El 4 de julio, Día de la Independencia, es una fecha destacada en el calendario estadounidense. Una ocasión perfecta para ondear la bandera estrellada. Este año, el rapero Kanye West ha ido un paso más allá y ha aprovechado el día del orgullo patrio para anunciar su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos. Lo ha hecho a través de un tuit en el que afirma que es el momento de construir el futuro del país. En la misma red social, ha recibido el apoyo inmediato de Kim Kardashian, su mujer, y de Elon Musk, director ejecutivo de Tesla y acérrimo seguidor de Donald Trump.

Aunque la candidatura de momento no es oficial, no es la primera ocasión en la que el ganador de 21 premios Grammy hace pública su intención de ocupar la Casa Blanca. West ya auguró en la ceremonia de los premios MTV de 2015 y, más recientemente, durante la promoción de su álbum Jesus is King, en noviembre de 2019, su posible incursión política, marcándose como horizonte las elecciones presidenciales de 2024. Esta fecha no es casual, puesto que coincidiría con el final de un eventual segundo mandato de Trump, a quien el rapero ha apoyado fervientemente.

En 2018, durante una reunión en el despacho oval y luciendo una gorra que rezaba Make America Great Again, West llegó a darle las gracias al actual presidente estadounidense por ese eslogan y por todo un discurso capaz de hacerle sentir “como Superman”: un auténtico superhéroe. Esta y otras muestras de afinidad entre ambos multimillonarios hacen pensar que, hasta este sábado, las ingenuas aspiraciones políticas del cantante estaban más orientadas a ser el sucesor de Trump que a convertirse en su rival político. Pero ¿el anuncio de West refleja realmente un cambio de postura?

El rapero afroamericano se ha distanciado de Trump tras las protestas por la muerte de George Floyd. Sin embargo, para algunos, Trump sería el único beneficiado por la hipotética entrada de West en la carrera presidencial, ya que la candidatura del afamado cantante conseguiría movilizar a los jóvenes afroamericanos. Esto perjudicaría al aspirante demócrata, Joe Biden, que, según las encuestas, representa actualmente la alternativa más atractiva para el grueso del electorado negro. En un escenario tan incierto como el actual, un puñado de votos pueden ser decisivos.

[Official White House Photo / Public domain]

Esta es la única explicación de una maniobra que carece de mayor recorrido por la propia configuración del sistema electoral estadounidense, en el que los terceros partidos y las candidaturas independientes están abocadas al fracaso. En un sistema mayoritario como el de Estados Unidos, en cada circunscripción gana el candidato que consigue la mayoría absoluta de los votos populares. Por tanto, no ser el primero supone no obtener representación. Por este motivo, por ejemplo, Trump se alzó con la victoria en 2016 a pesar de haber obtenido casi 3 millones menos de votos que Hillary Clinton.

En cualquier caso, la estrella mejor pagada de 2020 no figura aún como candidato en los registros de la Comisión Electoral Federal, por lo que puede que todo se quede en un simple tuit. Aunque el plazo para presentar candidaturas independientes sigue abierto en algunos estados, como por ejemplo en California, no deja de ser llamativa la urgencia de West por iniciar su incursión política a cuatro meses de las elecciones en un país que precisamente se caracteriza por sus largas campañas electorales.