La brecha entre ricos y pobres ya existía mucho antes de que el feudalismo y la sociedad estamental entrasen en escena e incluso miles de años antes de que, allá por el siglo VII a.C., los lidios acuñaran las primeras monedas.

Según un reciente artículo publicado en la revista Antiquity, las desigualdades sociales y económicas se remontan al Neolítico, concretamente a hace 6.600 años.

Este ha sido el resultado de las investigaciones de un grupo de arqueólogos liderados por la doctora Chelsea Budd, de la Universidad de Umeå (Suecia). Su labor se ha centrado en examinar un cementerio neolítico en Osłonki, ubicado en el centro-norte de la actual Polonia. En una primera fase, observaron que, mientras que algunas tumbas carecían de cualquier tipo de ornamento, en otras, en cambio, había joyas, diademas y abalorios de cobre.

Sin embargo, de estos artilugios no se puede deducir la existencia de desigualdades económicas, ya que podría tratarse de ofrendas fúnebres hechas por la comunidad en su conjunto. En otras palabras, los suntuosos ornamentos de las tumbas no tienen por qué estar necesariamente ligados a la riqueza individual de los difuntos. Podrían responder sencillamente a convicciones religiosas. Hasta aquí, nada que no supiéramos ya.

El verdadero hallazgo vino después, al realizar un análisis isotópico de los huesos, es decir, al profundizar en el estudio de su composición química.

La clave está en los isótopos

Aunque el 80% de los restos encontrados pertenecía a ganado, el análisis de los isótopos de carbono mostró que el 20% restante correspondía a 30 personas (29 adultos de entre 18 y 45 años y un niño) que vivieron en un lapso de tiempo de 200 años. Y lo que es más importante: había una relación entre los ornamentos encontrados en las tumbas y la dieta de los individuos, averiguada a través de los isótopos.

A pesar de que el objetivo inicial era simplemente descubrir de qué se alimentaba esta comunidad para entender mejor el desarrollo de la agricultura en el norte de Europa, el análisis confirmó que los enterrados junto a ornamentos de cobre habían tenido una dieta distinta a la de los enterrados sobriamente. La proporción de carbono en los huesos de los primeros era similar a la de los restos de ganado, lo que indica que esta carne podría haber sido una de sus principales fuentes de alimento.

Además, basándose en la buena dieta de las reses, los investigadores valoran la posibilidad de que los mejor alimentados tuviesen también acceso a tierras en las que el pasto era de mejor calidad. Esto, ligado al hecho de que las tierras eran normalmente hereditarias, no solo reafirmaría las desigualdades, sino que también supondría su perpetuación generación tras generación.

De hecho, la teoría de los científicos es que los mejor alimentados podrían ser descendientes de quienes primero ocuparon Osłonki, de ahí que controlasen las zonas de mejores pastos. Y esa riqueza agrícola se habría traducido posteriormente en mayores oportunidades comerciales, gracias a las cuales habrían accedido a los artilugios de cobre procedentes del sur de Europa. En definitiva, dime qué comes y te diré quién eres.