Los superpoderes son las cualidades sobrehumanas con las que los superhéroes salvan el mundo. Los hay de muchos tipos: potenciación de habilidades humanas, manipulación de elementos naturales, habilidades físicas y de desplazamiento sobrehumanas, poderes psíquicos… y luego está el superpoder de Batman, su fortuna. ¿Por qué hablamos del Hombre Murciélago? Porque el protagonista del “¿Quién es…?” de hoy, George Soros, comparte ocupación con Bruce Wayne. Ambos son magnates filantrópicos que dedican sus ratos libres a combatir las injusticias, solo que para las mentes más imaginativas Soros entraría más bien en la categoría de supervillano.

George Soros, de 90 años, es un multimillonario húngaro-estadounidense de origen judío cuya fortuna supera actualmente los 8.500 millones de dólares. Pero si sus cuentas son abultadas, las teorías conspiranoicas entorno a su figura lo son más aún. Soros es uno de los blancos favoritos de la extrema derecha, la mano negra a la que los conservadores y republicanos estadounidenses culpan de todos los males. Y, como todo lo que surge en Estados Unidos acaba contagiándose, acumula detractores en todo el mundo.

La cuestión es: ¿de qué le acusan exactamente estas teorías? Piensa en cualquier acontecimiento y acertarás. Su nombre ha sido invocado como organizador, a base de biletes, de las protestas de mujeres contra el juez Brett Kavanaugh –se enfrentó a acusaciones de agresiones sexuales durante su candidatura a la Corte Suprema en 2018–, de las caravanas de inmigrantes, de las protestas del movimiento Black Lives Matter… la lista es inagotable. Pese a sobrevivir al Holocausto gracias a una identidad falsa, han llegado a tacharlo de colaborador nazi y, en territorio patrio, se le ha relacionado incluso con el independentismo catalán.

La explicación a esta fijación de la extrema derecha por la figura de Soros se encuentra en su origen y en el de su fortuna, así como en la actividad filantrópica que lleva desarrollando desde las últimas décadas del siglo pasado. Su enorme fortuna, su perfil bajo, su origen judío y su significación política lo convierten en la diana perfecta de estos ataques. Y es que, como explica en un vídeo promocional Bono, el vocalista de U2, Soros “es un gigante que camina a pasos muy lentos y cuidadosos, de manera que la gente no lo ve llegar”.

El hombre que acabó por elevarse

La palabra soros en esperanto quiere decir “se elevará”, un apellido profético para uno de los hombres más rico del mundo que, por cierto, es uno de los pocos hablantes nativos de esperanto. De hecho, ese apellido no es casual. Fue elegido por su padre, el abogado húngaro Tivadar Soros –uno de los editores y escritores en esperanto más destacados–, en 1936 para ocultar la identidad de su familia, cuyo apellido original era Schwartz, ante el antisemitismo y el auge del fascismo.

[ George Soros en 2011. Fuente: Wikimedia Commons]

Cuando la Alemania nazi tomó el control de Hungría durante la Segunda Guerra Mundial, Tivodor Soros, que ya había sido prisionero en la Gran Guerra, organizó un sistema para ocultar la identidad de su familia y de otras de origen también judío y, de este modo, lograr sobrevivir al Holocausto. Años más tarde, él mismo plasmó sus argucias en su libro Mascarada alrededor de la muerte, escrito originalmente en esperanto.

George Soros, su hijo menor –nacido en 1930–, se mantuvo en Budapest junto a su familia hasta 1946, año en el que escapó de la ocupación soviética participando en un congreso juvenil de esperanto en Suiza. Más tarde emigró a Inglaterra, donde estudió en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, y finalmente, a Estados Unidos, donde comenzó a trabajar como analista financiero hasta que en 1973 fundó su propio fondo de inversión, Quantum Fund.

Buena parte del éxito de Soros como inversor financiero se debe a su concepto de reflexividad, una aplicación de la teoría del filósofo Karl Popper –y profesor de Soros en Londres– a los mercados de capital. En su libro The alchemy of finance (1987) Soros explica que, como adivinar el comportamiento de la economía es extremadamente complicado, basta con anticipar las percepciones de los inversores, puesto que esas percepciones condicionarán su comportamiento y, por ende, el del mercado. Es decir, se trata de una especie de profecía autocumplida.

[ George Soros en 2012. Fuente: Wikimedia Commons ]

Y, hablando de profecías y de inversiones, el día en el que realmente Soros hizo honor a su apellido y “se elevó” por encima de la humanidad fue el 16 de septiembre de 1992, el llamado miércoles negro. Ese día el Gobierno británico, con John Major a la cabeza, se vio obligado a retirar la libra esterlina del Mecanismo Europeo de Cambio, porque era incapaz de mantenerse dentro del límite inferior pactado. George Soros, que había apostado en contra de la libra, ganó unos mil millones de dólares, motivo por el que es conocido como “el hombre que provocó la quiebra del Banco de Inglaterra”. A río revuelto, ganancia de pescadores.

El filántropo detrás del magnate

Una vez amasada una gran fortuna, en la década de 1970 Soros decidió empezar a destinar su dinero a actividades filantrópicas, siempre fiel a sus orígenes. “Ocupo una posición excepcional. Mi éxito en los mercados financieros me ha dado un mayor grado de independencia que a la mayoría de la gente. Esto me permite tomar posición en temas controvertidos; de hecho, me obliga a hacerlo”, afirmó en una ocasión.

Sus principales acciones se canalizan a través de la red Open Society Foundations, fundada en 1993 para promover el desarrollo de sociedades abiertas, término acuñado por su maestro Karl Popper. Su objetivo es la defensa de los derechos humanos, por lo que financia programas de protección a minorías de todo tipo y apoya iniciativas de libertad y democracia en más de 100 países. Una de las regiones en las que Soros centró su atención incluso antes de crear la fundación es Europa del Este, donde contribuyó al derrumbe de los Estados socialistas, y uno de los ámbitos por los que empezó fue el de la educación. En 1991, por ejemplo, fundó la Universidad Centroeuropea en su Budapest natal.

No es ningún secreto que las causas que Soros apoya son más próximas a la izquierda. De hecho, ha financiado directamente varias candidaturas demócratas a la presidencia de Estados Unidos, incluyendo la actual encabezada por Joe Biden. El multimillonario húngaro-estadounidense tampoco esconde su voluntad de mejorar la sociedad hacia lo que él considera deseable, tal y como evidencian sus numerosas actividades filantrópicas.

No obstante, de ahí a afirmar que está detrás de todo lo que ocurre sobre la faz de la Tierra hay un trecho. Como él mismo reconoce, “tratar de mejorar el mundo es mucho más difícil que hacer dinero”. Ni superhéroe ni supervillano. George Soros es simplemente un hombre con dinero –con mucho dinero– que lo gasta en lo que él considera que son causas justas y con la consecuente capacidad de influencia.