Vista desde el espacio, la Tierra es una esfera azul enorme –o diminuta, todo depende de la distancia–. Ese color evidencia la inmensidad de unos mares y océanos en los que el agua lleva fluyendo miles de millones de años y que ahora están siendo transformados por el cambio climático. Es en ese 70% de la superficie terrestre donde la NASA y la ESA (Agencia Espacial Europea) han puesto el foco de una misión inminente cuyo objetivo es trazar un mapa de la subida del nivel del mar desde el espacio.

Aunque todavía haya quien intente negarlo, las evidencias del cambio climático causado por los humanos son cada día más claras y apremiantes. Uno de esos indicadores es la subida del nivel del mar, consecuencia directa del deshielo de los polos y de la dilatación térmica de los océanos –expansión del agua por la absorción de los gases de efecto invernadero-. Según los datos que maneja la NASA, el nivel del mar sube un promedio de 3,3 milímetros al año, una tasa de aumento que duplica a la de principios del siglo XX.

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Este dato puede parecer insignificante, pero no lo es. Así lo explica gráficamente Nadya Vinogradova Shiffer, una de las científicas que participan en el programa de la NASA y la ESA: “cuando mis hijos me preguntaron si tres milímetros es mucho, les dije que equivale a añadir 300 billones de galones de agua extra cada año [1.135 mil millones de litros de agua]. Si metes esta agua en botellas de leche, cubriría la distancia desde el Sol hasta Plutón, ida y vuelta, varias veces”. Si a esto le añadimos que casi el 80% de la población terrestre vive cerca de la costa, tomamos conciencia de las dimensiones del problema. He ahí la importancia de la misión conjunta que Estados Unidos y Europa.

Para prever qué impacto tendrá en las costas el aumento de las mareas, la subida del nivel del mar se ha seguido de cerca durante las últimas tres décadas gracias a varios satélites internacionales de observación terrestre. Ahora toca el relevo generacional. Continuando con esa labor de recogida de datos sobre los efectos del cambio climático en los océanos y en la atmósfera, está previsto que mañana la NASA y la ESA lancen el satélite Sentinel-6 Michael Freilich, el primero de dos satélites idénticos que pasarán los próximos 10 años recabando información. La segunda nave no entrará en acción hasta 2025.

[ Ilustración del Sentinel-6. Fuente: NASA ]

Sentinel-6 supera a sus predecesores en cuanto a precisión y detalle. Hasta ahora solo era posible rastrear grandes fenómenos como la Corriente del Golfo, El Niño o La Niña. En cambio, la nueva nave captará también las pequeñas fluctuaciones del nivel del mar cerca de las costas, lo cual requiere mayor resolución. Además, también ofrecerá más rapidez en la entrega de datos. Tres horas serán suficientes para recoger, procesar y enviar los datos, que se utilizarán para predecir los cambios en la línea de costa, pero también para el seguimiento de huracanes y corrientes oceánicas, que afectan a los ecosistemas marinos.

Las nuevas sondas suponen un salto en la medición de los niveles del mar. “Medir los vastos océanos del mundo es un problema difícil. Tener un satélite orbitando a 800 millas de altura [1.300 kilómetros], girando alrededor de la Tierra a cinco millas por segundo [8 km/s], y ahora ser capaces de hacer una medición muy precisa de la altura de la superficie del mar a solo dos pulgadas [5 centímetros] es una hazaña increíble. Si me hubieran preguntado hace años si era posible, habría dicho: ‘la gente está loca’”, ha afirmado Parag Vaze, uno de los directores del proyecto. Con estos datos más precisos se espera poder tomar mejores medidas en materia ambiental.