En el anterior artículo vimos cómo las compañías farmacéuticas han conseguido acortar los tiempos del desarrollo de vacunas contra la COVID-19 sin sacrificar las exigencias de seguridad y eficacia necesariamente asociadas a los fármacos. Así, ya tenemos vacuna, pero ¿cuánto dura la inmunidad que esta produce, cuántas dosis hacen falta, y cada cuánto tiempo habrá que vacunarse otra vez? Pero antes de preguntarse por la inmunidad, quizá habría que preguntarse por la temperatura. ¿Por qué hacen falta temperaturas tan bajas? Y, si hacen falta tales temperaturas, cómo es que recibimos la vacuna a temperatura ambiente? Hoy, en la vacuna a examen, veremos estas y otras cuestiones en detalle.

Sobre la inmunidad que produce la vacuna y su duración

Pregunta: ¿Cuánto dura la inmunidad que produce la vacuna?

En este caso, y cómo los fotógrafos del natural, tenemos que trabajar con la luz disponible. La medida que nuestro conocimiento de la enfermedad es tan antiguo como la enfermedad misma, no tenemos aún suficiente información al respecto. Se conoce que la vacuna estimula la generación de inmunidad también por la vía de las conocidas popularmente como células T de memoria. Estas células son capaces de recordar qué respuesta articular contra el virus en concreto si la infección sucede en el futuro. La memoria inmune no es un escenario de blanco o negro. Puede darse incluso el caso en que la inmunidad inducida por vacuna sea más duradera y sostenida que la adquirida a través de la infección por el virus. En resumen, no tenemos suficiente información para responder a esta pregunta con certeza.

Pregunta: ¿Qué se puede esperar en cuanto a inmunidad según cada tipo de vacuna? ¿Se necesitan varias dosis?

La inmunidad derivada de la vacunación no depende específicamente del método que utilice la vacuna en concreto sino de lo eficaz que sea la vacuna. En otras palabras, dos vacunas desarrolladas por metodologías completamente diferentes pueden elicitar inmunidad de idéntica duración o eficacia. Dependiendo de la vacuna en concreto, una o dos dosis pueden ser necesarias. Mientras en el caso de la vacuna de Moderna sólo es necesaria una dosis, en el caso de la de Pfizer son necesarias dos, primero una y después otra transcurridos, aproximadamente, tres meses. Además, la inmunidad que las vacunas proporcionan no es de efecto inmediato. Vacunarse y salir de fiesta esa misma noche es una pésima idea. Obtener inmunidad es un proceso celular y por ende requiere de un tiempo de respuesta y preparación en nuestro organismo. Así, se calcula que la inmunidad tarda en emerger de una a tres semanas. Esto responde también a la pregunta de si podremos dejar de llevar mascarilla inmediatamente después de la vacunación. Si sospecha que no, acierta.

Las vacunas contra la COVID-19 o coronavirus las preguntas de la gente
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Preguntas: ¿Nos vamos a tener que vacunar todos los años?

Esta es otra de esas preguntas para las cuales aún no tenemos una respuesta unívoca y concluyente pero tenemos indicaciones importantes. La necesidad de vacunarse todos los años, como sucede con la gripe estacionaria para ciertos grupos de riesgo, tiene su origen en los cambios o mutaciones que sufre el virus de año a año. En este caso, la inmunidad producida por la vacuna no sería capaz de reconocer y destruir al virus correctamente y sería necesario refrescar la memoria inmune. El virus que produce la COVID-19 muta tan solo una o dos veces al mes, una proporción mucho menor que aquellos virus asociados a la gripe estacionaria. Esto es un elemento a favor de pensar que la vacunación anual no será necesaria por defecto.

Otro elemento a favor es que la inmunidad que produce nuestro cuerpo no consiste en un solo mecanismo, sino en una amplia gama de estrategias a muchos y diferentes niveles. Esto convertir a la respuesta inmune en una herramienta robusta pero plástica: en muchas ocasiones, el sistema inmune es capaz de reconocer y atacar específicamente distintas variantes del mismo virus. BioNTech, la compañía que junto ha Pfizer ha contribuido al desarrollo de la primera vacuna contra la COVID-19 ha asegurado que aun si las mutaciones del SARS-CoV-2 fuesen significativas, esto es, que cambiasen significativamente la zona donde se produce el ataque contra el virus, serían capaces de proveer con una nueva versión de la vacuna en tan solo seis meses.

