Recuerdo que, justo la semana en la que empezaba la cuarentena, mi amigo y compañero Taramona me dijo “tío, tienes que bajarte Quibi, es una movida muy loca de la que tenemos que hablar en un futuro”. Y claro, cuando te lo dice Rodrigo uno acepta el consejo y le hace caso, así que me instalé la aplicación y canjeé los 90 días gratis me daban. Ese tiempo ya ha pasado y, la verdad, sigo sin tener muy claro para quién es y dónde se sitúa Quibi.

Para quienes no lo conozcan Quibi es una aplicación que ofrece contenido audiovisual en streaming al estilo Netflix pero con la duración de un vídeo de TikTok. Está a medio camino de ambas ideas y esto se traduce en contenidos de unos 10 minutos donde se presenta una situación que tiene su planteamiento, nudo y desenlace.

En Quibi la gente puede disfrutar en su móvil de capítulos, series, programas y casi todo tipo de producciones audiovisuales que son muy breves y que son impactantes, tanto por guion, como por producción y actuación. Y decimos esto porque las producciones de Quibi no son baratas.

Actores y artistas de la talla de Kevin Hart, Jennifer Lopez, Nick Jonas, Idris Elba, Liam Hemsworth, Sophie Turner, etc. La cantidad de personalidades reconocibles dentro de la aplicación abruma, y hace que la plataforma tenga el aspecto y el contenido profesional que todos queremos cuando nos bajamos una app de contenido audiovisual.

Vale, ya hemos explicado un poco qué es Quibi y qué contenido tiene. Ahora viene la pregunta: si la aplicación es de calidad y maneja los tiempos modernos de inmediatez y brevedad… ¿por qué no triunfa?

Pues la verdad es que esa pregunta no la podemos responder sin miedo a equivocarnos, pero lo que sí podemos (y vamos a hacer) es intuir cuáles son sus problemas.

Primero, la competencia. Si el usuario quiere matar el tiempo en el metro o en el bus de vuelta a casa tiene todo tipo de aplicaciones (Netflix, HBO, Amazon Prime Video, Disney Plus, etc.) y redes sociales (Twitter, Instagram, Tik Tok, Reddit, etc.). Entrar en esta guerra hace que tengas tantos enemigos que cualquiera puede ser tu asesino.

Segundo, estar en tierra de nadie. A diferencia del resto de plataformas de vídeo por streaming, la duración de los capítulos no invita a sentarte en el sofá de tu casa a disfrutar del contenido, sino que está pensada para usarla en pequeños sorbos de 10 minutos. De ahí el problema de la competencia. Si quiero ver una serie me voy a HBO a ver Chernóbil en la televisión a 4K y con la barra de sonido, y si quiero ver en el móvil un vídeo corto que me entretenga me voy a Youtube o a TikTok. Lo que decíamos, está en tierra de nadie.

Tercero, todos los planes son de pago. Si quieres batirte el cobre con una cantidad ingente de aplicaciones que llevan más tiempo que tú y que tienen el pastel repartido, no puedes tener sólo planes premium. Hay una de 4,99 dólares (con anuncios) y otra de 7,99 dólares (sin anuncios). Y esto es un error. Por mucho que dieran 90 días gratuitos, donde la gente pudo probar bien su contenido, la aplicación debería tener un plan Free donde poder hacer masa social que le sirva de salvavidas de cara a inversores y a auditorías. Aquí tienen que seguir el modelo de Spotify, líder en su sector.

El contenido de Quibi es de calidad, y tienen todo tipo de programas, como si de una televisión se tratase, pero el escollo que supone entrar a un mercado saturado y al que no le ofreces opciones gratuitas (a cambio de meter mucha publicidad, no hay problema) no le augura un futuro brillante.

Y si bien esto lo decimos por la impresión que da desde fuera, también nos basamos en datos objetivos que han salido estos días a la luz, ya que la compañía Sensor Tower, especializada en la elaboración de analíticas empresariales, ha sacado un informe donde dice que Quibi perdió al 90% de sus usuarios tras expirar el periodo gratuito de 90 días, y que su ratio de conversión se quedó en un 8% de abril a julio (de 910.000 usuarios tan sólo se han quedado pagando 72.000).

Desde Quibi aseguran que las cosas están mejor de lo que parecen y que tienen un buen colchón económico para remontar estos datos, y el beneficio de la duda lo tienen, faltaría más. Pero al igual que le concedemos esto, también tenemos que ser realistas en cuanto a su futuro. Mucho va a tener que cambiar la aplicación para hacerse un hueco en un mercado lleno de tiburones.