Tras varios meses encerrados en casa debido a un virus que campa a sus anchas por el mundo, los científicos han tenido la ocasión de estudiar fenómenos que nunca antes se habían dado. Las situaciones extraordinarias son siempre campos de pruebas perfectos para los investigadores, personas que siempre saben sacar el lado provechoso a cualquier situación… por fortuna.

Mientras que media comunidad científica ha estado (y está) ocupada con el coronavirus, enfermedad que tenemos y debes eliminar, el resto de la comunidad ha aprovechado para realizar mediciones y coger datos de un planeta que jamás había vivido una situación igual. Hubo otras pandemias antes, es cierto, pero nunca el mundo actuó -más o menos- al unísono para frenarlas.

Si primero fueron los meteorólogos los que vieron que la ausencia de aviones en el aire podía tirar por tierra las predicciones climáticas, y luego los medioambientales observando las mayores caídas en emisiones que nunca antes habían registrado, ahora los científicos han podido darse cuenta de que… nunca antes el planeta estuvo tan callado.

[El planeta ruidoso y urbano – Créditos: Unplash]

Cuando en marzo los distintos gobiernos comenzaron a imponer diferentes tipos de cuarentenas (España, Italia, Francia, Reino Unido, Estados Unidos, etc.) las estaciones de monitoreo sísmico empezaron a registrar anomalías en sus informes.

Y esto se habría quedado en tan sólo una anécdota sino hubiese sido por los 76 científicos que se pusieron de acuerdo hace unos meses para elaborar un informe de lo ocurrido. Ese trabajo se presentó ayer en la revista Science y es una valiosísima muestra de cuanto ruido hace el ser humano en el planeta.

Podemos decir con total seguridad que en la sismología moderna nunca habíamos visto un período tan largo de silencio humano“, dice Raphael De Plaen de la Universidad Nacional Autónoma de México en Querétaro, uno de los 76 autores del artículo.

El ruido sísmico, o las vibraciones de la tierra, se suelen asociar más a los terremotos, pero lo que nosotros no sabemos es que también está producido por la interacción de la tierra y el agua, los cambios de presión atmosférica… y los seres humanos.

[Imagen de un estadio vacío – Créditos: Unplash]

Nosotros somos la tercera mayor fuente de ruido sísmico según los estudios, ya que los coches y camiones en la carretera, los estadios llenos de gente, los trenes hasta arriba de viajeros o los aviones despegando son, entre otras muchas cosas, fuentes incomparables de ruido.

En circunstancias normales, este ruido humano se fusiona con la actividad sísmica natural y la amortigua. Exactamente cuánto aportamos a los niveles de ruido sísmico había sido difícil de calcular, hasta ahora. Ya que la cuarentena presentó una oportunidad única para los investigadores, y no sólo para controlar la actividad humana sino también para escuchar el ruido sísmico que de otra manera se ahoga con nuestra actividad.

De las 268 estaciones de vigilancia sísmica de todo el mundo 185 -el 69%- mostraron reducciones significativas en el ruido ambiental sísmico de alta frecuencia, que es el cóctel de ruido ambiental natural y producido por el hombre que nos rodea. Este silencio comenzó a finales de enero en China y a mediados de marzo se había extendido a todo el planeta.

[La Tierra sin nosotros, un lugar más tranquilo – Créditos: Unplash]

Con este estudio los científicos no sólo estudiaron cuanto ruido aportamos a la Tierra y comprobaron que nunca había estado tan en calma nuestro hogar, sino que también les dio la oportunidad de escuchar el funcionamiento interno de la Tierra con más precisión que nunca antes, sin ruido humano de fondo molestando.

Esto podría traducirse en un aumento de nuestro conocimiento sobre los terremotos, particularmente de los pequeños que se dan en los centros urbanos y que a menudo están enmascarados por el ruido sísmico humano. “Ahora podemos estudiar las relaciones entre la actividad humana y la sismología. Ahora podemos entender con un alto nivel de resolución lo que está generando ruido en el planeta: la tierra o los humanos”, dice De Plaen en una entrevista dada al MIT Technology Review.

Lo mejor de la ciencia es que nunca para. Y eso es gracias a que millones de científicos en todo el mundo se dedican a preguntarse el porqué de las cosas, incluso en los momentos más duros. ¿Que la pandemia nos deja a todos en casa y con el mundo parado? Tranquilos, nosotros nos encargaremos de sacarle provecho haciendo un estudio de cuanto ha descendido el ruido en el planeta.