De la marcha sobre Washington en la que resonó el célebre “I have a dream” de Martin Luther King allá por 1963 a las manifestaciones del movimiento Black Lives Matter han pasado 57 años. Durante este tiempo, las reuniones públicas para protestar o reclamar derechos o acciones políticas no han pasado de moda, las ha habido de todos los colores. Y es que, como recoge el diccionario de la Real Academia Española, la política no es una actividad que concierna solo a “quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos”, sino a todos los ciudadanos.

Participar en manifestaciones, votar, informarse sobre política, debatir cuestiones políticas con familiares y amigos… todo eso es hacer política. Y dar un “me gusta” también puede serlo. Los medios digitales han cambiado la forma de hacer política, lo cual incluye también la forma en que los ciudadanos participamos en los asuntos públicos. Hoy en día internet juega un papel fundamental en la acción política y en el activismo contemporáneo.

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Los medios digitales constituyen una herramienta extraordinaria que permite a los ciudadanos que no forman parte de la élite reivindicar cambios políticos, culturales y sociales. Además, ofrecen la posibilidad de hacerlo de forma muy sencilla: compartir una noticia, retuitear una publicación, dar me gusta, cambiarse la foto de perfil… son acciones de bajo coste, clictivismo –activismo a través de clics–, gestos simbólicos que, de forma colectiva, pueden llegar a tener un gran impacto.

Tanto la izquierda como la derecha utilizan los nuevos canales para llegar a sus públicos objetivo. Sin embargo, según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Carolina del Norte, el activismo de derechas y el de izquierdas han desarrollado distintas estrategias a la hora de utilizar los medios digitales. La investigación, recogida en un artículo titulado Falsa paridad: el activismo online de izquierda a derecha y publicada en una entrega especial de la revista Science dedicada a la democracia, se centra principalmente en Estados Unidos.

De acuerdo con los hallazgos, los actores de la izquierda operan principalmente a través del denominado “activismo del hashtag, una estrategia transmedia en tres pasos orientada a articular una protesta offline. El primer paso consiste en crear un hashtag que sirva como eslogan unificador de todo un movimiento de protesta, como por ejemplo #BlackLivesMatter o #MeToo. Como ocurrió con la muerte de George Floyd y con las denuncias de abusos sexuales contra Harvey Weinstein, “estos hashtags suelen llegar a la atención del público a través de la cobertura de noticias sobre acontecimientos espantosos y perturbadores”, explica el artículo.

En segundo lugar, el apoyo en redes sociales de miles y millones de personas anónimas convierte el hashtag en tendencia y, de este modo, consigue finalmente captar la atención de los medios de comunicación y de personajes de la “élite” como políticos y famosos. Por lo tanto, el éxito depende del volumen de apoyo que se consiga movilizar en redes sociales. Estas plataformas sirven para llegar directamente a parte del público, pero también como puente para, a través de los medios de comunicación tradicionales, conseguir una visibilidad aún mayor.

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En cambio, el activismo de derechas utiliza tres tácticas diferentes. Por un lado, trolea a los medios a través de bulos sensacionalistas, teorías conspiranoicas o puntos de vista extremos que captan la atención mediática, ya sea para presentarlos como verdaderos o para desmentirlos. Por otro lado, trabaja estratégicamente con los medios ideológicamente favorables para difundir sus mensajes, creando un ecosistema mediático y una comunidad activa en redes sociales que consigue engañar a los algoritmos generando muchas reacciones. Y, por último, para escapar de las medidas contra la desinformación de las grandes redes sociales, también migra a plataformas alternativas más permisivas, como 4chan, 8chan, Parler, Gab, BitChute u otras más neutras como Discord o Telegram.

Según los investigadores, el activismo de derechas opta por estas vías para lograr visibilidad porque durante décadas se ha ido intensificando la desconfianza de los conservadores estadounidenses hacia los principales medios de comunicación. De hecho, el estudio añade que “más recientemente los conservadores han desarrollado una creencia análoga hacia las grandes empresas tecnológicas”.

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Además, “desde 2016, la presencia del centro-derecha en redes sociales ha disminuido sustancialmente, dejando a la extrema derecha como la presencia conservadora dominante”, continúa el artículo. Para los investigadores, esto último, unido al aislamiento en plataformas alternativas, es preocupante, ya que conduce a una polarización que complica la adopción de acuerdos y la búsqueda de consenso.

La táctica del activismo de derechas sugiere que este ha abrazado más la desinformación estratégica que el de izquierdas. Sin embargo, los investigadores se muestran cautos al respecto y señalan que la falta de investigaciones equiparables en la izquierda dificulta las comparaciones. En cualquier caso, lo que está claro es que, utilizados de una u otra manera, las redes sociales y los medios digitales se han convertido en una pieza clave de la acción política.