no se puede consentir que haya personas aprovechándose de personas. Helen Mort cuenta que tenemos que mantenernos al tanto de lo que pasa ahora con la tecnología para que en el futuro no nos pille desprevenidos: “La gente presta mucha atención a los deepfakes políticos, pero no se dan cuenta de que son solamente la punta del iceberg”.