La buena gente de Moon Studios sorprendió al mundo en 2015 cuando lanzaron “Ori and the Blind Forest”, un título metroidvania realizado con poco presupuesto -era un proyecto indie entonces- y que veía la luz gracias al apoyo de Microsoft, que se lo llevó a Xbox y Windows (Steam). El juego gustó muchísimo y la secuela era cuestión de tiempo.

Lo que nadie esperaba es que el tiempo se dilatase tanto, y menos tratándose de un juego de plataformas no excesivamente ambicioso. Tras cinco años de espera, este marzo de 2020, “Ori and The Will of The Wisps” ha salido a la venta, satisfaciendo nuestros deseos de volver a encarnar a Ori, el gato/ardilla más bonico del bosque.

Esta segunda entrega es una secuela directa que nos deja un tiempo después de que acabara la primera aventura. En ese sentido “Ori and The Will of The Wisps” es el segundo juego de la saga y, por ello, tenía la difícil misión de ser mejor que su antecesor, algo nada fácil.

Volvemos al bosque

En “Ori and The Will of The Wisps” volvemos, por supuesto, al bosque donde empezó todo, sólo que con un mapa más variado y unos entornos mucho más ricos y detallados.

La acción sucede en una gran región, separada en diferentes zonas, y que se diferencian entre sí gracias a uno de los recursos más viejos de nuestro sector: el paisaje. Es decir, que hay una zona de nieve, otra de bosque, otra de profundidades, otra de agua… Los niveles se suceden en entornos marcados por una característica clara que ayuda al jugador a sentir que está viajando de verdad.

De nuevo, y como ya vimos en la primera entrega, el cuidado y el cariño con el que están creados los entornos, los enemigos, las construcciones o los propios personajes del juego es de un nivel muy pocas veces visto en juegos de este corte y presupuesto. Su objetivo es emocionar a través de los sentidos y eso lo consigue desde el minuto uno gracias a su genial sentido de la estética y a su dibujo preciosista.

Un metroidvania competente

Pero, ¿en qué consiste el juego? Pues en saltar y golpear, consiguiendo por el camino más y más habilidades que nos permiten llegar más lejos y acceder a zonas que antes teníamos bloqueadas. Es decir, el juego es un metroidvania.

Si la primera entrega se sostenía en su parte plataformera, con una acción muy bien medida y unos entornos desafiantes, esta continuación va un paso más allá en las plataformas y, sobre todo, se convierte en un título con unos combates desafiantes y ricos (cosa que el primer Ori no consiguió).

La mezcla de plataformas con luchas llenas de posibilidades se traduce en: diversión. El juego es divertido, exigente y, para nada, autocomplaciente. Algunos desarrolladores se habrían visto satisfechos al haber alcanzado un diseñó casi perfecto para dejar de lado la parte jugable, pero “Ori and The Will of The Wisps” es precioso y, además, divertido de jugar.

Si no fuera porque la continuación de Hollow Knight sale este año (“Hollow Knight: Silksong”) el premio a metroidvania de 2020 estaría bastante claro pese a encontrarnos aún en marzo.

Jefes finales en mundo idílico

La verdad es que si tuviera que explicarle a alguien que no ha jugado a los Ori en qué se diferencian el primero del segundo, seguramente usaría esta analogía: el original es un paseo por el campo, el segundo es una carrera con un palo.

Así, en pocas palabras y siendo todo lo injusto que es un resumen con la magnitud de la obra original. Pero déjenme explicarme. En la primera entrega todo el peso de la jugabilidad recaía en el movimiento (muy preciso y bien acabado, de los mejores que recuerdo por feedback), y los combates eran meros trámites, tanto es así que los jefes más duros no precisaban de combates, sino que eran fases de escape y huida.

Y en esta segunda entrega, en “Ori and The Will of The Wisps”, la cosa se equilibra entre los saltos -y la habilidad del jugador de ir de una plataforma a otra- y el combate. Tanto es así que el juego tiene retos repartidos por todo el mapa en los que se pone a prueba estas dos mecánicas, y es un buen recordatorio de que esta entrega mima sus dos vertientes.

Continuando con la exposición anterior, algo que brilla con luz propia en esta continuación (y que echamos de menos en el juego original) son los combates contra los jefes finales. Fases de pura lucha contra enemigos duros de vencer. Diseños atractivos, ataques originales y escenarios currados nos llevan a disfrutar esos momentos de una forma pura. En este Ori se chilla de satisfacción al acabar con un boss y eso, para los que amamos los retos, es genial.

Exclusivo de Xbox que también está en Steam

El lanzamiento tuvo lugar el 11 de marzo (un mes después de lo esperado) de este 2020 tras numerosos retrasos, como yo dijimos al principio del análisis y en mi opinión, viendo cómo está acabado el juego, no creo que esté justificado semejante retraso -esto podría haber estado listo hace un par de años-, aunque seguramente se deba a un tema de fechas y planificación de lanzamientos. Sin el “Ori and The Will of The Wisps” posiblemente Xbox habría estado demasiado vacía de exclusivos este año.

Quitando esto, que es más una queja al aire, el juego es prácticamente redondo. Divertido de jugar, bonito, bastante completo y repleto de secretos y desafíos pensados para los más completistas. Esta segunda entrega supera en todo al juego original y es decir mucho. Xbox tiene en su haber uno de los mejores metroidvanias de los últimos años y una joya que os animamos a jugar. No os arrepentiréis.