“Pues denuncia”. Consejo que se pronuncia de forma casi automática cuando expresamos algún agravio. Denuncia si te han cobrado dinero de más, denuncia si tus vecinos no respeten tus horas de sueño, denuncia si tu jefe se sobrepasa contigo. No obstante, la justicia no siempre es perfecta ni siempre consigue darnos la protección que necesitamos.

En ocasiones, no siempre disponemos de la información suficiente sobre cómo buscar reparación a una afrenta o tenemos miedo de las represalias que puede conllevar un proceso judicial que, por otro lado, puede ser bastante prolongado. En cuanto a la violencia de género, el miedo y la vergüenza se encuentran entre los motivos por los cuales no se lleva a cabo una denuncia, según recaba la Delegación de Gobierno para la Violencia de Género. En cuanto al acoso laboral, el desconocimiento y el temor a las consecuencias se encuentra entre los motivos del silencio del empleado que ha sido víctima, según manifiestan en Psicolegalmente.

Y, sin embargo, la víctima se encuentra en una situación de desamparo que puede llevarle a buscar un tipo de reparación alternativa. De este deseo nacen alternativas populares. #MeToo (así se llama al movimiento en internet), que busca crear una red entre las víctimas de agresión y acoso sexual dentro de la esfera profesional. Hace unos meses hablamos de la cultura de la cancelación, un fenómeno estrechamente ligado.

La caída de Harvey Weinstein

Como toda iniciativa cibernética, el movimiento #MeToo ha sufrido diversas malinterpretaciones y tergiversaciones sobre sus intenciones, además de acusar sus propias carencias. Con todo, cabe recordar el origen de este hashtag que, por otro lado, expuso las miserias de Hollywood y, concretamente, del productor Harvey Weinstein, quien había dejado tras de sí un rastro de actrices destrozadas y que finalmente rompieron su silencio.

La actriz Alyssa Milano prendió la mecha con la siguiente propuesta en su cuenta personal de Twitter: “Como me ha sugerido una amiga: si todas las mujeres que hemos sido acosadas o agredidas sexualmente escribimos ‘Me Too’ (Yo también) como estado, podríamos hacer que la gente se haga una idea de la magnitud del problema. Si alguna vez te han acosado o agredido sexualmente, responde a este tweet con un ‘me too’”.

Cuando muchas mujeres comparten una experiencia similar, se genera una red de apoyo que logra que una víctima se sienta respaldada y, por lo tanto, se anime a contar su historia. La viralidad de la iniciativa animó a una multitud a compartir sus historias y encontrar un abrazo virtual que les proporcionara un fugaz consuelo y, por otro lado, puso sobre la mesa un tema tan tabú como el acoso sexual en el ámbito laboral. Asimismo, salieron a la luz casos que se encuentran en una zona gris de la legalidad. ¿Qué debemos hacer si un jefe nos gasta una broma desagradable? ¿Es denunciable la conducta inapropiada de un compañero fuera del horario laboral?

Las sombras de la industria del videojuego

En cuanto a la caída de Weinstein, ésta no se limitó al escarnio público. Finalmente, se formalizaron las denuncias formales que llevaron al productor a ser juzgado y condenado. Asimismo, la iniciativa #MeToo acabó llegando hacia otros sectores laborales. La industria del videojuego, idealizada en ocasiones por los jugadores que desean hacer de su afición su medio de vida, ha sido expuesta con sus miserias en los últimos años. El crunch, anteriormente contemplado como un gaje del oficio, ahora empieza a tener nombre y apellidos.

En el caso de Naughty Dog, varios empleados expusieron las lamentables condiciones laborales vividas mediante un reportaje de investigación de Kotaku: “Esto no puede continuar así una y otra vez en cada juego porque es insostenible. Llegados a cierto punto te dices ‘no puedo seguir así. Me estoy haciendo mayor. No puedo quedarme trabajando toda la noche’”.

En los últimos meses, diferentes casos de acoso sexual se han expuesto en Internet y han traído el foco hacia estudios y personalidades. En Keen Gamer se analiza de la siguiente forma: “El Me Too en la industria del videojuego no es novedad, ya ha sucedido antes. Y cuando estás monitorizando las noticias, como siempre hacemos, resulta abrumador ver posts cada dos por tres de alguien compartiendo su experiencia con alguien de la industria. El mes pasado, el director creativo de Ubisoft dimitió a causa de un tweet que le expuso. Ubisoft ha lanzado un comunicado al respecto y se lo ha tomado muy serio, ha revisado sus políticas e investigaciones sobre las acusaciones a sus empleados, tanto ejecutivos como los que no lo son. Hace poco, EA también ha sacado un comunicado sobre el mismo tema. Los profesionales de los esports han relatado sus experiencias también, y los profesionales de Smash Bros han sido muy vocales al respecto. Esto te hace preguntarte: ¿qué narices está pasando?”.

En el mismo medio, se analiza también cómo el movimiento #MeToo ha tenido un efecto dominó mediante el cual más y más gente se ha atrevido a contar su historia, envalentonada por otros semejantes que han vivido algo similar: “Estos empleados y jugadores que han compartido su vivencia se han guardado su secreto durante tanto tiempo que han terminado estallando”.

La paz que nunca llega

Por supuesto, el Me Too, como movimiento popular, tiene un lado espinoso: el linchamiento virtual que sigue al señalamiento de una persona en público. Y esto puede acabar complicando la reparación de la víctima. Asimismo, la persona que ha levantado la voz puede encontrarse sometida a un juicio paralelo en el que no va a encontrar la paz buscada. Fue el caso de Alec Holowka, cuyo suicidio tras las acusaciones de Zoe Quinn arrastró a la diseñadora a una nueva oleada de acoso.

[Imagen de una manifestación en EEUU apoyando el movimiento – Crédito: Internet]

Por otro lado, ¿ha facilitado el movimiento Me Too la situación de las mujeres en la esfera laboral? Si bien existe una concienciación mayor sobre el sexismo, la Universidad de Houston recoge un estudio sobre cómo en 2019 aumentaron las consecuencias negativas: “19% de los hombres dijo que se mostraban reacios a contratar mujeres atractivas, el 21% dijo que eran reacios a contratar mujeres para trabajos que involucraban interacciones interpersonales cercanas con hombres (trabajos que implican viajes, por ejemplo), y el 27% dijo que evitaron las reuniones privadas con colegas mujeres”.

En conclusión, Me Too es la respuesta desesperada ante una justicia imperfecta y ha servido para sacar a flote una situación tristemente antigua, pero sobre la que no se había arrojado suficiente luz. Por supuesto, lo ideal es que el sistema consiga aportar ese abrigo a las víctimas y pulir sus carencias. Mientras, la paz de la víctima continúa siendo la cuestión más desprotegida.