Hace unos días tuvo lugar la “semana del orgullo”, festividad que conmemora que el 3 de julio de 2005 se aprobó en España el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sí, parece que fue hace eones pero tan solo 15 años han pasado de este hito. España ha cambiado y el mundo también, y con ellos las acepciones de unas siglas que no han dejado de crecer.

Es importante distinguir al comienzo del post entre género y sexo. El sexo viene determinado por las características biológicas, lo que significa que se reconoce a través del cuerpo, más concretamente de los genitales y el aparato reproductor que marcan la diferencia biológica que nos define como seres sexuados. En cambio el género es una construcción social y cultural. El género, lo femenino y lo masculino, es modificable, por ello está sujeto a transformaciones, porque sus atribuciones son culturales y la cultura, además de ser diversa, es cambiante.

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Conociendo estas diferencias entendemos, que durante años y con toda la población que existe sobre el planeta, no todos por haber nacido con el sexo femenino nos debamos sentir mujeres y viceversa. No todo es blanco o negro, ni unos y ceros. Y esto explicaría lo que venimos a describir.

Durante toda la historía las siglas “LGBT” han ido transformándose y variando (como la cultura). Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transgénero son su significado, como todo el mundo sabe, pero tras éstas tenemos las letras adicionales menos usadas que, de emplearse, pueden aparecer en casi cualquier orden ya que no representan generalmente diferencias políticas dentro la comunidad, sino que surgen de las preferencias de cada individuo o grupo al referirse al colectivo.

Sobre las orientaciones sexuales menos conocidas, pero que también podríamos encontrar dentro de estas siglas tenemos la “Q” [LGBTQ] de queer, por aquellos a los que se les ha cuestionado su identidad sexual o de género; la “I” [LGBTI] que corresponde a los intersexuales; incluso una o dos “T” [LGBTT] más para diferenciar transexuales de los transgéneros o travestis; así como una “A” [LGBTA] para asexuales.

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Algunos añadirían una “P” [LGBTP] por poliamorosos o haciendo referencia a la pansexualidad. El concepto no tiene nada de nuevo, ya que ha existido desde la época de Sigmund Freud. Compuesto por el prefijo pan-, que significa todo, y la palabra sexualidad, define a aquella persona que siente atracción sexual o romántica por todos los géneros, incluyendo a los no-binarios transgénero.  La pansexualidad, también conocida como omnisexualidad, no debe confundirse con la bisexualidad, pues los bisexuales reconocen la relevancia del género, al contrario que los pansexuales que niegan la importancia del mismo. Incluso muchos proponen sustituir por una “O” [LGTBO] para omnisexuales y que también pueda determinarse como otros para involucrar a los que puedan llegar más adelante.

Su uso más común sigue siendo LGBT y en ocasiones podrás encontrar LGBT+ para evitar seguir extendiendo el acrónimo hasta el infinito.

No solo existen las orientaciones sexuales descritas arriba, también he encontrado ejemplos menos escuchados como la demisexualidad, caracterizada por el hecho de que no existe atracción sexual por un físico, sino únicamente por aquellas personas con quienes previamente has establecido un vínculo emocional fuerte. Según el censo de la Comunidad Asexual, dos tercios de demisexuales no sienten interés por el sexo o, incluso, desarrollan repulsión hacia él. 

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La atracción sexual por la capacidad intelectual de otra persona se denomina sapiosexualidad y es cuando se valora en la elección a la inteligencia por encima del físico o derivados. La lithsexualidad, es la atracción sexual hacia otras personas sin sentir la necesidad de ser correspondidos. Prefieren un amor platónico antes que una relación convencional. 

Y por último tendríamos la heteroflexibilidad, también conocidos como heterocuriosos, exploran su sexualidad sin poner en duda su orientación. Es la orientación sexual caracterizada por tener una actividad homosexual limitada teniendo en cuenta que la orientación fundamental es la heterosexual. Como cierre, la androsexualidad, un término aplicado a aquellas persona con desconocimiento de su orientación sexualidad, pero en las que existe una amplia flexibilidad para descubrirla.

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Como cierre a este post, un par de observaciones, de todas las orientaciones de las que hemos hablado no están reconocidas por la RAE: transgénero, poliamoroso, demisexual, sapiosexual, lithsexualidad, heteroflexibilidad y androsexualidad. La que más me sorprende con diferencia es la de transgénero, donde sí están reconocidas transexual y travésti pero no transgénero, al ser además una de las vocales principales de acrónimo LGBT.

El objetivo del texto era, como podéis comprobar por el titular, dar respuesta a las siglas de los colectivos LGBT y a sus variantes, pero esto, sin un último mensaje, se hubiese quedado escaso y simple. Y es por ello que lo más importante del artículo de hoy es defender que cada persona es un mundo. Que hay que aceptar, apoyar y respetar a la gente a que puedan expresarse tal y como se sienten, pese a que por nuestra tradición socio cultural estemos acostumbrados a “lo común”. Entender que cada ser humano es diferente y que por ello existen orientaciones sexuales variadas. Y la única forma de actuar ante esto es a través del respeto y la tolerancia.