Si dijese que los mosquitos no existen, me tomarían por loca, y con razón. En cambio, la cosa cambiaría sutilmente si a esa sandez le añadiese un ingrediente clave: el del poder y los intereses políticos y económicos. Es decir, el dogma sería algo así como “los mosquitos no existen, sino que son en realidad un ingente ejército de microbots controlados por los tres hombres más ricos del mundo y no nos chupan la sangre, sino que nos inyectan microchips que guían nuestra conducta hacia el consumo compulsivo”. La majadería es aún mayor, pero habría a quien el tintineo de teoría de la conspiración empezase a sonarle agradable a los oídos.

Teorías conspiranoicas que doblan, triplican y cuadruplican la apuesta de esta cándida ocurrencia corren como la pólvora en internet. Una vez empiezan, no hay quien las pare. La bola va haciéndose cada vez más grande, al menos en la mente de quienes están dispuestos a creérselo. Pero que no cunda el pánico. Donde no llega la inteligencia humana, lo hace la artificial. El grupo de análisis cultural de la Universidad de California, liderado por Timothy Tangherlini y Vwani Roychowdhury, está trabajando en una inteligencia artificial capaz de detectar teorías de la conspiración de forma temprana.

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Los foros y redes sociales son el lugar perfecto para el nacimiento y la difusión de teorías de la conspiración, como ha ocurrido con 4chan y Qanon. Cualquiera puede compartir sus ideas, por descabelladas que sean, y la probabilidad de que encuentre a alguien que lo secunde es muy alta. Asumámoslo, hay gente para todo.

En la era digital, las conspiraciones no se gestan en el cuarto de un joven obsesivo y solitario que une fotografías con hilo rojo, chinchetas y anotaciones varias en mayúsculas. No. Se construyen de forma colaborativa y a la vista de todos, lo cual también hace que su formación sea fácilmente rastreable. Son el resultado de una narración colectiva que va interrelacionando personas, lugares y acontecimientos inconexos hasta inventar una historia exhaustiva y deliberadamente compleja que lo abarca todo y que descubre vínculos ocultos –porque no existen, más que nada–.

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La inteligencia artificial diseñada por los investigadores de la Universidad de California lo que hace es detectar narrativas emergentes y analizar si las conexiones que proclaman carecen o no de fundamento. Se trata de un conjunto de herramientas de aprendizaje automático que, a partir de miles de mensajes de foros y redes sociales, sintetiza en un gráfico los elementos de la teoría en cuestión, agrupados por categorías, y las relaciones entre ellos, como si fuera un mapa conceptual. Los investigadores han probado el modelo con Pizzagate, una teoría conspirativa surgida en 2016 en torno a una presunta red de pedofilia ligada a Hillary Clinton.

Además, han comparado las conexiones reveladas en Pizzagate con las del escándalo Bridgegate. En este segundo caso verídico, el personal de la administración del gobernador republicano de Nueva Jersey Chris Christie organizó una maniobra en contra del propio dirigente. La operación consistía en cerrar al tráfico algunos carriles del puente George Washington, que une Manhattan (Nueva York) con Fort Lee (Nueva Jersey). De este modo, se crearon grandes atascos que mermaron la popularidad del gobernador y acabaron con sus opciones de cara a las primarias republicanas para las elecciones presidenciales de 2016.

[ Puente George Washington. Fuente: Wikimedia Commons ]

Las diferencias que han encontrado es que la narrativa del Bridgegate se construyó durante años, de una forma mucho más lenta que la de Pizzagate, y que la solidez del escándalo real es mucho mayor. Si se elimina uno de sus elementos, la trama sigue en pie.

Por lo tanto, este modelo puede utilizarse como un sistema de alerta temprana de teorías conspirativas, ayudando a las autoridades a detectar narrativas que se puedan convertir potencialmente en amenazas para la salud o el orden público. Sin embargo, los investigadores alertan de que es un arma de doble filo. Mal empleada, también podría usarse para generar nuevas teorías de la conspiración, así que de momento mantengámonos en nuestros cabales.