Un asteroide apunta directamente hacia la Tierra y la única manera de evitar la colisión y, por ende, el fin del mundo es desviar su trayectoria. Sí, suena a película –concretamente a Armaggedon–, pero ¿acaso la realidad no supera a la ficción? La Agencia Espacial Europea (ESA) ha firmado esta semana un contrato de unos 130 millones de euros para desarrollar su primera misión de defensa planetaria, cuyo objetivo es precisamente ese: aprender a desviar la trayectoria de asteroides que puedan suponer una amenaza, porque más vale prevenir que curar.

En el marco del proyecto AIDA (Asteroid Impact Deflection Assessment), la ESA y la NASA llevan años aunando fuerzas para defender el planeta frente al hipotético impacto de un asteroide. En concreto, la misión americana DART (Double Asteroid Redirect Test) y la europea Hera están trabajando conjuntamente para alterar la órbita de Dimorphos, el asteroide menor de un sistema binario formado también por otro asteroide llamado Didymos.

[ La misión Hera contada por Brian May, astrofísico y guitarrista de Queen ]

Dimorphos, de 160 metros de diámetro, es uno de los cerca de 30.000 asteroides de entre 100 y 300 metros que se estima que hay cerca de la Tierra, aunque el 82% de ellos aún no han sido detectados. Si un asteroide de estas dimensiones –similar a la Gran Pirámide de Giza– impactase contra la Tierra, podría destruir una ciudad como Madrid. Sin embargo, Dimorphos no es una amenaza, sino un blanco de prueba.

El cometido de la nave DART, cuyo despegue se prevé para julio de 2021, es hacer honor a su nombre (significa dardo en inglés) y dar en la diana, es decir, impactar contra Dimorphos para desviarlo de su trayectoria, como cuando chocan dos bolas de billar. En cambio, la misión de Hera, que, según lo previsto, se lanzará en 2024 y llegará al lugar en 2026 –cuatro años después la colisión–, es estudiar los efectos del impacto, que dejará un cráter de 10 metros en el asteroide.

El objetivo original era que Hera llegara unos meses antes de la colisión para medirla en directo. Sin embargo, el proyecto no consiguió la financiación necesaria hasta la reunión ministerial de la ESA celebrada en 2019 en Sevilla, cuando ya era demasiado tarde. Por ello, DART lleva un CubeSat, un satélite en miniatura, que se desprenderá unas horas antes del impacto para recoger materiales y examinar la zona tras el choque, a unos 10 millones de kilómetros de la tierra.

El satélite Hera será desarrollado principalmente por la empresa espacial OHB, la adjudicataria del contrato de 129,4 millones de euros firmado este martes por la ESA. En esta misión participan 17 Estados miembro, entre los cuales Alemania juega el papel más importante. Hera podrá navegar de forma autónoma alrededor de Dimorphos gracias a un avanzado sistema de guiado, navegación y control (GNC), en cuyo desarrollo participarán empresas españolas. También incorporará un gravímetro y un radar para inspeccionar el asteroide.

De este modo, se podrá estudiar cómo de efectiva habrá sido la colisión, lo cual no solo servirá para combatir futuras amenazas, sino también para entender mejor colisiones pasadas que han jugado un papel fundamental en la formación del sistema solar tal y como lo conocemos hoy. Según la NASA, no se ha detectado ningún asteroide que en los próximos 100 años represente un riesgo serio de impacto contra la Tierra, así que de momento podemos estar tranquilos.