Este texto es una actualización de un artículo publicado en 2017

La idea de una renta básica universal (RBU) se ha considerado hasta ahora una utopía, para algunos contraria al capitalismo y que roza la “pesadilla comunista”. La idea es crear un “salario” para todo el mundo, sin importar su edad, nacionalidad, estado laboral o patrimonio.

Tras la crisis del coronavirus, la idea ha vuelto con fuerza como una propuesta no contraria al capitalismo sino como la mejor opción para salvarlo de devorarse a sí mismo.

El coronavirus ha parado a los sectores que no son esenciales y millones de personas en todo el mundo han dejado de trabajar de la noche a la mañana, muchos de ellos quedándose sin ingresos. Y la verdad, visto el panorama no es de extrañar que el tema de la UBI haya cogido carrerilla estos días.

En EEUU se ha aprobado el envío de cheques masivos por valor de 1.200 dólares a los ciudadanos (para aquellos que cobren menos de 75.000 dólares), en Brasil se acaba de anunciar un esquema de pagos de 115 euros menusales a los trabajadores durante el próximo trimestre, y en nuestro país se está ultimando una renta mínima de 440 euros al mes. Como vemos, hemos pasado de la teoría a la acción en apenas unas semanas.

Esto, que podría parecer una solución a futuro para las clases desfavorecidas, no parece cuajar con ese 1% de ciudadanos privilegiados.  Sin embargo, en los últimos años cada vez más empresarios de primera fila, entre ellos multimillonarios de Silicon Valley como Mark Zuckerberg o Elon Musk, defienden que no hay muchas alternativas si deseamos un futuro inclusivo. La culpa de todo la podría tener la automatización.

Por qué esta vez es diferente

Piensa en tu trabajo. ¿Cuánto crees que tardaremos en crear un súper ordenador que lo haga mejor que tú? Durante la primera revolución industrial la cosa se puso fea, pero no tanto. La maquinaria era simple y monótona, lo suficientemente avanzada pero convenientemente estúpida como para no quitar demasiados trabajos. La automatización era “manual.”

Los oficios menos especializados fueron los más afectados y el paro se disparó, pero se abrió otra vía: la especialización. Las carreras universitarias y los módulos formativos, no solo subieron el nivel del empleo humano, trasladando el valor del músculo al cerebro, también crearon nuevos empleos. ¿Quién en su sano juicio estudiaría marketing y publicidad en 1490? Pero ahora no son nuestros músculos sino nuestros limitados y aleatorios cerebros orgánicos los que están en peligro.

Humanos vs Máquinas, Cerebros vs Big Data

Imagina que eres médico de familia. Tu trabajo consiste en recibir a pacientes, escuchar sus síntomas, analizarlos y elegir el mejor tratamiento o a qué especialista enviarle. Para hacerlo tendrías que pensar en lo que estudiaste, consultar algunos manuales, a compañeros o artículos que no recuerdas o desconoces. Por último está tu experiencia previa, que muchas veces es algo puramente anecdótico.

En cambio si eres IBM Watson, la inteligencia artificial de Microsoft que ya ha dejado en paro a una treintena de empleados administrativos, todo esto lo harías en minutos. Puede que incluso en segundos. Si eres abogado y lo que tienes que hacer es consultar precedentes y documentos, pasa lo mismo. Las inteligencias artificiales, IAs o AIs, tienen el poder para barrer con el mercado laboral humano de por vida. Si esto le pasa a los abogados, médicos y notarios, ¿cuánto falta para que ocurra lo mismo con los conductores y, por qué no, los artistas y diseñadores?

¿De qué trabajaremos entonces? Puede que, simplemente, dejemos de hacerlo.

Votos a favor…

La opinión se divide ahora entre los que están a favor y los que están en contra de la renta básica universal. Elon Musk ya ha dicho que no ve otra opción mejor. Tanto es así que ha llegado a decir que “es necesario.”

Otras grandes figuras de Silicon Valley se han sumado a este bando, aunque algunos han sido más comedidos. Mark Zuckerberg manifestó su opinión al respecto en un discurso en Harvard. Para él podría ser el motor de la innovación. “Deberíamos vivir en una sociedad que mida el progreso, no solo con medidas económicas, como el PIB, sino por cuántos jugamos un papel que consideramos importante,” dijo Zuck al público. “Deberíamos explorar ideas como la renta básica universal para asegurarnos de que todos tienen un colchón para poner a prueba nuevas ideas.”

Votos a favor, pero ojo

Su mentor, Bill Gates, también se ha mostrado a favor, a pesar de que no crea que haya llegado aún el momento. Gates, conocido por arrancar iniciativas filantrópicas desde la Fundación Bill & Melinda -desde la que una de sus metas es acabar definitivamente con la malaria- cree que hay que solucionar otros problemas antes. Antes de llegar a una renta básica universal, Gates piensa que deberíamos cobrar impuestos a los robots.

Eso no significa que, llegado el momento, cuando haya más países con una riqueza suficiente para llevarlo a cabo, se implante, ni mucho menos. Un vídeo de nuestros tan queridos -como impronunciables- Kurzgesagt explica el fenómeno de la automatización mejor que nosotros.

Steve Wozniak, cofundador de Apple, es otro de los que opinan que es una medida interesante. Sin  embargo considera que hay persona y países en condiciones tan difíciles que puede que ni siquiera eso sea suficiente.

Votos en contra

Hillary Clinton o Bob Greenstein, por el contrario, no se muestran tan entusiastas. La ex candidata a la presidencia de América dijo en una entrevista a Daniel Roth que no pensaba que “estuviésemos preparados aún.” Con otras palabras, Greenstein, que lleva 45 años trabajando en políticas para paliar la pobreza, dice algo parecido. Cree que un cambio de esas características no podría suceder.

Pero imaginemos que viajamos en el tiempo y le decimos a un esclavo del Imperio Romano que algún día habrá derecho a voto y 30 días de vacaciones por ley.
Los cambios suceden. Poco a poco, pero oye…