Hay una cosa de este mundo capitalista y globalizado que me molesta. Bueno, hay muchas cosas que me molestan, pero hoy en concreto os hablo de una: la obsolescencia programada. Que un producto esté pensado para que dure unos pocos años me fastidia, y más cuando estamos en una época donde poder arreglar un aparato debería ser más fácil que nunca: tutoriales en internet, accesibilidad a todo tipo de piezas, mercado global de repuestos, etc.

Por eso, desde hace un tiempo, en la Comisión Europea se lleva trabajando en un concepto sencillo pero muy útil, el del derecho a la reparación. En busca de un mercado con menos desperdicios y con mayor eficiencia, los órganos políticos europeos han decidido que es hora de que los fabricantes se comprometan con sus clientes y con el medio ambiente.

Y gracias a la votación ocurrida en el Parlamento Europeo esta semana, donde se ha sacado adelante la propuesta, la Unión Europa acaba de dar un gran paso hacia el establecimiento de unas normas más estrictas sobre el derecho a la reparación.

Esta votación marca el último gran impulso hacia los objetivos de la UE de hacer que los dispositivos duren más tiempo, para así reducir los desechos electrónicos. La Comisión Europea había anunciado planes a principios de este año para nuevas reglas de “derecho a reparación” para teléfonos, tabletas y computadoras portátiles de cara al año 2021.

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Con el visto bueno del Parlamento Europeo, la pelota pasa de nuevo a estar en el tejado de la Comisión para “desarrollar e introducir un etiquetado obligatorio, para así proporcionar información clara, inmediatamente visible y fácil de entender a los consumidores sobre la vida útil estimada y la posibilidad de reparación de un producto en el momento de la compra”.

Eso sí, ahora queda esperar, ya que una vez que se ha dado luz verde al proyecto es tiempo de plantear y desarrollar unas medidas que gusten a la Comisión y que sean realistas con el mercado tan global que tenemos. Se estipula que para 2021 sabremos algo más, ojalá que sí.