Movimiento antivacunas absurdo
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Aun teniendo en cuenta estas felices circunstancias, no debemos perder de vista lo fundamental: la batalla es perpetua. Solo hizo falta un año en que la vacunación contra el sarampión decayó para que esta terrible enfermedad reapareciera en un virulento foco al norte de Italia. Dejar escapatoria al virus mientras le mostramos cual es nuestra mejor arma es la receta perfecta para perder primero unas cuantas batallas y después la guerra, de echar por tierra el esfuerzo de todos durante estos meses.

Sobre la conservación de las vacunas

Preguntas: ¿Por qué son necesarias temperaturas tan extremadamente bajas para la conservación de las vacunas?

Mantener las vacunas a 70 grados bajo cero no es capricho sino una necesidad molecular para la conservación de la parte esencial que las conforma: el ARN mensajero. Para entender la razón de fondo hay que dar un paso atrás. En nuestro organismo existe el ARN mentor de forma natural. Es de hecho una parte fundamental e imprescindible en el proceso que va desde extraer la información contenida en nuestros genes hasta convertirla en proteínas que realizan funciones en la célula. Mientras que nuestro organismo tiene multitud de dispositivos moleculares para proteger nuestro ARN mensajero de la degradación o de la propia inestabilidad intrínseca a la molécula misma de ARN, cuando esté se encuentra en el vial que contiene la vacuna se encuentra desprotegido de tales mecanismos de protección.

Así, la solución más sencilla a la inestabilidad de las moléculas es mantenerlas a bajísimas temperaturas de manera que los átomos correspondientes estén lo más quietos posible. Llegados a este punto, quizá se esté preguntando: ¿si las bajas temperaturas se necesitan para mantener la estabilidad del ARN mensajero, por qué no todas las vacunas requieren de temperaturas tan bajas como -70 °C? Buena observación, querido Watson. La respuesta reside en el envoltorio en que los distintos fabricantes encierran el ARN mensajero. El envoltorio protege al ARN a mensajero de la degradación por parte de unos componentes de nuestro organismo llamados ribonucleasas (de nombre poco original pues son enzimas que destruyen el ácido ribonucléico, por sus siglas, el ARN) hasta que este hace su función.

Cuanto se tarda en hacer la vacuna del coronavirus portada
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Estos envoltorios son parte de la tecnología de la vacunación tanto como el ARN mismo y los hay con distintas características, de ahí que se conserven correctamente a distintas temperaturas. Tan importantes son estos envoltorios protectores que constituyen una de las razones principales por las cuales la tecnología del ARN mensajero aplicada a vacunas ha constituido un reto hasta ahora.

Preguntas: La vacuna requiere de 70 grados bajo cero para su conservación, pero entiendo que no nos la administrarán a esa temperatura. ¿Cuál es el proceso desde que llega en el transporte hasta que se inocula? ¿Aguanta cierto tiempo a temperatura ambiente?

El ARN mensajero es de manera natural una de la principales moléculas que nos componen. Como tal, realiza su acción en nuestro cuero a temperatura corporal, unos 36 o 37 grados. El ARN mensajero de las vacunas no es una excepción. Para hacer su función y en última instancia elicitar inmunidad contra el SARS-CoV-2, necesita hacerlo dentro de nuestro cuerpo y por ende a nuestra temperatura corporal. Así, no solo aguanta cierto tiempo a temperatura ambiente sino que requiere de temperatura corporal para actuar. Una vez la vacuna ha sido descongelada puede mantenerse a unos 20-25 grados de 30 minutos a 2 horas, por lo que se recomienda inocular justo después del descongelado. No puede por tanto administrarse a setenta bajo cero pues, por su composición, a tal temperatura es un sólido en lugar de un líquido.

En el próximo y último articulo de la serie veremos cómo afectan las alergias u otras patologías previas a la idoneidad para recibir la vacuna contra la COVID-19, así como la razón detrás de probar una combinación de las vacunas de AstraZeneca y la rusa Sputnik.