Los piratas del siglo XXI no llevan parche en el ojo ni pata de palo. Las descargas ilegales han sido durante años el quebradero de cabeza de la industria audiovisual, pero la piratería digital no solo afecta a ese sector. Si algo tiene internet es que lo abarca todo e, igual que se piratean películas, se piratean artículos científicos. Alexandra Elbakyan, la protagonista del “¿Quién es…?” de hoy, es precisamente la reina de la piratería en la ciencia. En 2018, ella misma escribió en su blog: “¡siempre he sido una pirata!”. Lícitas o no, sus acciones han revolucionado el mundo de la investigación.

Investigar es generar conocimiento y el conocimiento se acumula, avanzamos sobre las teorías y conclusiones –acertadas o no– a las que llegaron las generaciones anteriores. “Si he podido ver más allá es porque me encaramé a hombros de gigantes”, le escribió Newton en una carta a Robert Hooke allá por 1675. Sería improductivo, por ejemplo, que cada físico tuviera que formular desde cero la ley de la gravitación universal antes de hacer cualquier experimento. Toda investigación requiere bucear en trabajos anteriores, pero esa búsqueda a veces se topa con obstáculos.

[ Alexandra Elbakyan en 2016. Fuente: Wikimedia Commons ]

Eso es lo que le ocurrió a Elbakyan en su último año de carrera. Por aquel entonces, la joven kazaja estudiaba informática en la Universidad Técnica Nacional de Kazajistán, en su Almatý natal, la ciudad más grande del país. Especializada en seguridad informática, trabajaba en un sistema de seguridad que permitiera reconocer a las personas identificando los patrones de sus ondas cerebrales. Sin embargo, en su investigación se topó con una barrera económica. Así lo explicaba en una entrevista a El País: “en 2009, para hacer mi tesis, tenía que consultar una treintena de estudios. Todos eran de pago, con el habitual precio medio de 30 dólares cada uno”.

Como buena millennial acostumbrada a descargarlo todo de forma gratuita, Elbakyan recurrió a internet para salvar ese obstáculo. “Era demasiado [dinero] para mí –continúa–, así que me dirigí a la Red: ya había descargado gratis libros técnicos de páginas piratas y pensaba que podría hacer lo mismo con los estudios. En realidad, no era tan fácil. Me encontré con una comunidad de piratas, donde me explicaron cómo evitar las barreras de pago”. Afirma que le sorprendió que no existiera una web o un torrent para esos artículos. Y ese fue el germen del que dos años después nació el portal Sci-Hub, el proyecto por el que es mundialmente conocida.

Sci-Hub, la piratería en la ciencia

Fundado en 2011 por Elbakyan, Sci-Hub es un repositorio pirata de artículos científicos. Cada día lo visitan una media de 30.000 usuarios y actualmente alberga más de 84 millones de publicaciones, a las que brinda acceso de forma totalmente gratuita. Son artículos recientes publicados por las grandes editoriales académica y a los que el acceso legal suele tener un coste de unos 30 dólares por artículo.

En palabras de la propia Elbakyan, el portal funciona de la siguiente manera: “si introduces el código identificativo del estudio que necesitas, Sci-Hub lo busca en la base de datos LibGen –otra web similar–. […] Si el estudio todavía no está allí, lo recuperamos del sitio al que pertenece utilizando las credenciales de investigadores que las han puesto a nuestra disposición”. Por lo tanto, Sci-Hub permite acceder inmediatamente a cualquier artículo académico en cuanto la editorial o distribuidora correspondiente lo sube a su web. Evidentemente, este modus operandi es ilegal y, de hecho, Elbakyan ha sido enjuiciada en Estados Unidos.

En 2015, Elsevier, la editorial científica más grande de Estados Unidos, presentó una demanda contra la informática kazaja por “infracción de derechos de copyright”. Según la revista Quartz, Sci-Hub ofrece el 97% de los artículos publicados por Elsevier. El juicio se saldó con una multa de 15 millones de dólares para Elbakyan y el cierre del portal. Pese a la condena, el portal sigue activo en otro dominio y su fundadora asegura que no tiene nada que temer: “mis servidores están en Rusia. En Estados Unidos no tengo nada, de modo que no hay nada de qué incautarse”.

El acceso abierto como bandera

Elbakyan, que actualmente tiene 31 años, no tiene ningún problema en reconocer que lo que hace es robar a las editoriales, puesto que entiende que es una forma lícita de luchar por el libre acceso al conocimiento científico, una causa de la que es firme defensora. De hecho, el lema de su gran proyecto es “para eliminar todas las barreras en el camino de la ciencia”. Elbakyan sostiene que “los beneficios obtenidos mediante el acceso restringido son mucho más elevados de lo que sería necesario para cubrir los costes de publicación”.

La Robin Hood de la ciencia, original de una exrepública soviética, no se queda ahí, sino que va un paso más allá y explica abiertamente que Sci-Hub bebe de una influencia directa del comunismo y de la cultura científica de la Unión Soviética. Tal y como reza el eslogan de un célebre cartel soviético, para ella “la ciencia y el comunismo son inseparables”. Ambos comparten la misma misión: el acceso libre e igualitario al conocimiento. Además, señala que el dinero con el que se financian muchas investigaciones procede de fondos públicos y que, por tanto, sus resultados también han de serlo.

Parásito, genio o espía

A nadie se le escapa que con esta carta de presentación Elbakyan no despierta mucha simpatía en Estados Unidos. De hecho, en diciembre de 2019 el Departamento de Justicia estadounidense la señaló como sospechosa de espionaje y anunció una investigación orientada a estudiar su posible colaboración con la inteligencia rusa para acceder a información reservada. La presunta espía ha negado cualquier relación directa, aunque recuerda que las donaciones a Sci-Hub son completamente anónimas, por lo que nada impediría a los servicios de inteligencia rusos financiar el portal pirata.

Más allá de la película de espías, la joven kazaja siempre ha sido fiel a la lucha por el libre acceso al conocimiento y la ha llevado hasta sus últimas consecuencias. ¿El fin justifica los medios? Todo depende de la perspectiva. La polémica está servida. Elbakyan acumula detractores y defensores. En 2017, un grupo de entomólogos rusos y mexicanos bautizó a una avispa parasitoide con el nombre de la programadora kazaja como muestra de desprecio. En cambio, también ha sido comparada con Aaron Swartz, cofundador de Redit, y con Eduard Snowden como adalid de la transparencia.

La revista Nature la incluyó entre las diez personas más destacadas de la ciencia en 2016 y ha sido nominada en dos ocasiones al Premio John Maddox, avalado por la misma cabecera, que galardona a investigadores por su “gran coraje e integridad al defender la ciencia y el razonamiento científico contra la feroz oposición y la hostilidad”. Digno de aplauso o de repulsa, lo cierto es que hay miles de investigadores que acceden cada día a artículos académicos a través de Sci-Hub. ¿Será el futuro del conocimiento tal y como lo imagina Elbakyan?