Un total de 183.000 nuevos casos de COVID-19 el pasado domingo 21 de junio. Es el récord absoluto de nuevos casos en un solo día. Sólo en Brasil se reportaron 50.000 nuevos casos, casi la mitad del total de los 116.000 que fueron registrados en todo el continente americano. 

En Europa, y en particular en España, estamos entrando en ese eufemismo mal empleado que está de moda: la nueva normalidad. Sin embargo, la OMS alerta de que la pandemia continúa acelerando y que nunca conseguiremos derrotarla mientras líderes mundiales sigan politizándola.

El mundo tardó tres meses en alcanzar el millón de infectados, pero han sido suficientes tan sólo 8 días para que se registrara el último millón de infectados. A ello hay que añadir que, en países donde parecía haberse superado la pandemia y donde se habían relajado las medidas de confinamiento, se están produciendo nuevos rebrotes preocupantes, como en China, Corea del Sur, Alemania o España.

Uso-de-mascarilla-durante-el-coronavirus-pandemia

De esta manera, estamos asistiendo a un desarrollo de los acontecimientos donde cabe distinguir, por un lado, a los países del continente americano, que están lidiando con el punto más álgido de la pandemia, mientras que, al mismo tiempo, los países europeos y asiáticos están tratando de recuperar el terreno perdido como consecuencia de las medidas de confinamiento.

Esta dualidad endiablada se está produciendo al mismo tiempo que se revela que el crecimiento de la pandemia, lejos de detenerse, lo que está haciendo es acelerarse. A la vista del desarrollo de los acontecimientos podríamos decir que, a nivel global, cabe distinguir dos fases en lo que se refiere a la evolución de la pandemia.

Primera fase

La primera fase es la que hemos visto en todos los países del mundo, pero en distintos momentos. Los países asiáticos donde se detectaron los primeros casos dieron el pistoletazo de salida. Ellos fueron los primeros en establecer medidas restrictivas dirigidas a evitar la propagación del virus. Mientras esto se producía, en Europa y el resto del mundo, con contadas excepciones, ignorábamos la gravedad que podía llegar a alcanzar la propagación del coronavirus.

Después de lo vivido, esa misma actitud parece haber tenido lugar en el continente americano donde, a pesar de que la magnitud de la crisis provocada por la COVID-19 en Europa fue mucho mayor a la ocurrida en el continente asiático, estamos presenciando cómo los estragos del coronavirus están siendo aún mayores.

Es una fase interesante porque pone de manifiesto la nefasta gestión que, como sociedad global, estamos haciendo de esta crisis. 

Segunda fase

La segunda fase es la que tiene lugar después de la haber conseguido aplanar la famosa curva. De nuevo, en primer lugar hemos visto cómo los países asiáticos han sido los primeros en conseguir aplanar la curva y relajar las las medidas de control para evitar la propagación del coronavirus. A fin de cuentas, allí es donde se inició todo. La fase dos es la que estaría comenzando ahora en Europa.

Esta segunda está protagonizada por la aparición de rebrotes que amenazan con que se produzca una segunda oleada de contagios. En este sentido, el gobierno de Corea del Sur confirmaba el pasado 21 de junio una segunda ola de infecciones. El origen, según el Gobierno surcoreano, los brotes que se produjeron en mayo, principalmente en clubs nocturnos de Seúl durante un fin de semana festivo de comienzos de ese mes. Al mismo tiempo, en Alemania, el ratio de infección pasaba del 0.86 al 2.88 en tan sólo 3 días debido a un rebrote en una planta cárnica. En España y en otros lugares de Europa también se han producido diversos rebrotes que están tratando de ser controlados. De nuevo la historia ocurrida en Asia parece repetirse en Europa.

[Imagen que refleja en las diferentes fases en las que está el mundo. Fuente: Rewisor]

Cabe preguntarse cuándo se producirá, o tal vez sea mejor decir cuándo se anunciará, la segunda oleada en Europa. Algunos esperan que llegue en octubre, pero los datos proporcionados por la OMS que referimos al inicio de este post, el desarrollo de los acontecimientos que estamos viendo en Asia y las voces de algunos expertos como la viróloga del CSIC Margarita del Val -que explica que en Irán ya están preparándose para la segunda oleada porque el clima no está siendo suficiente para parar el coronavirus- hacen pensar que más pronto que tarde volveremos a vernos golpeados por la pandemia.

Los países del continente americano parecen lejos de llegar a esta segunda fase porque allí la curva aún no se ha aplanado de la misma forma que en el resto del mundo.

¿Una tercera fase?

Esta fase todavía no la hemos visto desarrollarse en ningún sitio del planeta salvo en Nueza Zelanda, ya que la tercera fase sería aquella en la que se ha conseguido erradicar el coronavirus y donde la actividad vuelve a ser la que era normal antes de la pandemia (y no la nueva normalidad). Sin embargo, es una normalidad con límites puesto que en Nueva Zelanda las fronteras siguen prácticamente cerradas.

Aeropuertos vacios por el coronavirus

Esta medida, que apenas tiene excepciones, contrasta con las que se están adoptando en Europa, donde no sólo no hemos sido capaces de reducir a cero los casos de COVID-19 sino que estamos viendo como los rebrotes se están produciendo antes de lo que se produjeron en Asia.

La situación que afronta la humanidad es muy compleja y, ciertamente, cabe preguntarse si podemos hacer algo más de lo que estamos haciendo. El avance escalonado del coronavirus, empezando en Asia y continuando por Europa hasta llegar a América no ha sido suficiente para anticipar del todo los efectos de la pandemia todo lo que hubiera sido deseable. La segunda ola ya se ha declarado en algunos países y el temor a que esa ese fenómeno se extienda por el resto del mundo es cada vez mayor.

Podría decirse que existe un dilema entre anticipar las medidas necesarias para evitar que llegue esa segunda ola en los lugares donde se acaba de superar la primera fase o levantarlas para que la economía respire y arriesgarnos a un segundo confinamiento. ¿Qué será mejor a largo plazo? ¿Dejar que la economía respire para que vuelva a entrar en parada cardiorrespiratoria dentro de 1 o 2 meses o dejarla en respiración asistida hasta conseguir lo que ha conseguido Nueva Zelanda y reiniciar la economía desde ahí?

Enfrentamos un momento histórico y por primera vez albergo dudas sobre si nuestra responsabilidad individual será suficiente para salir de este trance sin secuelas graves. Esperemos que los líderes mundiales se pongan a la altura antes de que sea demasiado tarde.