Si 2020 fuera un videojuego, sería un survival horror. Tal vez esta comparación se haya hecho numerosas veces, a tenor de los juegos postapocalípticos que recrean una posible sociedad reconstruida tras una catástrofe global. No obstante, la realidad es menos glamourosa por mucho que supere a la ficción, y el coronavirus no nos ha hecho vivir esa fantasía de poder que se nos prometía a través de los (anti)héroes duros y supervivientes. La pandemia no sólo ha diezmado la población y nos ha arrebatado a personas queridas, sino que ha puesto patas arriba nuestro estilo de vida y nos ha negado una cotidianidad feliz que dábamos por supuesta.

Sobrevivir al virus no sólo consiste en adaptarse a una serie de medidas que afectan a nuestra vida diaria y nos hacen resignarnos a la nueva (a)normalidad: el uso de mascarilla y guantes en los espacios públicos, el gel hidroalcohólico en nuestro bolsillo, guardar la distancia de seguridad, prescindir de todo contacto físico con gente de fuera de nuestra convivencia. A todo esto se suma el cálculo logístico de cada salida realizamos: ¿cuántas mascarillas debo llevar y de qué tipo? ¿Dónde guardarlas? ¿Cómo puedo evitar las aglomeraciones que antes contemplaba como un inconveniente secundario?

La reinvención de la cultura y el espectáculo durante el confinamiento

Asimismo, si nos atenemos a un pensamiento puramente pragmático, también deberíamos renunciar a toda salida de casa que no fuera estrictamente necesaria. Sin embargo, es una locura proseguir con un estilo de vida que nos privara de todo ocio, sobre todo si la convivencia con un virus sin vacuna se prolonga hasta un año o dos.

Finalmente, es la responsabilidad individual y la colectiva las que deben primar a la hora de establecer un equilibrio entre la seguridad y la temeridad. Por fortuna, el mundo de la cultura y el espectáculo también ha dado un paso adelante a la hora de establecer alternativas que permiten disfrutar del mundo del espectáculo con los menores riesgos posibles.

Durante el confinamiento proliferaron las iniciativas que ofrecían productos culturales que podrían disfrutarse desde casa y de forma gratuita. La clave de la adaptación fue la digitalización y es que, a pesar de que se perdía el valor presencial de contemplar un cuadro a medio metro de nosotros, o sentir la magia del escenario en directo, fue un buen salvavidas para una dura época a nivel psicológico, en la que las paredes del propio hogar podían volverse asfixiantes. Por ejemplo, la Generalitat de Catalunya puso en marcha Visitmuseum, un portal a través del cual accedemos a recorridos virtuales por diferentes museos y exposiciones. Por su lado, miles de museos se incluyeron a Google Arts & Culture, como el Prado, el British de Londres, el Moa de Nueva York o el Prado.

Y esto sin contar las diversas editoriales que se sumaron a un ejercicio solidario de ofrecer varios de sus libros en descarga gratuita. Grupo Planeta ofreció títulos como La sombra del viento (Carlos Ruiz Zafón), Los hombres que no amaban a las mujeres (Stieg Larsson) o Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario (C.S. Lewis). Incluso artistas independientes regalaron sus obras al público, como el caso de Sergio Morán y su serie Parabellum.

La supervivencia de la cultura y el espectáculo en la nueva (a)normalidad

Pero, ¿qué sucede una vez se levanta el confinamiento? Sin duda, disfrutar de un concierto o de una película en la pantalla no se hace con la misma tranquilidad que antes, cuando no teníamos que estar pendientes de mantener la distancia de seguridad con los asistentes o de no tocar superficies compartidas. No obstante, es posible volver a la vida social si tomamos ciertas precauciones, y los locales de ocio por su parte se han visto obligados a adaptarse a un aforo reducido.

En una reciente entrevista para Jot Down, la librera Maite Aragón relata cómo ha sido esta misión de supervivencia en su sector: “La nueva normalidad librera es incertidumbre. Es caminar por una cuerda floja. Hasta hace unos días andaba muy enfadada con la estupidez machacona de que ‘la amenaza es una oportunidad’. No tiene por qué serlo. La oportunidad existe si existe la capacidad de adaptarse, la también famosa exigencia de la «reinvención» a veces suena a eufemismo para ocultar la precariedad. Pero sí es cierto que algo como lo que está ocurriendo, una vez que sales del shock, es una oportunidad para hacerlo mejor. Sin este frenazo en seco no nos habríamos atrevido a reconocer que hay cosas que no funcionan y hay que cambiarlas”.

Según recoge en El Periódico, la Federación de Cines de España (FECE) ha decretado que las empresas del sector audiovisual acumula pérdidas de hasta 100 millones de euros desde el inicio del estado de alarma. Reactivar la economía es toda una tarea titánica pero posible, y las salas abren con nuevas medidas de seguridad: venta y control digital de entradas, distancia de seguridad entre las butacas, incremento del intervalo entre sesiones, venta anticipada de comida y bebida e información sobre las medidas de seguridad.

El teatro también apuesta por una nueva época de reinvención ante el panorama postapocalíptico. EuropaPress recoge una crónica sobre el estreno de La traviata (Giuseppe Verdi) en el Teatro Real, donde señala el patio de butacas repleto de mascarillas y la adaptación de algunas escenas: “Mientras, en el escenario, la distancia y la ausencia de contacto físico, como el mítico abrazo entre Alfredo y Violeta, brillaban por su ausencia, en paralelismo por lo ocurrido durante la pandemia, una circunstancia que no ha restado emoción ni a la interpretación ni a la sobria puesta en escena”.

Por su lado, la compañía independiente Trece Gatos —a la que pertenece servidora— también ofrece un nuevo escenario que aúna la diversión y la seguridad de espectadores y actores. Tardes de comedia al aire con Chéjov es un recopilatorio de obras cortas costumbristas, interpretadas en la terraza del centro cultural Mariano Muñoz en Usera, y en las que el uso del gel hidroalcohólico y mascarillas se incoporan a las mismas escenas.

En un momento en el que cada día es una incertidumbre, tras la cual amenaza el monstruo de una segunda oleada, es necesario recordar que es posible disfrutar de los pequeños placeres que nos brindan una función de teatro o una película, pero siempre teniendo en mente el propio cuidado y el de los demás.